DESDE EL GUINIGUADA

TARAS DICTATORIALES

Félix M. Arencibia

La primavera se revuelve, resopla inquieta entre los barrancos y montañas de nuestro Archipiélago. Hoy, Gara Sánchez, pasea tranquilamente por las calles de Villa Cemento. De repente, se le presenta de frente el nombre de la calle: GENERAL FRANCO. Ella, que sólo vivió parte del franquismo, siente un cierto estremecimiento ante esas dos palabras. Recuerda los silencios, el miedo que se respiraba en el ambiente cuando se nombraba al tal general y a la Guerra Civil Española. Alguna vez su abuelo, y sólo cuando tenía tres copas, le llegó a contar cómo de noche tocaban en las puertas de las casa y se llevaban a un padre o a un hermano. También que a muchos de ellos los arrojaban después de torturarlos a los pozos, simas volcánicas o a la marea.

La dictadura de Franco fue algo que afectó profundamente a Canarias y que aún despierta pavor en algunas personas con sólo oír o ver escritos algunos nombres. Fue una tragedia que conmocionó la vida del Archipiélago, quizás la más grave desde de la Conquista. Lo que vino después de la guerra no fue mucho mejor, aquello de: ˇEspaña una, grande y libre! El adoctrinamiento religioso impuesto, el no asistir a misa suponía ser tratado como sospechoso. El clero católico nos hizo interiorizar la represión del pensamiento, las palabras y las obras. Además se nos impuso una censura que impidió que llegaran hasta nosotros las ideas más liberadoras.

Aquí, en Canarias, todos nuestros pueblos tienen inscritos en el inconsciente colectivo, historias trágicas de familias, amistades o vecinos que perdieron a sus seres queridos y sufrieron el miedo represor. Por lo expuesto no resulta extraño el silencio ante el mantenimiento de nombres de calles de personajes relacionados con la dictadura franquista. Gara ha oído los argumentos más peregrinos para mantener las nominaciones de la dictadura. Se habla de un problema burocrático para los afectados por las modificaciones. Cualquier persona que cambie de domicilio tiene que actualizar su dirección en diferentes documentos y no se cae el mundo. A un alcalde le ha oído decir que iba a consultarles a los afectados por la burocracia. Mejor sería, entiende Gara, que le preguntara a los que han sufrido la represión en sus familias y la censura en sus propias carnes.

La realidad, piensa la trabajadora social, es que los talantes y las secuelas dictatoriales permanecen en nuestra sociedad canaria en sus más diversas formas. La iglesia insiste en reprimir las conciencias; los medios de comunicación son controlados por algunos sectores empresariales y políticos. La idea de la España una, grande y libre, sigue enraizada aún en muchos. Bastantes personas siguen sufriendo psicológicamente los efectos de la educación dictatorial recibida. A pesar de ello Gara piensa como nuestro poeta Agustín Millares Sall: La vida crece y crece / sin que lo impida nadie…