SONRISAS Y LÁGRIMAS

 

Mafersa*

 

Así comienza aquella canción de la inolvidable película interpretada por los no menos inolvidables Julie Andrews y Christopher Plummer, que se titulaba “Sonrisas y Lagrimas”, que conformaban la familia Trapp y que obtuvo un total de 10 nominaciones a los Oscars de 1965.

 

Pero ¿A qué viene este título?, pues sencillamente a ese premio, el más grande jamás caído en España, de unos 56 y pico millones de euros, de los que yo me conformaría con el algo, y del que fue agraciado un jubilado de 67 años de Schamann con una renta que no llega a los 600 euros.

 

Sonrisas por la alegría que para la familia agraciada representa dicho premio, y lágrimas porque 50 años trabajando proporcionan una pensión de menos de 600 euros mensuales, y cuatro euros en un sorteo proporcionan más de 56 millones. Bonito menaje moral estamos transmitiendo a la juventud.

 

Esos sesenta y pico millones de euros son más de once mil millones de las antiguas pesetas. Esta enorme cantidad de dinero me ha hecho reflexionar sobre varios aspectos que paso a relatarles seguidamente:

 

La magnitud del importe alcanza tal nivel que se me escapa a mi mente, por lo oque tengo que valerme de unidades de alto precio para que, calculando su cantidad, pueda hacerme idea de la magnitud del premio, por ejemplo:

 

-         Los 56 y pico millones de euros equivaldrían a 236 pisos de 240000 euros c/u, (40 millones de pesetas c/u).

 

-         O también, aproximadamente, igual al beneficio que produciría en un año 90 aerogeneradores de los que se querían instalar en el muelle de Arinaga, y que dio lugar al caso Eolo.

 

-         También podríamos calcular dicho importe diciendo que el mismo equivale a 16 veces la diferencia de precio entre lo que compró el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria presidido por el Sr. Soria y lo oque le propusieron comprar unos meses antes de adquirirlo Santana Cazorla, el edificio de La Favorita.

 

-         O si lo prefieren, equivaldría aproximadamente, a 16 veces la diferencia de precios entre lo que pagó el Ayuntamiento de Telde de la Corporación pasada por la finca de San Rafael y el importe en el que la compró (¡Oh!, casualidades del destino) la empresa Santana Cazorla.

 

-         Y, si lo prefieren, hagan ustedes mismos el cálculo de la permuta del local del Ayuntamiento en Jinámar por una parcela en la milla de oro de Telde, o compárenlo con el beneficio que obtuvo la empresa que le vendió el solar de la playa de las Teresitas al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife,

 

-         Etc, etc, etc.

 

Una vez tengamos asumido el importe de dicho premio, vamos con otras consideraciones.

 

¿Es ético que existan premios de esa magnitud en un país con tantos parados, donde el porcentaje de personas que viven por debajo del índice de pobreza es enorme, donde se eternizan las listas de espera para una intervención quirúrgica o consulta externa, donde la justicia es tan lenta la mayoría de las veces que cuando emite el fallo, produce a la ciudadanía una sensación de injusticia, donde el índice de fracaso escolar alcanza unos límites impensables en el resto de la Europa a la que pertenecemos, pero no acabamos de igualarnos?, etc, etc, etc.

 

Por supuesto que me alegro que sea a un jubilado con sueldo tan modesto el agraciado por dicho premio, y que sea canario y viva en Canarias más aún, pero el sentido de mi reflexión es el siguiente:

 

¿Qué clase de ejemplo está dando esta sociedad, que cuando un trabajador ha estado 40-50 años trabajando por un sueldo ajustadísimo, que muchas veces hay que completarlo con algún trabajillo extra, y al final de su vida laboral, y como premio (auto pagado) le corresponde una pensión que no llega a 600 euros, y sin embargo, con una inversión de cuatro euros le toca 56 millones?

 

¿Es aleccionador?

 

¿Se fomenta el trabajo y el ahorro?

 

¿Cuánto podría haber ahorrado en toda su vida el afortunado? Seguro que no llegaría ni a la milésima parte del importe de dicho premio.

 

Pero… ¿Es justo el importe de este premio? ¿No sería mucho más justo repartirlo en 100 premios de 56.000 euros cada uno, haciendo que los afortunados fuesen 100 y no uno?

 

¿No es peligroso para la salud resultar afortunado con un premio de esta magnitud?, tanto física (riesgo de infarto) como síquico (podría volverse loco el afortunado si quisiera comprobar que, efectivamente le han ingresado todo el dinero del premio, y se pusiese a contarlo, para comprobar que no le han engañado.

 

En fin, que, a pesar de todos estos reparos ético-morales, no me importaría que me tocase algún día a mí un premio de esa magnitud. Soy hombre que afronta riesgos, y creo estar preparado para este, aunque debo reconocer que sería un milagro que me tocase un premio similar, pues no soy hombre de juegos y no me gasto un euro en cupones.

 

 

* Mafersa es Manuel Fernández Sarmiento, ingeniero técnico industrial, profesor de Energías Renovables, vicepresidente de la Federación de AAVV, Usuarios y Consumidores El Real de Las Palmas y miembro de la Cavecan (Confederación de AAVV de Canarias).