El uso de la memoria

Juan Jesús Ayala

El título de este artículo ha sido sugerido por uno reciente de Carlos Castilla del Pino, El uso moral de la memoria en el cual, el querido y recordado psiquiatra entre otras cosas escribe: "somos porque se ha hecho en nosotros nuestra historia, elaboración y reelaboración de nuestro pasado. La memoria es la condición necesaria para el logro de nuestra identidad, lo que significa ser alguien, responder asimismo a la pregunta de quien soy (si se la hace uno mismo) o quien es (si la hacemos respecto a otro). Somos pues porque tenemos memoria, es mas somos nuestra memoria".

Yo no pretendo buscar la vertiente moral de la memoria, ya lo ha hecho con tino y elegancia Castilla del Pino, pero si reseñar el uso que le damos en la vida cotidiana a la memoria y lo que supone no solo para nosotros como especímenes individualizados sino desde nuestra presencia que es aquello en lo que contribuimos a sostener la memoria colectiva de los pueblos.

La memoria que está incrustada en una determinada área cerebral es el reservorio donde se inquietan las vivencias del pasado y que, a partir de ellas como si funcionaran corno rampas de lanzamiento, se desarrollan un sin fin de actividades condicionadas por lo que allí se encuentra depositado.

Muchas de las veces de la memoria se hace un mal uso desviándola de su vertiente certera y dando rodeos y mas rodeos como si algunas cuestiones que están en ella molestaran por lo que se presentan ante los demás y ante nosotros mismos como si fueran así, no siéndolo, falsificando nuestro sello y nuestra identidad, y ¿qué pasa?. Pasa que en ese momento nos descalificamos como personas consecuentes siendo payasos de nosotros mismos.

También la memoria y lo que en ella se resguarda se encuentra sometida al influjo de los deseos de alguna demencia que se fabrica en el tiempo dentro de lo mas íntimo que trastoca los acontecimientos pasados y cuando se quiere plasmarlos en la realidad se fugan por la puerta trasera, dando la impresión que en ese momento el pensamiento ha sufrido una de las mas tristes derrotas.

El mal uso de la memoria sirve de perfecto escudo a los mentirosos, a los embaucadores y, sobre todo, a aquellos que van por la vida de salvapatrias o de perdonavidas que cuando actúan ante los demás enarbolando desparpajos y vacuidades hacen el mas esperpéntico de los ridículos, quedando ante su historia individual como meros mamelucos simplones.

La memoria sirve, además, para informar que se sobrevive y que mientras la demencia no aparezca en el horizonte de cada uno y no se borre la huella de la vida y la sigamos usando estará lejos el día en que se desaparezca como individuos.

Es necesario usar la memoria, sacar de ella, tal vez lo que asusta y atenaza, y ponerlo fuera y aventarlo hacia los mares en calma o tempestuosos, ¿que mas da? para que solo continúen en sus aposentos lo imperecedero, lo vital, lo que sirve de referencia para continuar hacia adelante como personas honestas consigo mismas.

Cuando las personas y cuando los pueblos no son capaces de recrearse en su memoria y no hacen uso de ella aparece la ambigüedad, la duda, el venderse al mejor postor; de ahí que desde su recinto que encierra vicisitudes desagradables, engaños, fracasos y palabras que se han pensado y mensajes que se han escrito pero que no se han enviado, sea ella, la memoria, su uso. Junto al deseo del recuerdo activo lo que sitúe en el plano de la realidad la mas alta dignidad del individuo y de las colectividades.