Adeje, la tuberculosis y llegada de la
penicilina
Fidel Campo Sánchez
Nos interesa sobre
manera el pasado de la Villa
de Adeje de nuestros amores y especiales preocupaciones que tratamos de ofrecer
como recuerdo de un pasado que añoramos y en el que no había tan malos
sentimientos como los que hoy nos ha tocado vivir: corrupciones por doquier,
puñaladas traperas y tanta miseria como años ha.
Mirando registros de
fallecimiento, en este Adeje de nuestros amores y especiales preocupaciones, a
partir de 1500 (100 años después del sometimiento y esclavitud del pueblo
aborigen), notamos el gran porcentaje de muertos recién nacidos, adultos que
morían por desinteria, lepra y tuberculosis. Señalamos que casi todos los
naturales en buena posición económica, fallecían de senectud (vejez), mientras
que las mayorías poblacionales, los villanos, vivían poco, como consecuencia de
la falta de higiene, una de las causas en la que se iniciaba el proceso
tuberculoso.
La tuberculosis,
enfermedad infecciosa, contagiosa, causada por el bacilo de Koch. De sus muchas
variantes la más conocida es la
Tuberculosis pulmonar, que, en Adeje, estuvo radicada,
¡lamentablemente!, en varias familias hasta que, con la llegada de la Penicilina, fuera
erradicada. Contra esta enfermedad mortal le tocó luchar, primero al doctor
Piñeiro y, posteriormente, a partir de la década de los 30, al doctor don Pedro
J. De las Casas Pérez, quien, desde los 40 al 50, tuvo a su disposición, como
gran panacea: la penicilina que es un agente microbicida antibiótico producido
a partir del moho de un hongo. Fue descubierta por el escocés Fleming, en 1929.
Se empezó a usar en 1943 y sus principales productores fueron los Estados
Unidos y Gran Bretaña.
Por los años 40 al
50, don José Guirola Esquivel, de la saga de los Guirola, del Risco,
emparentados con los Díaz, también del Risco, se dedicó a transportar tomates,
en épocas de zafra, en un camión de su propiedad, marca Diamond, adquirido en
la casa Golding. El amigo don Pepe Guirola, era todo un ejemplar del macho
canario, tenía buen porte, posiblemente la reencarnación de Axerach, ya que
como adejero no sería de extrañar. Muy atractivo, gran amante al decir del sexo
femenino, gran aficionado a la
Música, perteneciendo a la Banda de Música de Adeje desde sus comienzos, que
posteriormente se refundara con el nombre de Banda de Música San Pío X,
desaparecida por mor de las intrigas de los políticos franquistas que
pretendieron se doblegara a sus deseos. Agrupación musical que, allá por
finales del siglo XIX fundará su primer director y maestro de escuela, don
Humberto Cabrera.
Además de sus muy
probadas dotes de buen semental, Don Pepe Guirola, se convirtió en el mayor
distribuidor de penicilina del Sur, habiéndose salvado muchas vidas gracias a
su labor de transporte de esta medicina, desde el cambullonero al paciente.
Esta sustancia,
extraída de los cultivos del hongo Penicillum notatum, revolucionó la medicina moderna
y permitió el tratamiento de la tuberculosis a gran escala, hizo, en esta parte
del suroeste tinerfeño, grandes milagros curativos. Era adquirida por el amigo
don Pepe, por sus relaciones portuarias con los cambulloneros en el Muelle de
Santa Cruz de Tenerife y distribuía por todo el Sur, desde Güímar hasta Adeje,
su villa natal. Sus paradas habituales eran, en Güímar, La Fonda, en Arico el Bar
conocido por los 7 conejos- regentado por siete hermanas, de ahí el nombre - y
unas cuevas que existían a la entrada de Guaza, donde tenía personas que
necesitaban el medicamento y, según se decía, sus servicios personales, por ser
persona muy bien dotada y de atractivo muy singular.
Podemos afirmar,
independientemente del Botiquín de don Pedro, médico titular de la Villa, que don José Guirola
fue el primer antecedente del representante de productos medicinales por esta
parte del Suroeste tinerfeño que acercó, en años muy difíciles y de peor
comunicación, el antibiótico para curar enfermedades que producían gran mortandad,
diezmando considerablemente la población de lo que fueran paradisíacos parajes,
hoy convertidos en grandes metrópolis babilónicas de corrupción especuladora,
por lo que, a modo de homenaje, nos permitimos el presente para rendir
pleitesía a un viejo amigo, ya en las mansiones celestiales.