Verdades Excluyentes

Emilio del Barco

Todas las religiones autoritarias son incompatibles con la democracia. No sólo el Islamismo. Lo que vemos actualmente entre los líderes islámicos, hombres de fe firme, cumplidores de sus leyes sagradas, ejemplo de sus correligionarios, es lo mismo que vimos con Videla, Pinochet, Franco o cualquier otro dictador católico. Tan cumplidores de la ley divina, que desprecian a los humanos. Para hacer valer los elevados designios de la divinidad, se colocan a tal altura, que se creen liberados de sus obligaciones humanas. Sin tener en cuenta que, el deber de cualquier político, consiste en procurar la felicidad de su pueblo, en primer lugar. No en ganarse el cielo, complaciendo prelados, a costa de los humanos que se hallan bajo su mandato. Cuando alguien se cree, o se presenta, como portavoz de los dioses sobre la tierra, representando una verdad única, no puede decir, a continuación, que es demócrata. Porque, lo que pretende es imponer su verdad exclusiva. Pero, nadie es dueño de toda la verdad. La verdad es patrimonio parcial de todos; porque siempre está compartida.

Cuando una sociedad es dirigida por alguien que se cree perfecto representante de un Ser Perfecto, y la sociedad que dirige no funciona, lo más probable es que no sea la sociedad la que falla, sino los individuos que la regentan, quienes se equivocan. Las mismas reglas pueden tener muy diferentes interpretaciones, según quien las aplique.

Las sociedades que se rijan por leyes, cuyos componentes religiosos sean muy altos, tienden, inexorablemente, a menospreciar a la mujer. Eso lo vemos, clarísimamente, en el mundo musulmán actual. Pero no era muy diferente en el cercano pasado del mundo cristiano. Por no hablar de otras civilizaciones contemporáneas. Todas las leyes liberalizadoras de la mujer, tuvieron, siempre, la oposición corporativa directa de las jerarquías religiosas. Se han logrado realizar contra su voluntad expresa. Presentando como si fueran leyes divinas intocables, lo que, realmente, son reglas dictadas según la propia conveniencia de los jerarcas, para reafirmar su autoridad colectiva.

Hasta no hace muchos años, la mujer casada, no podía tener pasaporte personal, independiente del de su esposo, o cuenta bancaria propia, ni ser titular de un negocio, si no obtenía el permiso previo de su marido. El siempre la tutelaba y respondía por ella. El extremo era la permisividad con que se contemplaban los ‘crímenes de honor’. Siendo, por supuesto, la víctima la mujer. Las razones que se daban para justificarlos eran siempre de índole religiosa.

La supeditación religiosa de la mujer al hombre está implícita en todas las leyes religiosas. Claro está que los sacerdotes que las dictaron siempre eran hombres. Porque el poder real de las altas esferas religiosas está vedado a la mujer. Hasta en los símbolos religiosos clásicos, tales como la estrella de David o el Yin-Yang, se la supedita al hombre. Veamos, el diseño del hexagrama no es casual. El símbolo llamado, actualmente, ‘estrella de David’, tiene documentada su existencia anterior en Babilonia y entre los hinduistas. Está formado por dos triángulos equiláteros, incrustado el uno en el otro. El superior, con el vértice invertido, es el primitivo símbolo del cielo, representando a lo masculino, que se incrusta en el inferior, simbolizando la tierra y las aguas. En su origen babilónico representaba la unión de Baal y Astarté. El yin-yang tiene idéntico simbolismo: el nueve del cielo, lo seco, lo masculino, lo perfecto, personificación de Baal (o Él) , yaciendo sobre el seis terrenal, símbolo del sexo, lo húmedo, lo femenino, Astarté.

Las mentes formadas, desde la niñez, en estas teorías, nunca admitirán la igualdad y equivalencia del hombre y la mujer. Siempre situarán al hombre sobre la mujer. Recordemos que, hasta tiempos muy recientes, la mujer no podía tocar la Biblia, porque (se afirmaba que) la polucionaba. Mentes así siguen dictando e imponiendo leyes en el mundo actual. Con la excusa de ser principios divinos. La democracia les queda, aún, algo lejos.

Agüimes, 09/07/2005

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