Las tomaduras de pelo con Canarias

Juan Jesús Ayala

No se puede ni se de­be usar otro término que no sea este, pues eso es lo que le está sucediendo a estas Islas. Nos están to­mando el pelo. Ade­más de una manera descarada, pensando que somos tontos y que muchos aun andamos con ta­parrabos y subidos a las ramas de los árboles.

El gobierno de Madrid, sí, no es otro. El partido socialista, sí, no es otro. La dejadez de su pre­sidente, el señor Rodríguez Za­patero, sí, no es otro. Las idas y venidas sin sentido y hacia nin­guna parte de su vicepresidenta, María Teresa Fernández de La Vega, sí, no es otra, negociando en el vacío y lo que nadie quiere negociar; si, todos ellos y sus adlátares son los responsables del desaguisado, y en el centro las islas zarandeadas por el mar de la indiferencia y, sobre todo, por el de la incertidumbre como las cosas sigan así en materia de inmigración.

Y hay que decir que ¡ya está bien!, ya está bien de tomaduras de pelo. ¿Es que acaso se preten­de con estas Islas algún tipo de negocio que se está urdiendo tras bastidores? Es que a los grandes capitostes que influyen en las de­cisiones del gobierno les interesa que el fracaso de la primera in­dustria de Canarias, el turismo, se vaya al traste? Parece que aun no hay ningún tipo de fisura, pe­ro esto no quiere decir que una vez iniciado el proceso de desa­celeración turística, éste sea im­parable. ¿Y si se da? ¿Qué pasaría? Seguramente de todo, me­nos, por supuesto, partirnos de ri­sa.

Los inmigrantes por cayucos, se entiende, llegados durante el mes de agosto, 4.850, superan a los llegados durante todo el año pasado, 4.751 duro, ¿no? Y claro, una vez que los que gestionan nuestros asuntos desde Madrid, o sea el gobierno del PSOE se ve desbordado y cuando percibe que nadie les hace caso y menos el Frontex que no sirve para nada sino para enrollar administrativamente lo que se tiene que re­solver con un plumazo, se ponen nerviosos. Y uno duda si es así que en verdad se ponen nervio­sos o es que tienen que repre­sentar ante la galería ese papel.

Ahora la vicepresidenta pre­tende convocar una reunión ur­gente de los países mediterrá­neos de la UE para instar a Hel­sinki a elaborar un modelo euro­peo que gestione las fronteras marítimas que permita hacer frente al proceso migratorio que sufre España, ¿España o Cana­rias? Bien, ya se sabe lo que nos espera. Propuestas y buenas in­tenciones y entre tanto el proble­ma seguirá in crescendo.

Pero no importa. Se continua­rá invocando la solidaridad del pueblo canario, se dirá que so­mos estupendos y que es un pueblo merecedor de aplauso por el trato que se le da a esa pobre gente que depauperados llegan a nuestras costas. Se seguirá así, en una marcha hacia ninguna parte soportado una avalancha que no cesa.

Será que la historia tiene que repetirse ya que desde el conti­nente africano hace miles y miles de años se puso en marcha un movimiento de un sinnúmero de tribus que poblaron Asia y Euro­pa, lo que nos viene a decir que de ahí, de África provenimos todos. De Kenia, de Tanzania, ahí está el eslabón perdido. Por eso no habrá que asustarse ya que la segunda gran migración ha comenzado y si Canarias es quien tiene que soportarla de primera intención y mediante la torpeza del PSOE, pues nada, bienveni­dos sean.

Sin embargo, da la impresión que la Unión Europea ante la de­bilidad negociadora del gobierno de Madrid no presta la debida atención a este problema, como si consideraran a Canarias el reservorio de los desheredados de la tierra y en algún momento, una vez que el resto de las comu­nidades se niegan a recibirlos, di­rán que se dejen transitar por nuestras calles y plazas.

Mientras las Islas sean sopor­te del fenómeno, este se contem­plará desde la distancia como un espectáculo para ver y que nos les atañe en absoluto ya que dirán que cada palo, aguante su vela.

Si así fuera, si la sensación se convirtiera en realidad, lo que se verá en muy poco tiempo, puede que la hora de las Islas empiece a sonar con contundencia en el diapasón de una historia que no es suya, que se la han contado y que no le han dejado escribir. Y tal vez vaya siendo hora ya de co­menzar por el primer capítulo. Porque el prólogo ya se conoce.