Natalicios de nuestra trilogía patriótica caribeña
La resurrección de San Martín (Luther King)
P. Luis Barrios
Divinamente el mes de enero sigue siendo uno de esos anales históricos que nos bendicen con la celebración de los natalicios de nuestra trilogía patriótica caribeña.
En Puerto Rico nace el 11 de enero de 1939 Eugenio María de Hostos. En República Dominicana nace el 26 de enero de 1813 Juan Pablo Duarte, Y en Cuba nace el 28 de enero de 1853 José Martí. Sin embargo, curiosamente, o tal vez arbitrariamente, no hemos llevado a cabo un proceso con mayor democracia de género al no incluir en este listado una serie de hermanas y compañeras patrióticas quienes también nacieron en este mes.
Para quienes vivimos y sobrevivimos aquí dentro de las entrañas del monstruo -Estados Unidos- el rescatar estos legados históricos es una manera de ejercitar no solo nuestra reafirmación patriótica, pero también una manera de preservar nuestra identidad nacional. Sin embargo, en este jolgorio patriótico siempre cometemos el error de no reconocer el legado histórico de nuestro hermano y compañero, Premio Nóbel de la Paz, Rev. Martin Luther King, quien nació el 15 de enero de 1929. Por lo tanto, sin restarle importancia a Hostos, Martí y Duarte, permítanme compartirles una serie de preocupaciones sobre el legado histórico de este profeta contemporáneo, Martin Luther King, las cuales en mi humilde opinión nos pueden ayudar a ser mejores seres humanos.
Por ejemplo, en su táctica de lucha por la justicia social King utilizó la estrategia de la desobediencia civil rechazando categóricamente la violencia revolucionaria. El partía del postulado de que la violencia nada engendra, solo el amor es fecundo. Yo soy creyente que la violencia del amor dentro del contexto de la defensa propia también es fecundo. De aquí la realidad de que en la eliminación del mal la liberación se da en dos niveles; en quien es oprimido/a y quien está oprimiendo. Esta práctica de ética vivenciar de la liberación es la que hace real la narrativa bíblica de amar a nuestros/as enemigos/as.
Ahora bien, el reto de la estrategia de King -la cual prácticamente aprendió de Mahatma Gandhi- es mucho mas serio, sobre todo para quienes nos pasamos diciendo todo el día que estamos luchando por un mundo diferente, pero mejor. Permítame elaborarlo en dos preguntas.
En el modelo de la violencia revolucionaria surge la siguiente pregunta; ¿cuántas/os de nosotras/os estamos preparadas/os para matar por una causa justa? En el modelo de la desobediencia civil; ¿cuántos/as de nosotros/as estamos preparados/as a morir por una causa justa? Yo le añado otra pregunta; ¿en cual de los dos modelos de lucha se requiere más coraje, o sea, valor? Yo sinceramente creo que en el modelo de la desobediencia civil porque se requiere mayor disciplina, sobre todo el poder vencer el miedo. De hecho, en uno de sus postulados King nos dice que el coraje, ese que se demuestra con valor, es lo que en verdad puede controlar nuestros temores.
De aquí el que también creyera que un ser humano no puede ser libre hasta tanto no es liberado del temor a la muerte, porque ese temor a la muerte hay que conquistarlo. Por eso en su discurso la noche antes de su asesinato se atrevió a decir con todo valor que a él le gustaría morir de vejez pero que el sabía que eso no iba a ser posible y clausuró su disertación recordándoles a su audiencia que él no verá el fruto de todo este trabajo, pero que no importaba porque ya él subió a la montaña, o sea, cumplió con lo que se le encomendó. Aquí nos podemos preguntar; ¿puedo yo hacer algo para beneficiar a otras personas? A la edad de 39 años, un 4 de abril de 1968, una bala asesina crucificó a este Cristo Negro y lo convirtió en nuestro San Martín (Luther King). A mi me parece que estos valores humanos del sacrificio personal por la colectividad, ese sacrificio que se convierte en un deber, y ese deber en una satisfacción personal es lo que nos debe de llevar a nosotros/as a la cima de la montaña. Al igual que King, estos valores fueron los que llevaron a Hostos, a Martí y a Duarte también a la cima de la montaña.
De aquí la necesidad de evitar el caer en celebraciones nostálgicas que solo sirven de catarsis psicológicas para refrescar las memorias de lo que otros hicieron, cuando lo que debemos de hacer es imitar lo que hicieron. Con nuestras acciones podemos resucitarles diariamente. Esta es la resurrección conspiradora en donde lo que se quiere nunca muere.
De aquí el que un día como hoy en su 75 cumpleaños contrario a buscar una causa por la cual matar este santo de la lucha por la justicia, San Martín, nos sigue diciendo: "quién no tiene una causa por la cual morir, no debería vivir". Nos podemos preguntar, ¿tenemos una causa por la cual morir? Que no se nos olvide que en el comienzo del nuevo año tenemos de frente la realidad de un presidente -George W. Bush- que cada día está mas desequilibrado defendiendo los intereses de la clase dominante aquí en Estados Unidos. Tercamente él nos sigue provocando con una agenda terrorista económica, política, militar, social y religiosa mientras lleva a este país a la catástrofe quebrantando las seguridades nacionales mientras a la misma vez promueve la violación de derechos humanos y civiles tanto en el plano nacional como en el internacional. Este presidente sigue promoviendo los valores erróneos del fascismo, del sionismo, del expansionismo militar, la colonización de otros países, del fundamentalismo de la derecha religiosa y el capitalismo corporativo. Todos estos demonios pueden ser destruidos y no tengo la menor duda que si King estuviese vivo estaría dando la pelea contra Bush y lo que su administración representa. Por lo tanto, mi invitación es para que le demos continuidad al legado histórico del Rev. Martin Luther King, no solo recordando lo que hizo, sino también imitando su vida en la construcción de un mundo de justicia. Y de ser necesario, que aprendamos a morir por una causa de justicia. Hagamos lo mismo con Hostos, Martí y Duarte y sigamos construyendo la paz con justicia. Que Dios nos ayude en esta misión terrenal.
* Iglesia San Romero de Las Américas
New York, New York
14 de enero de 2005