VENEZUELA
Y BOLIVIA
EN
Rubén Alemán *
“No creo que el socialismo del siglo XXI, del que se
habla en Caracas y en
Estas palabras de Francisco Fernández Buey nos pueden servir de reflexión
acerca de los procesos democrático-revolucionarios que se están viviendo en
estos dos países latinoamericanos. Más allá de la opinión que desde los
distintos sectores de la izquierda transformadora podamos tener acerca de
Fernández Buey y sus postulados epistemológicos, podemos ir aventurando hechos
ciertos de ambos procesos.
1. DEFENSA DE LAS MAYORÍAS.
El proceso bolivariano bebe, desde el punto de vista teórico, de Mariátegui y Gramsci. Si bien no
hablamos de una revolución marxista-leninista, sí vemos en él connotaciones
socialistas, tal y como han señalado en los últimos años Hugo Chávez Frías o
José Vicente Rangel. Aunque se respeta la propiedad
privada de los medios de producción y de cambio, el objetivo final es la
socialización –que no estatalización, sólo de los
sectores estratégicos- de la economía. La defensa de la producción nacional y de
los agentes económicos endógenos, llámese campesino, comerciante o pequeño
empresario, no está consiguientemente reñida con la defensa a ultranza de la
clase trabajadora. Es más, su actividad productiva y social se supedita a los
intereses de la mayoría: los trabajadores y trabajadoras de Venezuela. Un
ejemplo palmario lo representa el art. 89 de
El socialismo venezolano recupera la figura jurídica de la solvencia laboral,
abandonada por el neoliberalismo no sólo en Latinoamérica sino también en la
llamada Europa Social. A partir de ahora, y fruto precisamente de la defensa de
la parte más débil de la relación laboral, la revolución democrática rescata el
papel protagónico de
2. CONSENSO DEMOCRÁTICO.
Ambos procesos han sido fruto del resultado democrático propiciado por la libre
expresión de la voluntad popular por mucho que les pese a las oligarquías
locales venezolanas y bolivianas. Tanto Chávez como Morales han obtenido un
respaldo ciudadano más que sobrado, con más del 50% de los votos, llegando en
algunas elecciones a un porcentaje incluso mayor: en las últimas elecciones
presidenciales Hugo Chávez Frías consiguió el 62,89%. Esto no lo han aceptado
nunca dichas oligarquías ni los medios de comunicación progolpistas.
En el caso del Movimiento al Socialismo (MAS) los caciques de la provincia de
Santa Cruz en
Señala el art. 72 de
Pero el consenso democrático del que hablaba Gramsci
con el fin de que las mayorías dominadas alcancen el poder y por lo tanto la
posición de clase hegemónica en la sociedad adquiere todo su valor en estos
países –Ecuador parece estar subiéndose también al carro de la historia de la
mano de Rafael Correa, tras el fiasco del coronel “bolivariano” Lucio
Gutiérrez- mediante la democratización de las instituciones y, lo más
importante, mediante la participación protagónica del mismo pueblo. La creación
de núcleos de desarrollo endógeno, junto con la potenciación de las misiones y
la constitución del Banco de
3. NACIONALISMO INTERNACIONALISTA.
La defensa de los intereses nacionales no está reñida con los ideales
integracionistas de Martí, Bolívar, Sandino o
Guevara. Y no sólo bajo la bandera de la unidad de la patria latinoamericana
para deshacerse de la bota del imperialismo norteamericano que tanto daño ha
hecho –y hace- a los más pobres del continente. Ese nacionalismo popular se
defiende pacíficamente pero organizando a sus Fuerzas Armadas y al propio
pueblo bajo la figura de la “legítima defensa” ante posibles injerencias
gringas, por otra parte ya consumadas y felizmente abortadas por ejemplo el 11
de abril de 2.002 con el golpe de estado Carmoníaco.
Se trata asimismo de rescatar la memoria de estadistas como Salvador Allende
pero revisando los errores fundados en la ingenuidad izquierdista que tanto
daño hizo a Chile por culpa de la confianza depositada en elementos desleales y
traidores como el fascista ya difunto Augusto Pinochet.
Ese internacionalismo socialista lo demuestran día a día los pueblos venezolano
y boliviano. No sólo apoyando los logros sociales de Cuba sino reafirmando cotidianamente
su voluntad antimilitarista con la denuncia constante de la agresión a Iraq, Afganistán, Líbano o Palestina.
El Socialismo del s. XXI está ante una encrucijada histórica: el socialismo de
Estado o el socialismo del Pueblo. Parece que esta nueva experiencia
democrática está siguiendo el camino del socialismo popular, bebiendo de las
fuentes clásicas de los movimientos revolucionarios y a la vez corrigiendo los
errores económicos o de libertad de expresión –con los límites, que
naturalmente los tiene- que se pudieron cometer en otras experiencias vividas
en el s. XX. Experiencias que, con sus aciertos y sus errores forman parte del
acervo político de todos aquellos y aquellas que nos reclamamos de la izquierda
democrática, revolucionaria y transformadora.
(*)
Rubén Alemán Sánchez es miembro del Consejo Nacional de UNIDAD DEL
PUEBLO