PERIODISMO HISTORICO

VENEZUELA:
PRESENCIA CANARIA COLONIAL

Miguel Leal Cruz

La emigración de los canarios a Venezuela hasta prácticamente ayer, especialmente durante los primeros años del régimen dictatorial español surgido en 1936 pero ya desde mucho antes, así constatado claramente en el protagonismo activo de los mismos en la problemática por la que atraviesa hoy su país, tuvo lugar con creciente ritmo entre los años de 1670 y 1810, año éste en que tiene lugar el comienzo del proceso de independencia como quiebra del dominio español en aquel país. Este proceso migratorio continuará de forma constante a lo largo de todo el siglo XIX y XX, consecuencia de la necesaria válvula de escape de los canarios que motiva las frecuentes crisis económicas, casi siempre agrícolas por sequías, plagas, a más de otros factores competitivos, por las que los canarios han de emigrar con preferencia a Cuba y Venezuela.

Factor preponderante para esta emigración que fue esporádica y reducida en el primer siglo colonial español (en mayoría forzada, para poblar aquellos amplios territorios en especial tras la ocupación de Jamaica por los ingleses, más que voluntaria propiamente dicha), fue debido a la crisis vinícola por pérdida de mercados tradicionales que motivó la secesión de Portugal y sus colonias del entonces imperio español.

El profesor de la Universidad de La Laguna de Tenerife (Canarias) España, Manuel Hernández González que es autor de una magnífica edición al respecto: "Los Canarios en la Venezuela colonial (1670-1810), Taller de Historia, CCPC, 1999, nos ilustra de forma global sobre esta presencia canaria en Venezuela hasta los prolegómenos revolucionarios e independentistas con la misma profundidad que su colega Manuel de Paz Sánchez, lo hace, a través de numerosos y profundos estudios que plasma en excelentes libros, para Cuba.

Entre los siglos XVII y XVIII fue grande la contribución de los "isleños", como así son conocidos en aquella nación americana, en la expansión y consolidación de la economía y sociedad venezolanas. Llegaron con la perspectiva de convertirse en cultivadores de autoconsumo, mercaderes o hacendados de grandes extensiones de cacao, café o ganaderas. Los oficios y la mercadería (pulperos, bodegueros, arrieros, mercaderes, zapateros, carpinteros, herreros, albañiles, pintores) eran ejercidos por canarios ya que eran considerados ocupaciones innobles para peninsulares y mantuanos. Los privilegios estaban reservados a los blancos peninsulares (oficiales de la corona), los mantuanos criollos y a un reducido número de canarios hacendados, conducta poco inteligente ésta, cuyas consecuencias en todo momento, han sido crear un peligroso grupo de agraviados y disconformes que actuarán como quintacolumnistas en los procesos revolucionarios.

Tras los sucesos de 1810 se crea la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII que defiende el poder real. El 19 de abril un golpe de mano depone al Capitán General don Vicente Emparán. El Cabildo caraqueño queda en manos de la oligarquía criolla y su política responde a los intereses de su clase: peninsulares, mantuanos y canarios ricos. Estos intereses eran: libertad de comercio, proscripción de la trata de blancos (no así la esclavitud) y el de restringir el derecho al voto sólo a los grandes propietarios. En un principio los canarios toman partido por el nuevo orden, ya que eran completamente hostiles al poder político y al control monopolista del comercio por parte de los representantes de la Corona. Sin embargo, la posición social de relegados y los intereses económicos de la gran masa de humildes canarios se enfrentaba tanto a la oligarquía criolla como a los comerciantes peninsulares (vascos en su mayoría), a través de la Compañía de Caracas de nefasto recuerdo para aquellos. Por ello, los canarios de nivel social inferior se unen a las fuerzas contrarrevolucionarias, pero los ricos y poderosos continuaron fieles a la Primera República. El 5 de julio de 1811 se firma el Acta de la Independencia de Venezuela. Entre el mes de julio de 1811 y comienzos de 1812 se producen varias sublevaciones de canarios contra el Gobierno de la Primera República; la mayoría de estos isleños desafectos son pasados por las armas y otros sufren severas prisiones.

Entonces surge la ofensiva realista dirigida por un capitán de navío canario llamado Domingo Monteverde y Rivas, natural de San Cristóbal de La Laguna de Tenerife, si bien mantuvo una actitud favorable a los intereses de la Monarquía hispana en todo momento. El grueso de sus fuerzas contrarrevolucionarias estaban integradas por canarios, pardos esclavos libres. Partió desde Coro y reconquistó fácilmente el territorio en manos de los republicanos obligando a que el Generalísimo Francisco de Miranda, también de ascendencia canaria, con familiares en el Puerto de La Cruz, firmara la capitulación y más tarde detenido para quedar preso en La Carraca (Cádiz), donde parece murió. Conquistado el poder, la primera medida de Monteverde es nombrar como asesores a una serie de paisanos, en su mayoría resentidos y con ansias de revancha hacia los poderosos mantuanos y ricos peninsulares. Algunos, como el eminente médico Antonio Gómez, hijo del ilustrado granadino José Antonio Gómez y de una canaria de Las Palmas de Gran Canaria, apoyó en principio a la Primera República, pero luego, defraudado y con una incontenible sed de venganza, fue el mayor instigador de la represión que ejerció el gobierno de Monteverde en un año terrible (1812), conocido en la historia de Venezuela como "la dominación canaria", según apunta el investigador de estos temas Javier Díaz Sicilia. Cometieron toda clase de desafueros con los patriotas, sus familias y propiedades. Para la época, Caracas se convertiría en el centro económico y político de la provincia. [...].

No sólo fundaron los canarios influentes poblaciones y nudos de comunicación en los Llanos de Venezuela al modo de la colonización Norteamericana hacia el oeste de su país, sino en la propia capital venezolana: La Candelaria fue el barrio periférico caraqueño en el que preferentemente se fueron asentando los isleños desde el último tercio del siglo XVII. Allí edificaron la ermita que le da nombre, más tarde convertida en parroquia y en símbolo de todos lo que significa "isleño" o canario que aún perdura hoy en día.

* Publicado en La Gaceta de Canarias, 6-9-04