Somos nada pero somos
Alexandro Saco
Dos realidades: Imagina el Estadio Nacional de
Lima, imagina una pelota de tenis en el centro de la cancha del estadio.
Proporcionalmente, la pelota de tenis es la tierra y el estadio el sol. El sol
es una estrella muy pequeña que está en un brazo de
A pesar de eso, el humano se asume centro del
universo. Destruye nuestra pelota de tenis celeste y llena de vida. Crea dioses
para justificar sus represiones y atribuirle la creación de algo que es incapaz
de entender. Si el humano entendiera su insignificancia en el universo, esa
constatación le permitiría aspirar a más. Por el contrario, arrogante, se ha
colocado como la medida de la realidad, en contraposición a la naturaleza. Crea
fronteras políticas y barreras económicas y permite que una buena proporción de
humanos viva lamiendo la arena para beber algo de agua, o condena a una vida
indigna a millones con los dogmas de la fe y de la economía.
Cómo respetar a una organización política y
económica mundial que con lo que gasta en cinco días en armamento, para sus
juegos de guerra, solucionaría la carencia de agua y de saneamiento de todos
los humanos del mundo que no tienen el servicio. El humano para evadir su
responsabilidad inventa teorías. El orden político económico y religioso
mundial es nada frente al orden cósmico. A pesar de que el mundo puede
desaparecer y el universo no se enteraría de ello, hacemos lo posible por
encadenarnos a ideas insignificantes, que puestas en el tablero mundial se
tornan respetables cuando son una burla a la inteligencia, si es que ésta
existe.
La vida es una sensación que va más allá de
nuestra tosca mirada.
A pesar de ello es posible hacer cosas
gratificantes. Es decir, las limitaciones de nuestra organización a pesar de
ellas mismas permiten grados de goce y de satisfacción personal o grupal. El
problema es que parece imposible salir de esos márgenes, y quizá lo sea. La
civilización se distingue del individuo porque ésta trasciende. Viendo por dos
minutos el cemento de las calles de Lima doblegado por el terremoto, es preciso
apostar por la trascendencia. Es la única forma de que el humano sea humano, ya
que en conjunto hoy es un agente peligroso.
Pero si alguna vez haz sentido el viento en tu
cara llevarse tus cabellos, si haz sido elevado por una ola del mar, si te haz
sumergido en la corriente de un río, si haz saltado, jugado con una pelota,
olido la tierra húmeda, acariciado a un animal. Si alguna vez haz amado, si
alguna vez te haz entregado a tu deseo o haz llorado de alegría al ver el
horizonte, entonces haz tenido una conexión con el cosmos. Esa es la única
conexión que nos acerca a la vida misma. La política la religión y la economía
son accidentes en ese camino. Las diputas que estas generan son nada en el eco
cósmico. Tengo que vivir en medio de esas realidades y no me arrepiento. Pero
puedo mirar al cielo y palpar
16
8 2007