Torretas

Juan Hernández Bravo de Laguna

Un alto directivo de Unelco-Endesa ha declarado a los medios de comunicación que la caída de las famosas torretas no incidió en el severo -y prolongado- corte de suministro eléctrico que sufrimos los ciudadanos de Tenerife, y cuyas secuelas algunos sufren todavía. Y ha añadido como prueba que, de hecho, las torretas siguen en el suelo y ahí seguirán durante los próximos meses. En consecuencia, ahora resulta que todos estaban -estábamos- equivocados. La polémica acerca del -carísimo- soterrado de las líneas de alta tensión queda vaciada de contenido y sin sentido. Y hemos de reconocer con rubor que no sabemos qué hacer con todas aquellas explicaciones que nos dio en los primeros momentos el ingeniero presidente del Gobierno canario, acompañado en la mesa por el máximo responsable de la compañía, relativas a los kilómetros de cable aislado que había que traer de otras islas y de la Península para hacer unas conexiones provisionales que sustituyeran precisamente a las torretas.

El presidente, además, parece que perdió el tiempo lastimosamente inspeccionando el desastre sobre el terreno, recorriendo la línea en helicóptero y contando las torretas caídas, según él mismo se encargó de contarnos. Mientras tanto, el alcalde de Santa Cruz de Tenerife y la alcaldesa de La Laguna aprovechaban mejor su tiempo y lo utilizaban en no perder demasiados votos, se cuidaban muy mucho de dejarse ver junto a nadie de Unelco-Endesa, y hacían a la compañía responsable exclusiva de lo ocurrido. El comportamiento de Adán Martín le honra, pero le favorece poco de cara a las urnas. La política -y la opinión pública- son así de inconsistentes y crueles.

Las declaraciones en cuestión añadieron que las torretas están oxidadas a causa de la proximidad del mar -jamás se nos hubiera ocurrido, la verdad-, y han proclamado "el buen estado general de sus estructuras y de sus bases". Menos mal. Sin ese buen estado general, no se hubieran contentado con caerse: hubiesen llegado volando a Miami. Por comparación, el estado de las numerosas grúas de la construcción y antenas de telefonía móvil que no se cayeron tiene que ser de récord del mundo.

Las evidentes responsabilidades de la compañía que posee el monopolio del suministro de energía eléctrica en Canarias por el mal estado de sus instalaciones y sus carencias de mantenimiento, que fueron, en última instancia, los causantes del apagón que sufrimos; y los no menos evidentes vacíos de información a los que sometieron a nuestros gobernantes y a los propios ciudadanos, no nos deben hacer olvidar que la responsabilidad principal y determinante de lo ocurrido es del Gobierno canario y su Consejería de Industria y Energía. Nuestro Gobierno le ha abierto a Unelco-Endesa un expediente informativo; pero ¿ha cumplido en estos años sus obligaciones de inspección de las instalaciones eléctricas? ¿Cuenta con personal cualificado suficiente para cumplir esas obligaciones? ¿Ha enviado al Parlamento la planificación energética del Archipiélago?

Nos tememos que las respuestas a todas estas preguntas son negativas, y nos tememos aún más que nuestro Gobierno, tan celoso de atesorar competencias, no es tan diligente en gestionarlas bien. Y que está intentando desviar la atención ciudadana sobre Unelco-Endesa para eludir sus responsabilidades. En el Estado de las Autonomías ya va siendo hora de dejar de descentralizar por descentralizar, de hacer balance de las competencias que las Comunidades Autónomas son incapaces de desempeñar con un mínimo decoro -los centros canarios de menores en manos de delincuentes, por ejemplo-, y de devolverlas a Madrid. Por mal que lo haga no lo va a hacer peor que nuestras inefables autoridades.

Tampoco debemos olvidar que el entusiasmo nacionalista y socialista en atacar a Unelco-Endesa tiene mucho que ver con esa Oferta Pública de Adquisición, con esa OPA hostil político-empresarial, procedente de Cataluña y con el apoyo del Gobierno de Rodríguez Zapatero, de que ha sido objeto la compañía. La vicepresidenta del Gobierno, recién llegada a Tenerife, se apresuró a subrayar la debilidad estructural del sistema eléctrico de Canarias, y, en un alarde de alarma social gratuita, agregó que "no hay condiciones óptimas para que esta incidencia no se repita en un próximo futuro". Vamos, que el siguiente corte de luz se encuentra a la vuelta de la esquina. Lo cual no invalida la opción de que el operador de Red Eléctrica Española sea el propietario de las redes de alta y media tensión en las Islas, que es la propuesta del Gobierno canario.
En esta línea, es de justicia reconocer los esfuerzos y la diligencia de Unelco-Endesa en recuperar el suministro eléctrico en un tiempo razonable -que a muchos pareció eterno- dada la magnitud del desastre en sus instalaciones. Aunque esa justicia nos obliga también a añadir que, por supuesto, era lo menos que podía hacer, y a denunciar su falta de personal cualificado y de material en Canarias, que obligó a traerlos por avión de la Península.

La justificada crítica al Gobierno no puede convertirse en su demonización sistemática ni en un exorcismo colectivo que nos libere de nuestras responsabilidades como ciudadanos, y encubra la realidad de que los culpables somos todos y de que todos -gobernantes y ciudadanos- compartimos cuotas de responsabilidad. En primer lugar, porque las bandas que asolaron nuestras noches de oscuridad y pusieron en peligro la seguridad de nuestras calles durante la falta de luz no eran bandas de extraterrestres, sino que forman parte de nuestra población y de nuestros entornos cotidianos. Y en segundo lugar, porque no es honesto olvidar que somos los ciudadanos los que elegimos a nuestros políticos y primamos con nuestros votos -o no castigamos con esos votos- sus comportamientos inadecuados. Y no es preciso insistir en que el objetivo primordial -y legítimo- de cualquier político es ganar las elecciones.

¿Va a servir para algo lo sucedido? ¿Contribuirá a corregir la crónica imprevisión de nuestros gobernantes, la improvisación habitual con la que actúan y su mal hacer en cuestiones fundamentales para nuestro futuro y nuestra calidad de vida? Desde la sabiduría de la experiencia, muchos ciudadanos se muestran escépticos y barruntan lo peor. Y nosotros, con menos sabiduría y menos experiencia, barruntamos que aciertan. El alto directivo de Unelco-Endesa al que nos referíamos al principio terminó sus declaraciones a los medios de comunicación afirmando que las acusaciones a la compañía proceden de "algunos grupos que están perfectamente organizados y financiados". Pero, por desgracia, no proporcionó los datos de estos grupos que pudieran precisar los ciudadanos interesados en unirse a sus actividades. ¿Dónde hay que ir para que a uno le financien las quejas por quedarse a oscuras cuatro días? ¿En qué lista hay que apuntarse? ¿Se trata de una sociedad secreta con sede en un lóbrego local clandestino? ¿Sólo actúan al amparo de la oscuridad de la noche? ¿Utilizan la luz de Unelco-Endesa? Y, sobre todo, ¿tienen torretas de repuesto?

Fuente: Diario de Avisos, 11-12-2005