Turismo
Juan A. Padrón Sabina
Si hay algo que descoloca a nuestros padres y madres de la patria canaria, pero absolutamente y todo, es la cifra de visitantes extranjeros que llegan, o dejan de llegar, por nuestros puertos y aeropuertos para hacer turismo. Para disfrutar -un suponer, claro- de nuestras bellezas, singularidades y todo eso. Que es que hay una poderosa legión de asesores y asesoras, políticamente correctos y todo, magníficamente remunerados, que no se cortan un pelo en proclamar, a los cuatro vientos, que estas -pobres- Islas nuestras son lo más de lo más. Y hasta lo más délo más plus, por aquello de remedar el lenguaje de tanto tortolín posmoderno como anda suelto por ahí.
Pero, claro está, después pasa que no acaban saliendo las cuentas. Que no solo no vienen más | turistas, que sería lo que justificaría a tanto publicista público; sino que cada vez vienen me- nos... ¡Muchísimos menos, qué caramba! Y, sin embargo, aún continúan esos intermediarios gubernamentales, en sus cargos de bombo y platillo, intentándonos vender la moto de que nuestro crecimiento es imparable y sin límites. Vamos, que es que Canarias no crece más por pura casualidad y/o maldad. Maldad atribuible, seguramente, a algunos insidiosos/envidiosos que pululan por ahí hablando mal, y levantando calumnias, de nuestra muy privilegiada condición de paraíso terrenal incomparable. Algo que hasta tendría que ser reconocido por la Unesco; o algún otro organismo internacional susceptible de ser engañado con cuatro fotos y un par de informes; como los que dan la banderas azules, por ejemplo. Porque es que los europeos, en su mayoría, y una gran parte el resto del mundo mundial, están que se desviven por pasar unas vacaciones en nuestra tierra... ¿Verdad que sí?
Pasa sin embargo que ahí al lado, tanto en Marruecos como en Túnez, sin ir más lejos, los precios de las vacaciones están tirados. Vamos, que es que a los europeos les salen prácticamente regaladas unas vacaciones, por todo lo alto, en esos destinos. Pero es que, además, ni tan siquiera les molestan allí tantos supuestos mendigos, ladrones a pelo y vendedores de time-sharing, como tristemente ocurre aquí. Que es que allí, las autoridades saben lo que se juegan con los turistas y sus ingresos; y han puesto en marcha las medidas oportunas.
En fin, que a ver qué acabamos por hacer en estas nuestras Islas, don Adán Martín. Porque aquí, fíjese usted qué cosas, cada día que pasa nos llegan menos visitantes... Menos visitantes de los de pago, quiero decir: turistas mondos y lirondos, vaya. Porque es que de lo que sí estamos desbordados, y que además nos siguen llegando por un tubo, es esa ingente cantidad de inmigrantes que -ni remotamente- somos/seremos capaces de integrar en nuestra sociedad y en nuestra economía. Y esto no es demagogia, no. Ojalá lo fuera.
Publicado en La Gaceta de Canarias, 3-06-2005