Tabaibas y almendros

Wladimiro Rodríguez Brito *

Estos días celebramos en distintos puntos de la Geografía de Canarias, desde Puntagorda o Tejeda hasta Santiago del Teide, la fiesta del almendro o el almendro en flor. Su temprana floración, de las primeras del mundo vegetal, nos anticipa la llegada de la cercana primavera.

Ya es habitual que coincidiendo con esta efeméride, ya tradicional en nuestro calendario, escribir para intentar explicar la importancia de este árbol en la historia de esta tierra y de sus gentes. De nuevo hablamos del almendro pero ahora pretendo realizar una reflexión crítica sobre algo que ocurre en nuestra sociedad y a lo que no encontramos explicación racional. ¿Saben acaso los isleños que si bien cualquier tabaiba, escobón o verode, por citar algunos ejemplos, se encuentran completamente protegidos por la ley (Orden de Protección de la Flora Vascular de la Comunidad Autónoma, Catálogo Regional de Especies Amenazadas), y es bueno que eso sea así, no existe la más mínima cobertura para conservar los almendros, las higueras y un largo número de frutales que han alimentado al pueblo canario en los últimos 500 años y que han caracterizado buena parte de su paisaje?

Se trata de plantas que han sido cultivadas con esmero por nuestros campesinos, que han sido mimadas y que se han adaptado para dar sus frutos -en muchos casos- en una tierra casi yerma, seca, ventosa, con suelos pobres, en malpaíses, arenales, sobre toscas, etc. Incluso el propio agricultor ha propiciado las mutaciones experimentadas por estos árboles, a través de la observación y el empirismo a lo largo de muchas décadas, cultivando almendros o higueras en los sotaventos más pobres de las islas. En ese sentido, es importante que denunciemos las carencias de las leyes y ésta es una de ellas. En este sentido, nos preocupa que las leyes canarias de protección de la naturaleza que tan rigurosas son con cualquier ejemplar de especie que ni de lejos se encuentra en peligro de extinción, tan laxas e inconsistentes son cuando de estas joyas de la genética botánica presentes en nuestro territorio se trata. Ignorar esta importante fuente de vida en la alimentación de nuestro pueblo es un lujo que no nos podemos ni debemos permitirnos y, sin embargo, manifestar la máxima protección a especies en su máxima expansión es sobre todo incoherente. También es cierto que al retroceder la agricultura y la ganadería, plantas como las tabaibas o los escobones han recuperado estos espacios agrícolas abandonados. Para ser más claros, es en parte incomprensible que se reclame protección para el polígono de Granadilla con las tabaibas y alguna otra especie como principales valores vegetales mientras se ningunea y desprecia a los miles de almendros e higueras abandonados y casi muertos de las medianías de Tenerife, de los que no existe ni siquiera un censo.

 Existe entre determinados sectores científicos un desprecio hacia estos frutales por no tratarse de especies autóctonas, a pesar de que algunas de ellas llevan cinco siglos sobre esta tierra, incluso algunos investigadores defienden que la higuera ya crecía en la época de los aborígenes, previa a la llegada de los conquistadores castellanos. Parece que ya va siendo hora de que se le conceda a estos frutales históricos el ansiado "permiso de residencia" que les proteja de la extinción o de su simple destrucción y olvido de un pueblo sin memoria histórica.

En los últimos años se han recuperado millones de tabaibas, desde Alegranza hasta Hierro, en tierras antaño labradas o dedicadas a pastos, mientras los últimos almendros que nos quedan, plantados por nuestros abuelos y bisabuelos, van muriendo día a día, sin que a casi nadie parezca importarle. Con su muerte perderemos algunas de las variedades de almendra más productivas del mundo, según expertos californianos, verdaderas autoridades en esta materia y que exportan al resto del mundo, desde el país más rico del mundo.

Sin embargo, aquí para limpiar la maleza que "asfixia" a estos frutales, para desbrozar las tabaibas, las magarzas o los escobones, se requiere obligatoriamente un estudio de impacto para cada caso, por tratarse de plantas protegidas (que no en peligro de extinción). "Cosas veredes, amigo Sancho".

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife