Terrorismo, barbarie y cinismo
Justo Fernández
Ayer, 11,9,04, se cumplieron tres años del salvaje atentado terrorista, en Nueva York, con graves consecuencias para la libertad, la democracia, la legalidad internacional y los derechos humanos. Las represalias del gobierno de Bush, invadiendo Afganistán e Irak, han causado decenas de miles de víctimas inocentes, sin lograr los resultados prometidos. Ni se ha instaurado la democracia en Irak, ni el régimen fantoche de Afganistán garantiza la libertad, en un mundo mucho más inseguro.
Hace unos días, hemos presenciado las más espeluznantes y desgarradoras imágenes, ejemplo de los niveles de crueldad y odio a los que puede llegar el ser humano. Ninguna causa puede justificar el secuestro de centenares de niños, para utilizarlos como rehenes de reivindicaciones territoriales, étnicas, económicas o religiosas. Pero, en este, como en otros anteriores, la fanática e irracional crueldad de los terroristas, no supera la fría y despiadada violencia de quienes ordenan ametrallar o bombardear ciudades, pueblos o aldeas, destrozando niños, mujeres o ancianos, sin ninguna capacidad para defenderse y que, en muchos casos, son víctimas de los tiranos, déspotas, dictadores o terroristas que se pretenden eliminar. Yo también soy capaz de odiar. Pero, mi odio lo comparto entre los terroristas asesinos y quienes utilizan, abusiva e ilegalmente su poder militar, para represaliar pueblos, controlar sus riquezas petrolíferas o beneficiarse de su situacion estratégica. Nadie pone en duda la total responsabilidad de quienes deciden y ejecutan un acto terrorista, ni puede aceptarse, sin más, la incompetencia e insensibilidad, de unos dirigentes políticos, incapaces de buscar otra solución que no sea la muerte de los terroristas, aunque, esa decision cueste, también, la vida a decenas o centenares de rehenes inocentes. Ese es el verdadero triunfo de quienes dirigen el terror y, lamentablemente, un ejemplo a imitar.
Treinta fanáticos, desesperados, dispuestos a inmolarse en defensa de "su causa", tomaron más de un millar de rehenes, entre los que se encontraban centenares de niños, el día de comienzo de curso, en una escuela de Beslan. Después de las reiteradas promesas de Putin, presidente ruso, sobre su objetivo de "no poner en peligro los niños" y cuando se había logrado un acuerdo para retirar los cadáveres que permanecían en el interior del colegio, un grupo de personas armadas, sin control alguno, irrupieron disparando en el colegio para liberar a los rehenes, por su cuenta. Se produjo una explosión, desencadenando el ataque del ejército ruso, con las trágicas consecuencias que conocemos. Los 30 terroristas fueron liquidados. 335 rehenes murieron, entre los que se encontraban casi doscientos niños y otros 600 resultaron heridos de diversa consideración.
Putin, antiguo dirigente de la tristemente famosa KGB, de inquietantes antecedentes de crueldad y sadismo contra los que luchaban por la democracia y la libertad en el régimen comunista de la antigua URSS, ha vuelto a demostrar su incompetencia y ausencia de humanidad. Para eludir responsabilidades, ha intentado, sin demasiado éxito, acallando, despidiendo o deteniendo periodistas, achacar el atentado al terrorismo islámico internacional, en medio del ominoso silencio de las democracias occidentales y de la vergonzante actitud de la presidencia de la Unión Europea.
La mayoría de las grandes cadenas informativas internacionales, solo hablan de Chechenia cuando se produce algun atentado de la resistencia a la invasión rusa. Pero, prácticamente, no abren sus portadas a la permanente y sanguinaria represión del ejercito ruso con la población civil, denunciada reiteradamente por Amnistía Internacional. En su informe de 2002, sobre Chechenia, relata la impunidad de las ejecuciones extrajudiciales, 'desapariciones' y tortura, incluidas las violaciones sexuales que el ejército ruso comete con los ciudadanos chechenos que se muestran contrarios a su presencia. En el último de 2003, señala que las fuerzas de seguridad rusas seguían gozando de total impunidad con respecto a las graves violaciones de los derechos humanos y del derecho humanitario internacional. El ejército ruso, en sus incursiones, continúa sembrando el terror en la población civil, con la colaboración de las fuerzas de seguridad chechenias favorables a Moscú.
Muchos personajes, llegados del tardofranquismo o cantamañanas reconvertidos procedentes de más allá del frío ideológico estalinista, que abanderaron la cruzada contra el Gobierno socialista, por supuesto, en nombre de la 'ética', 'los principios constitucionales' y la 'justicia', por la guerra sucia contra la banda terrorista ETA, con más de un millar de víctimas, hombres, mujeres y niños inocentes, agotados sus escrúpulos y su ética, han defendido la agresión ilegal contra Irak, para buscar unas imaginarias armas de destrucción masiva y reprimir un inexistente terrorismo islámico, sin inmutarse ante las fotografias de las víctimas destrozadas, incluidas niños y mujeres, se han lanzado a denostar a quienes consideran que los niños asesinados por sanguinarios terroristas o los niños rusos secuestrados en la escuela de Beslan, son igual de inocentes que los niños iraquíes, chechenos afganos o palestinos, víctimas de los tanques, helicópteros o cazabombarderos, pilotados por aseados pilotos yankis, ingleses, israelíes o rusos.
El cinismo y la indecencia no tienen límites. Sabemos que, exactamente, 1.010 soldados norteamericanos han muerto en la guerra de Irak. Podemos conocer sus nombres y datos personales. Las listas se han publicado. Pero, ¿quién sabe cuántos miles de civiles iraquíes, hombres, mujeres y niños, han sido destrozados por las bombas, las ametralladoras o las balas de las fuerzas de la coalición de las Azores? ¿quince mil? ¿veinticinco mil? ¿A quién le importa?