Jean Baudrillard teórico de la simulación

Juan Jesús Ayala

 

…Las ínfulas escandalizantes y provocadoras de Rajoy; las memeces e incohe­rencias de López Aguilar o las seriedades señoriales de Soria son puro simulacro porque la realidad, la de cada uno de ellos es muy distinta a la que vierten al exterior…

 

El 6 de marzo fallecía a los 77 años Jean Baudrillard, sociólo­go y crítico de esta so­ciedad nuestra. Du­rante su existencia como pensador vivió con la sem­piterna duda si tenía que titular­se nihilista o moralista lo que le llevó a decir una y mil veces: "hay que vivir en inteligencia con el sistema y en revuelta contra sus consecuencias. Hay que vivir con la idea de que hemos sobre­vivido a todo". Su crítica en con­tra de la sociedad de consumo fue puntiaguda y demoledora y ya desde sus comienzos en un marxismo exacerbado bien pron­to se decanta desmotivándose ideológicamente y se desliga in­tegrándose en el bando de los iz­quierdistas sospechosos. Parte de la base considerando que la ma­sa ya no era la víctima del siste­ma sino cómplice del modelo que la enriquece a cambio de su alie­nación. Desde ese momento se empeña en hacer una crítica dura desde la vertiente filosófica enca­minándose hacia la virtualidad donde el simulacro, la simula­ción es el protagonista. "El mun­do aparente tiene mas visos de realidad que la misma realidad". Instalado en la teoría de la si­mulación, por ejemplo, J. Baudri­llard llega a preguntarse, un atentado terrorista ¿es una pura farsa? La búsqueda de pruebas objetivas que nos pongan en el camino de la veracidad se pierde en el vértigo interpretativo "lo que parece claro es confuso, os­curo, hasta si se quiere simula­do". La lógica de la simulación no tiene nada que ver con la lógica de los hechos. La simulación, se­gún sus palabras "se caracteriza por la precesión del modelo so­bre el hecho, el mundo entero ya no es real, sino que pertenece al orden de lo hiperreal y de la si­mulación". No se trata de interpretar falsamente la realidad, si­no de ocultar que la realidad ya no es necesaria.


El territorio ya no precede al mapa, ni le sobrevive, en adelan­te será el mapa quien precede al territorio. De ahí que haya que leer todos los sucesos que acae­cen por el reverso, al enfrentar­nos con ellos no daremos con la clave, es en la simulación donde se deposita la realidad y ahí todo el mundo es cómplice para sal­varla. Así, de esa manera, se po­drá arañar la verdad de las cosas: "la crisis petrolífera no ha empe­zado nunca ni ha llegado ha exis­tir mas que como trucaje históri­co y destinada a mantener bajo un estado de hipnosis a todo el entorno".

 

La simulación parece que es la que manda y no tenemos otra op­ción que la rehabilitación de to­dos los referentes perdidos que todavía revolotean a nuestro al­rededor como si fuera una segun­da existencia. Y el único referente que funciona es el de la mayoría silenciosa.. "Todos los siste­mas actuales funcionan sobre esa nebulosa. Existe una simula­ción en el horizonte de lo social o mas bien donde el horizonte de lo social desaparece". La masa retirada a su silencio ya no es sujeto de la historia, ha dejado de ser su motor y se ha perdido con ello cualquier esperanza revolu­cionaria. Aparece la pasividad, una marcha hacia el silencio don­de el simulacro es posible pero el espectáculo puede escaparse porque aparece el actor antes que el escenario, antes el intér­prete que la película; antes el si­mulacro, la virtualidad que la realidad. La realidad se ha que­dado desdibujada e inerte y si so­brevive es en parte a la imagina­ción como salvavidas de lo irreal.

 

Y desde las esquinas quietas quizás es desde donde se podrá regenerar si no el sistema si la
vivencia de cada cual como re­ducto de lo virtual, como espéci­men de lo desconocido que se tiene dentro de si. "El espacio de la simulación es el de la confu­sión de lo real y del modelo". Ya no hay distancia crítica ni especulativa entre uno y otro, lo que equivale a la substitución del te­rritorio por el mapa; lo social ha muerto ha sido cogido en su pro­pia trampa. De ahí que sea por el camino de la simulación, de lo irreal desde donde se podrá vis­lumbrar al individuo sumergido en el pozo de su personalidad la­tente quieta y presta a salir si es que puede. Pero, eso si, siempre agarrado a las cuerdas del simu­lacro, de lo irreal.

 

Baudrillard insiste que la rea­lidad no es necesaria y, desde ahí, desde esa atalaya sí que se pudieran entender cuestiones sociales emparentadas con la po­lítica. Así los gestos dulcifican­tes, el talante, ya no tanto, de Rodríguez Zapatero, las ínfulas escandalizantes y provocadoras de Rajoy; las memeces e incohe­rencias de López Aguilar o las seriedades señoriales de Soria son puro simulacro porque la realidad, la de cada uno de ellos es muy distinta a la que vierten al exterior, no les vale, no se la creen, y por eso se escapan den­tro de si por medio de un escena­rio que fabrican para confundir, para tergiversar; en definitiva a través del disimulo se nos presentan dando puntapiés a sus realidades, pobres y lamentables realidades las que tienen que es­conder.

 

Interesante la teoría de la si­mulación porque nos da la vuelta a las cosas y que hay que mirar­las boca abajo si se quiere dar con ellas, con ese espacio irreal que se fabrica para disimular, para huir de las miserias de sí mismo que atosigan comprome­ten y descalifican. Con el simula­cro, con la irrealidad como ban­dera muchos escapan, o al menos piensan que pueden hacerlo.