Terror e indecencia política

Justo Fernández Rodríguez

Mientras los países más poderosos del mundo debatían cómo eludir sus compromisos con la pobreza, que contribuyen a extender, y sus responsabilidades en los permanentes atentados al medio ambiente, un grupo de fanáticos ha desatado la barbarie terrorista, en Londres, ocasionado más de cincuenta muertos y cientos de heridos, un día después de que el Comité Olímpico Internacional designara a la capital británica como sede de los Juegos Olímpicos de 2012. El brutal atentado, con una necesaria planificación y preparación minuciosa, estaba proyectado para distorsionar la cumbre del G-8, a la que había querido sacarle jugo electoral Toni Blair, con su repentina y falsa preocupación por el hambre, la deuda externa del continente africano y la defensa del medio ambiente.

Estamos ante un terrorismo que puede actuar, con una cierta facilidad, en cualquier país, con independencia de su potencial bélico y la sofisticación y dureza de su capacidad represiva. Y, para combatirlo, hay que dejar a un lado las guerras preventivas, las mentiras para justificarlas, ocultando los intereses econóomicos que las impulsan y evitar la masacre generalizada de víctimas inocentes, como ha ocurrido en Irak, convertido, por los tres farsantes de las Azores, Bush, Blair y Aznar, en la más eficaz y sangrienta escuela de adiestramiento terrorista, donde antes no existía.

Es preciso mantener una estricta vigilancia de los asentamientos del islamismo radical en las grandes urbes y conseguir una mayor y más sincera cooperación y coordinación de los servicios de información de todos los países, evitando las situaciones de represión, pobreza y abusos que, aunque no lo justifiquen, sirvan de excusa para las acciones desesperadas de jóvenes fanatizados, por sus dirigentes religiosos. El hambre mata más que el terrorismo y tiene responsables. Tampoco la tortura a los prisioneros de Guantánamo va a contribuir a su erradicación.

La magnífica reacción de los londinenses, semejante al ejemplo de ciudadanía dado por los madrileños el 11-M, contrasta con la dosificación y ocultación de la información oficial de las autoridades británicas y las mentiras y manipulaciones, en busca de réditos electorales, del Gobierno de Aznar. En cualquier caso, Toni Blair no ha responsabilizado del atentado al IRA, ni ha presionado a los directores de los medios de comunicación, ni ha exigido a los embajadores que defendieran al autoría del IRA, ni despreció a la oposición, ni obvió al Parlamento, ni ha convocado manifestaciones para autobombo personal, como hicieron Aznar, Acebes, Zaplana y Rajoy, con la complicidad de los medios públicos o privados a su servicio.

No debemos aceptar que la solución a la amenaza terrorista, como viene ocurriendo desde el 11-9, sea recortar las libertades ciudadanas, restringir la democracia y violar los derechos humanos. Tampoco podemos creer que se trata de un ataque a nuestra civilización. Pakistán, Arabia Saudí, Kenia, Marruecos, Indonesia, Turquía, Túnez , Yemen y Tanzania han sido objetivo del terrorismo islamista.

La bárbara e inhumana masacre de Londres ha desactivado el interés informativo de otros acontencimientos en España, con importantes repercusiones políticas, que no pueden olvidarse por lo que significan de sectarismo, odio e indecencia política, de muchos dirigentes políticos.

La sorprendente, insólita y aplaudida unidad institucional, política y social conseguida detrás de la candidatura de Madrid, para organizar los Juegos Olímpicos de 2012, parecía que podía superar la decisión de una especie de tribunal en el que se mezclan intereses políticos y económicos; personajes de dudosa trayectoria ética y un sistema de votaciones absurdo, que propicia alineaciones de simpatías, conveniencias económicas o por intereses más espúreos. No han escaseado los escándalos en que se han visto implicados miembros del Comité Olímpico Internacional (COI). Hace unos meses, uno de sus miembros, el búlgaro Slavkov, en un programa de televisión, presumía de poder comprar votos en favor de Londres. Hasta personajes como Alberto de Mónaco son miembros natos del COI.

Sólo unas horas duró el espejismo de la unidad, por encima del clima de crispación política, dictado desde la FAES, por Aznar. Después de que Nueva York perdiera sus posibilidades de organizar los Juegos Olímpicos de 2012, las manifestaciones de varios dirigentes del PP, Ángel Acebes, Javier Arenas, Esperanza Aguirre o Rajoy, sobre la falta de "relevancia internacional" de España, sólo pueden calificarse como una prueba más de bajeza política. ¿No tiene EE.UU. acreditada una incuestionable "relevancia internacional"? ¿Sorprende que los representantes de habla inglesa o de Nueva York, cuando ésta fue eliminada, apoyaran la candidatura de Londres?

Párrafo aparte merecen las manifestaciones de la esposa del presidente Aznar -perdón, ex presidente-. Concejal de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Madrid y alcaldesa en funciones, Ana Botella quiso sumarse a la indecencia política de sus compañeros de partido, responsabilizando a Rodríguez Zapatero de que no ganara Madrid por su política exterior. Llego a decir: "Al final, los actos en la vida tienen sus consecuencias. Pero, claro, cuando tenemos un presidente del Gobierno que ni se levantó cuando pasó la bandera de los Estados Unidos". Ana Botella elogió el papel de "triunfador" de Toni Blair, destacando su apoyo a EE.UU. y la defensa de una Europa supeditada que avance en la misma dirección.

En cuanto llegó a Madrid, Alberto Ruiz Gallardón nos mostraba la otra cara del Partido Popular y la responsabilidad y honestidad de un gobernante: "Que nadie busque otras responsablidades porque yo las asumo todas. Hemos logrado aunar voluntades y lo vamos a mantener. Sólo desde esa suma se consiguen los esfuerzos olímpicos". Agradeció su esfuerzo a los que apoyaron la candidatura de Madrid, especialmente a la Reina doña Sofía y al presidente del Gobierno, "que supo defender una interlocución que se le hizo sobre materia de seguridad".

Los dirigentes del PSOE han permanecido demasiado silenciosos. Sólo Alfonso Perales, secretario de Relaciones Institucionales y Política Autonómica, ha replicado que, las acusaciones del PP solo pueden hacerse "desde el sectarismo más absurdo". Tiene razón cuando dice que "si Madrid hubiera ganado, ningún dirigente del PP habría atribuido el éxito a Zapatero".

Habría que preguntarles a los dirigentes del PP cuántas vidas de hombres, mujeres, niños y ancianos cuestan unos Juegos Olímpicos, cuánto tiempo hay que guardar silencio ante las torturas a prisioneros, autorizadas o permitidas, por el Gobierno de Bush, para ganar el voto de los representantes estadounidenses en el COI.

Personalmente, si tuvieran razón y el rechazo tuviera su origen en no haber querido ser cómplices de las matanzas de decenas de miles de civiles inocentes, doy por bien perdida la organización de los Juegos Olímpicos.