¿Ultraperificidad?

Ramón Moreno

Ante el auténtico carnaval mediático que estamos sufriendo, con motivo del dichoso referéndum del día 20 para sancionar un nuevo Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, y dada la matraquilla del bloque constitucionalista que opera en Canarias (PSOE, PP y CC) para que todos votemos sí, creo que es necesario hacer algunas puntualizaciones al respecto, en esta ceremonia de la confusión.

En primer lugar, hay que dejar muy claro eso de la lejanía y la ultraperificidad. Porque aquí estamos ante otra perversión, en este caso geográfica, de quien está lejos de quién, según se mire, desde donde se mire, y quién mire. Para los que no quieren sacudirse de encima la remora del síndrome del colonizado, y prefieren seguir siendo cola de león (con moscas, insisto), somos la ultraperiferia europea, "el flanco sur de Europa, que repiten como loros. Y para los que reafirmamos nuestra identidad como pueblo, para ser protagonistas de nuestro futuro, sin tutelas de ningún tipo, y que no solo nos consideramos, sino que somos cabeza de ratón, es Europa (incluida España, naturalmente), quién está lejos de Canarias, y son ellos los ultraperiféricos. Otra cosa es que, todavía seamos un territorio nacional en el continente africano bajo la soberanía política de una Nación europea, que nos hizo suya en una cruenta conquista y evangelización, por la fuerza de las armas, a la que siguió un implacable proceso de colonización que dura ya más de cinco siglos.

¡Esa es la cruda realidad! Todo lo demás es querer perpetuar sine die una ficción jurídica mediante una farsa política, que no se sostienen a poco que profundicemos en el entramado político-jurídico de nuestro Archipiélago donde cada día afloran inevitablemente las contradicciones.

Para esos que se sienten tan contentos y satisfechos (¡pobres diablos!), de que se nos nombre en el Texto del nuevo Tratado -considerado eufemísticamente una Constitución-, nada mejor que reproducir el Artículo III-424 del Título VII, Disposiciones comunes, que literalmente dice así:

"Teniendo en cuenta la situación social y económica estructural de Guadalupe, la Guayana Francesa, Martinica, la Reunión, las Azores, Madeira y las Islas Canarias, agravada por su lejanía, insularidad, reducida superficie, relieve y clima adversos y dependencia económica respecto de un reducido número de productos, factores cuya persistencia y combinación perjudican gravemente su desarrollo, el Consejo adoptará, a propuesta de la Comisión, leyes, leyes marco, reglamentos y decisiones europeas orientadas, en particular, a fijar las condiciones para la aplicación de la Constitución en dichas regiones, incluidas las políticas comunes. Se pronunciará previa consulta al Parlamento Europeo.

Los actos contemplados en el primer párrafo abarcarán, en particular, las políticas aduanera y comercial, la política fiscal, las zonas francas, las políticas agrícolas y pesquera, las condiciones de abastecimiento de materias primas y bienes de consumo esenciales, las ayudas públicas y las condiciones de acceso a los fondos con finalidad estructural y a los programas horizontales de la Unión.

El Consejo adoptará los actos contemplados en el primer párrafo teniendo en cuenta las características y exigencias particulares de las regiones ultraperiféricas, sin menoscabar la integridad y coherencia del ordenamiento jurídico de la Unión, incluidos el mercado interior y las políticas comunes".

Eso es exactamente, todo lo que se dice de nosotros en esa pretendida Constitución Europea. ¿Dónde están pues las tan cacareadas ventajas? Aquí tenemos que recordar a los que quieren seguir en la cola, que el caramelo envenenado de los fondos europeos nos ha convertido en una degradante y perniciosa economía subvencionada y en un mercado cautivo consumidor de los excedentes comunitarios. Con el aparato productivo en manos foráneas y con una industria (no interesa su desarrollo, para que sigamos siendo dependientes) encorcetada y constreñida al mercado interior.

Y donde supuestos mecanismos compensatorios como el REA (Régimen Específico de Abastecimiento), en lugar de repercutir en los consumidores canarios, sirve para el enriquecimiento de algunos importadores.

Sin contar el agravio comparativo que supone que Países Terceros como los ACP (África, Caribe, Pacífico) y los que tienen Tratados Preferenciales con la UE -caso de Marruecos-, tengan más ventajas a la hora de colocar sus producciones agrícolas en los mercados comunitarios que la propia Canarias, supuesto territorio europeo. ¡Que gran contradicción!

¿Y que decir de la libre circulación de personas que nos ha convertido en la región del planeta con mayor densidad demográfica -con todo lo que ello implica-, y en el balneario geriátrico de Europa?

La categoría que nos han asignado de Región Ultra Periférica (RUP), lo que significa territorios de ultramar, no deja de ser un indisimulado eufemismo de colonia, que pretende dar carta de naturaleza a un anacronismo jurídico y a una entelequia política que la legalidad internacional no ampara hoy en día, dicho por enésima vez.

Pero es que además, la incuestionable extraterritorialidad de Canarias, que se pretende consagrar en el nuevo Tratado de la Unión, es lo que le impide a España, precisamente, iniciar el proceso delimitatorio de los espacios marítimos de nuestro Archipiélago que, reitero, solo se podrán instituir y delimitar, desde un Estado Archipielágico Canario (EAC). ¿Sigo?

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