LA SUPERACIÓN RACIONAL DE UN PUEBLO
M.M. FAKALA
Es verdad que el grado de madurez de un pueblo se mide entre otras cosas por la superación racional de las inclemencias y vicisitudes que le toca vivir en determinado momento de la historia. Es obvio, que esa superación que emana de elección libre y voluntaria crea un total mecanismo de inmunidad que supera la tentación inoportuna que en su día esconde en sus pliegues el daño que tiende a diluir a la nada el proyecto de costosa redención que los saharauis levantan como reto desafiante a la ceguera marroquí. Resulta real igualmente que en cada parada del proceso de emancipación se impone cierto protagonismo vacío de recelo y con fe en el futuro y en el presente, de llevar la causa a buen puerto sin importar el sacrificio de la obra. En efecto, parece que la actividad pro derechos humanos que se realiza con éxito en las zonas ocupadas, y en la que mueven fichas activistas del temple de Dedach, Ment Haidar, El Mutauacal, Numria, Tamec, Mesaud, Hamad, entre otros. Emergieron airosos después de largo cautiverio detrás de los barrotes de la ocupación, a raíz de la desatada avalancha de detenciones arbitrarias llevadas a acabo a finales de los setenta, y en las décadas de los años ochenta y noventa del siglo pasado. Ellos constituyen una de aquellas metas donde hoy se fija la mirada de todos los saharauis y el concierto internacional para brindarles apoyo moral como mejores representantes imprescindibles y paradigmáticos frente a los abusos y el desprecio que se constata en la parte ocupada territorio donde los derechos culturales, sociales, políticos y económicos se rigen por ley de un país ocupante.
No obstante, y a pesar del acoso, las acciones de los defensores de las libertades fundamentales de los saharauis está ganando terreno a nivel nacional e internacional y cada vez apunta hacia mayor desenmascaramiento del horror que padecen los habitantes del Sahara Occidental que desde finales de 1975 sufren la herida abierta y sin cicatrizar heredada de los primeros y acentuada por los segundos colonizadores. El bochornoso abandono de la ex-metropoli dejó a la población indefensa ante la difícil prueba de la diáspora y la brutalidad de ejército y el Ministerio del Interior de Dris El Basri. A propósito del entonces ministro de Hassan II parece que pretende últimamente con descaro salir del letargo para hacernos olvidar quizás las flagrantes violaciones de derechos humanos de las que es culpable. Lo per en estos casos es intentar "resarcirse", no importa a costa de quién, al perder las bazas y tentáculos que le convertido finalmente en más inofensivo que "Dracula bajo el sol". No se puede tener un pie en cada orilla ni los héroes surgen de la noche a la mañana por meras declaraciones que desgraciadamente no devuelven los desaparecidos a casa. Sin duda, el exaltado protagonismo del ex-ministro no es más que una comedia o moneda en desuso del régimen que en realidad en toda su estructura, incluida la implícita, no realiza cambios sustanciales a pesar de los requerimientos internacionales.
Por más que se intente esquivar la realidad, hay causa y culpables. Los saharauis que defienden su causa conocen igualmente sus propios enemigos y confiarán únicamente y para siempre en la memoria de la historia. Por ello, todo hecho o declaración que no ponga fin a las calamidades de los saharauis, ambos lados del muro de la segregación, serán arrojadas en saco roto. Pero cabe preguntar, quién sofocó las manifestaciones de El Aaiún de 1999, y quién es el responsable de las fosas comunes de saharauis, localizadas en las proximidades de las localidades de Echderia, Hauza y Amgala.
Pues, tanto para Idris El Basri como para el oficial de ejército Amarti es insuficiente el sentimiento de pena. Es momento ya de levantar alfombras y hurgar profundamente en las aguas turbias de la ocupación, tomando ejemplo de los activistas saharauis en las zonas ocupadas. Sólo entonces la diafanidad se impondrá como premisa de nuestra época, y más aún cuando se trata del secuestro del derecho de un pueblo.
Esta es la entrevista a Driss Basri a la que se refiere M.M. Fakala (publicada en La Razón)
"El Sáhara aún no es marroquí" Driss Basri, ex ministro de Hassan II
Jueves 18 de noviembre de 2004.
Driss Basri, el ex ministro del Interior de Hassan II y hombre fuerte del régimen marroquí durante tres décadas, se encuentra en París desde hace más de un año, sin pasaporte y sin permiso de residencia. Está en teórica situación ilegal en Francia y las autoridades galas, que mantienen excelentes relaciones con el rey Mohamed VI, podrían expulsarlo del país en cualquier momento. El 'gran visir' de Hassan II, destituido por Mohamed VI en 1999, asegura en esta entrevista que no se considera un exiliado y tampoco "un opositor", pero acusa a los nuevos dirigentes marroquíes de actuar contra él "con métodos propios de la Edad Media".
Pregunta: ¿Cuál es su situación actual en París?
Respuesta: Estoy en París por razones de salud, en primer lugar, y por el mundo universitario en Francia, con el que me unen muchos intereses, sobre todo en el ámbito del Derecho moderno y en cuestiones geopolíticas de actualidad. Tengo la suerte de que puedo descansar y me está cuidando un equipo médico muy competente.
P.: Pero usted se encuentra sin pasaporte y sin permiso de residencia en Francia. Parece más un exiliado o un inmigrante sin papeles que alguien que fue hombre de la máxima confianza del rey Hassan II. R.: No me considero, moralmente, un exiliado. Tampoco soy un opositor. El hecho de que no tenga papeles no significa que me convierta automáticamente en un exiliado o un refugiado político; tampoco en un apátrida.
P.: En Marruecos se dice que usted ha abandonado el país porque su vida corría peligro o podía ser encarcelado. R.: Tras abandonar el Gobierno, en 1999, mi vida en Marruecos no ha sido fácil, no he podido vivir como un simple ciudadano. En los cinco años posteriores a mi "dimisión" no se me ha dado un trato mínimamente digno, no he tenido la suficiente consideración, a pesar de que he sido un leal servidor del reino, del trono y, particularmente, del gran rey que fue Hassan II y de su heredero Mohamed VI. Algunas de las nuevas autoridades han actuado contra mi persona con métodos propios de la Edad Media e indignos del Marruecos de Hassan II y Mohamed VI.
P.: París mantiene excelentes relaciones con la monarquía marroquí y con los nuevos dirigentes de su país. ¿No cree que puede acabar expulsado? R.: Las autoridades francesas me han asegurado todas las garantías de residencia en Francia y me han demostrado una gran consideración, porque saben que he sido un gran servidor del rey Hassan II y he contribuido decisivamente a fortalecer la amistad y relaciones fructíferas entre Francia y Marruecos.
P.: ¿Cuál es su opinión sobre la actual situación política en Marruecos? R.: Desgraciadamente, ha habido un parón en el desarrollo de la obra política de Hassan II y de las instituciones hassanianas. Lo deploro. Hassan II intentó convertir a Marruecos en una democracia liberal digna del siglo XXI. Lamentablemente, el país vive ahora una situación de letargo y de descomposición, y creo que va a ser muy difícil que pueda afrontar con éxito los retos de la mundialización.
P.: El país ha sufrido los ataques del terrorismo islamista de los grupos salafistas radicales. ¿Piensa que este fenómeno es un peligro para Marruecos? R.: En mi opinión, lo que se suele llamar terrorismo salafista es un fenómeno marginal, subalterno, y casi inexistente. Es un fenómeno que se ha visto amplificado por los medios a raíz de los atentados de Casablanca, en mayo de 2003. Lamento que la amplificación de este fenómeno anarquista y obscurantista dé una imagen de Marruecos poco reluciente, donde además del terrorismo no se respetan los derechos humanos, la justicia y las libertades.
El Sáhara
P.: La ONU ha prolongado el mandato de sus fuerzas de paz en el Sáhara occidental y Kofi Annan ha expresado su pesimismo sobre una solución del conflicto a corto plazo. ¿Cuál es su opinión sobre la crisis saharaui? R.: La mejor solución para el conflicto del Sáhara occidental no se encuentra en la actual estrategia indecisa de algunos de nuestros dirigentes. En cuanto a la tercera vía (autonomía bajo soberanía marroquí y referéndum de autodeterminación para establecer el estatuto definitivo del territorio), tal y como ya lo dije en el año 2000, significa enviar balones fuera. El Magreb no está preparado para una solución de esta naturaleza, porque es peligrosa para la estabilidad de Marruecos, pero también de Mauritania, Argelia y Libia. En mi opinión, la única solución válida es la que plantea el plan de paz inicial aprobado por las partes en 1991 y completado por los acuerdos de Houston (autodeterminación de la población del Sáhara occidental). Me parece que es el cuadro adecuado para una solución duradera. Hay que celebrar un referéndum leal.
P.: Su postura es totalmente diferente a la que mantienen los actuales dirigentes marroquíes, que sólo aceptan conceder una autonomía a los saharauis? R.: Yo defiendo lo que defiendo, que es lo que defendía su majestad Hassan II. Si hay algunos traidores a la causa del Sáhara occidental no soy yo, son los que dicen y defienden todo lo contrario de lo que decía y defendía el rey Hassan II. Por culpa de esta gente, el conflicto del Sáhara está en un callejón sin salida. Yo no tengo nada que reprocharme. Tengo la conciencia limpia y tranquila, aunque no tenga ni pasaporte ni permiso de residencia en Francia.
P: Usted habla del Sáhara occidental y no del Sáhara marroquí y recuerde que cuando era ministro del Interior mandó a muchos opositores a la cárcel por defender el concepto de Sáhara occidental. R.: El Sáhara occidental es un concepto geográfico y político, porque es un conflicto que opone a Marruecos con el Polisario y aún no está resuelto. Yo siempre he defendido que el Sáhara es marroquí y he trabajado a favor de este objetivo. Lo que pasa es que, según Naciones Unidas, el territorio en conflicto se llama Sáhara occidental, y así se seguirá llamando hasta que no se solucione la crisis. ¿Estamos de acuerdo? Entonces, no veo por qué motivos algunos hipócritas se escandalizan porque hablo del Sáhara occidental. El Sáhara, que yo sepa, aún no es marroquí.
P.: ¿Es consciente de que si estuviera en Marruecos, el actual ministro del Interior, Fouad Ali El Himma, le mandaría a prisión por lo que ha dicho? R.: ¿Y qué? Mire, cuando los niñatos como este señor nacieron yo ya estaba en política. Las amenazas de estos aficionados al poder no me asustan. El Sáhara, hasta que no sea de Marruecos, seguirá llamándose Sáhara occidental, que es lo que dice la ONU.