Sobre
el caso de Venezuela y Argentina
La
valija de la discordia. O de cómo combatir la corrupción
Marcelo
Colussi
"¡Boludo, traéte la guita [dinero] poco a poco!", dicen que dijo el
empleado de aduanas argentino al encontrarse con el sorpresivo contenido de la
maleta en el aeropuerto local de la ciudad de Buenos Aires. "¡Si eso estoy
haciendo!", respondió el venezolano dueño de la valija con 800.000
dólares. Aunque otras versiones indican otra cosa; demorado en el aeroparque
Jorque Newbery, el dueño de la valija en cuestión,
habría manifestado contundente: "Llévense el dinero: yo soy un soldado, no
me van a sacar de dónde viene ni hacia dónde va".
El enigmático ciudadano implicado en este caso de contrabando es Guido
Alejandro Antonini Wilson, de 46 años de edad, quien
posee pasaporte venezolano y está inscripto como votante en el registro
electoral del Consulado de
El incidente en cuestión -el hallazgo irregular de esa maleta con casi un
millón de dólares en un vuelo charter con siete funcionarios a bordo, tres
empleados de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) y cuatro
de Energía Argentina S.A. (ENARSA) quienes estaban haciendo seguimiento a
proyectos energéticos conjuntos entre ambos países, aeronave fletada por la
empresa argentina, más el empresario de marras- ya ha sido comentado
infinitamente desde distintas posiciones político-ideológicas.
¿Qué significado tiene el hecho? ¿Fue un montaje de la derecha para
desacreditar al gobierno bolivariano? ¿Maniobra de
Por lo pronto parece ser que es amigo personal del hijo del vicepresidente de
la estatal petrolera venezolana. Fuentes en Caracas citadas por el diario
argentino "Clarín" relacionaron a Antonini
Wilson con Pedro Guerrero, residente en Miami, quien tendría más que buenos
contactos con la empresa Armor Holding, especializada
en la fabricación y comercialización de armamento militar. Armor
Holding es subsidiaria de Global BAE Systems, una
compañía de primera línea de tecnología armamentística, y ello llevaría a
pensar que la presencia de este empresario venezolano-estadounidense en Buenos
Aires podría tener como objetivo conseguir contratos militares para esas
compañías.
Ante todo ello la reacción del gobierno bolivariano fue enérgica. El mismo
presidente Hugo Chávez, a su paso por Buenos Aires, declaró con fuerza al
matutino local "Clarín": "Yo no sé por qué hay en ustedes [los
periodistas] un empeño en darle al tema una dimensión que no tiene". Por
su parte la petrolera venezolana hizo público un comunicado donde enfatiza las
buenas relaciones bilaterales y minimiza el suceso: "PDVSA considera que
de ninguna manera este incidente puede afectar los importantes proyectos que de
manera conjunta, tanto PDVSA como ENARSA desarrollan en beneficio de nuestros
pueblos".
Por su parte el segundo vicepresidente de
Por último, el comunicado de la petrolera venezolana indica que "PDVSA
está en disposición de prestar toda la colaboración que requieran las
autoridades competentes para establecer las circunstancias y eventuales
responsabilidades al respecto y, por su parte, iniciará las acciones
administrativas contempladas en su normativa interna".
¿A quién terminará perjudicando más el incidente? Como sucede habitualmente en
estos casos, las informaciones son escasas, contradictorias, envueltas en
climas de secreto, y luego de la sensación periodística del momento, los hechos
tienden a olvidarse. De todos modos, alguien pagará alguna factura.
No estamos en condiciones de decir nada nuevo que no se haya dicho ya en
términos de datos. Simplemente nos quedan preguntas. Y algunas reflexiones.
Si se tratara de un operativo propagandístico de la derecha (venezolana,
estadounidense, o incluso la argentina), para el campo popular, para las
fuerzas de la transformación socialista y quienes apoyamos en forma irrestricta
a
Si no es una campaña mediática más ¿qué podríamos decir entonces? ¿Que sigue la
corrupción? Pero decir simplemente eso es resignarse ante la realidad. La
derecha vive diciendo que el gobierno bolivariano es "un antro de
corrupción". Más allá que en el medio del proceso bolivariano se sigan
manteniendo conductas corruptas, la derecha no tiene la más mínima altura moral
para denunciarlo, sea la derecha argentina, la venezolana o la de Estados
Unidos. ¿Pero qué hacemos los que creemos con toda nuestra convicción en el
cambio social, los que apostamos por esta revolución que se viene abriendo paso
en Venezuela? ¿Nos resignamos a darle la razón a las fuerzas de la reacción
política, al discurso conservador, al capitalismo salvaje que ve en
Una vez más, que no hay posibilidad alguna de cambiar seriamente algo si no hay
un cambio cultural, un cambio en los valores. ¿Hasta cuándo seguir tolerando
que para muchos funcionarios del "gobierno revolucionario" -de
distintos niveles- sea más importante el carro con aire acondicionado o el whisky añejo que el genuino trabajo revolucionario? Y si lo
de la valija fue realmente un montaje, ello no puede esconder que la corrupción
sigue presente en la revolución. ¿No es hora que la lucha ideológica contra la
corrupción, la burocratización y la ineficiencia pasen a ser una prioridad
nacional de carácter absoluto, tanto como la defensa militar?
No sabemos de quién eran los 800.000 dólares de la misteriosa valija. Si se
trató de un negociado sucio más: denunciémoslo y castiguémoslo como se debe.
Pero si se trata de un síntoma de que la corrupción sigue aún instalada en los
altos niveles de funcionarios del proceso, eso debe ser un llamado de atención
tan importante como la posibilidad de la invasión militar imperialista.
El presidente de la república y comandante de la revolución, Hugo Chávez, dijo
luego de su apabullante triunfo electoral del pasado 3 de diciembre del 2006
que comenzaba la batalla frontal contra la corrupción y contra la
burocratización. Hay que recordárselo y recordárnoslo a diario. ¿Será que llegó
el momento de una gran movilización nacional contra estos flagelos? Si hay
compatriotas funcionarios que pueden valorar más la tarjeta de crédito platinum que el cambio ideológico, la ropa de marca o los
implantes de silicona que una ética de la solidaridad y la igualdad, si todo
eso aún es común y cotidiano, lo de la valija puede ser totalmente verídico.
La cuestión es que, con o sin maleta, la lucha por la revolución cultural es
una necesidad imprescindible.