La muerte, todas las muertes
Patética la manera como los enemigos de Fidel Castro asumen la posibilidad de su muerte. Algo así como una orgía de deseos, de caprichos, de imprecaciones obscenas, de morbos, de todo cuanto el ser humano es capaz de expeler cuando apuesta irracionalmente a la muerte de alguien y los bajos instintos se desatan. Allá, en lo más profundo del alma, en lo más recóndito del subconciente, en la tenebrosa red de miserias en que suele quedar atrapada la impotencia, se enciende la opaca luz del odio.
CON FIDEL Castro se da una situación excepcional. Nunca una persona despertó tantos afectos y tantos repudios a la vez; tantas adhesiones y tantos rechazos. Su liderazgo pertenece a la estirpe de los que rechazan el término medio. De los que trazan una linea de separación infranqueable entre amor y odio.
EL PODER de su liderazgo proviene, precisamente, de su condición humana. De su accionar político a tiempo completo, sin tregua ni desmayo. De su ejemplo como digno y severo representante de un pueblo pequeño, ubicado a pocas millas del imperio más poderoso que haya existido, y de su extraordinaria capacidad para sobrevivir.
FIDEL CASTRO ha desafiado todo. No ha existido en la historia alguien que haya sorteado más riesgos políticos y personales y afrontado más la muerte que él. Lo cual, en sí, es una proeza. Sólo superada por la forma como elude el desenlace final. Muerto miles de veces en tramas siniestras, en atentados reales, y muerto en miles de episodios inventados por sus enemigos. Sobreviviente, en fin, de muertes auténticas o ficticias.
LA MUERTE de Fidel Castro es, en cierta manera, vida. Su azarosa existencia creadora es el pedestal de su leyenda. Cada vez que lo han matado, las infinitas muertes mediáticas, su imagen y su liderazgo se han fortalecido. Lo cual sirve para confirmar que el hombre, aún cuando es una leve paja batida por el viento tiene, cuando encarna una causa noble adquiere la reciedumbre del acero.
LAS DOS últimas muertes decretadas por sus enemigos, la que forjó una periodista mercenaria en Caracas, que luego revirtió en burla sangrienta cuando Castro fue la estrella en la reunión de Marcosur (Córdoba), y la del lunes 31 de julio, cuando una operación a la que cualquier ser humano está expuesto desató la jauría mayamera con bufa repercusión en Plaza Altamira --¡tenía que ser!-- , confirman porqué Castro es lo que es y porqué sus enemigos son lo que son. Cualquiera puede morir de verdad, en el momento y circunstancia menos pensado, mas lo triste es que un hecho natural se convierta en festín de un frustrado entierro. ¡Pobres enterradores!
Fuente.
Agua mansa