TRAIDICIÓN

Teodoro Santana

No todas las tradiciones son dignas de respeto ni, mucho menos, de ser mantenidas vivas. Hay tradiciones y tradiciones. Pegar a la mujer es una tradición que debe ser borrada de la faz de la Tierra. La tradición de ejecutar o encarcelar homosexuales, ídem de lo mismo.

Hay tradiciones que son traiciones a nosotros mismos. Traidiciones, digamos. Algunas nos la hemos quitado de encima, como la de que las canarias y los canarios fuésemos vendidos como esclavos. O la tradición del impuesto de sangre, que obligaba a enviar cinco familias canarias con cada cien toneladas que se embarcaban de España a América, o viceversa. O la del infanticidio como método de control de la natalidad.

Otras traidiciones aún colean. Por ejemplo, esa de que aparecieran milagrosamente esculturas de la Virgen católica en El Pino, en Candelaria y en unos cuantos sitios más. Los sacerdotes europeos trataban así de convencer a los canarios, conquistados pero aún levantiscos, de la superioridad de su religión obligatoria sobre la vieja religión. Y de la invencibilidad del sistema colonial de los nuevos amos frente a la sociedad isleña anterior.

Una cosa llevaba la otra, y así se impuso otra traidición: la de cambiar los apellidos para borrar toda huella que pudiera relacionarnos con nuestros antepasados, a fin de evitar las discriminaciones legales contra "judíos, moros y guanches". Y el que la Inquisición te echara el ojo encima. Ahí seguimos, de romería en romería glorificando a los ídolos de los conquistadores.

Y qué decir de la traidición que nos lleva a ser amedrentados, resignados, sumisos. No te metas en líos. No te hagas notar. No rechistes. Ninguno de los nuestros es bueno: los de fuera son mejores. "Semos europeos": que no te confundan con los moros (mauros, maúros).

Es lógico: somos un pueblo tradicionalmente derrotado. Podemos conformarnos con lo que somos, que ya decidirán otros. O podemos cambiar las cosas para cambiarnos a nosotros mismos. Aprovechar lo bueno de las tradiciones y liquidar todo lo reaccionario, cobarde y servil de las traidiciones. Ponernos de pie. Ser, o sea.