Andrés
García Montes
A solo unos días de las elecciones, está claro que el
triunfo de
El imperio y sus serviles tenían montado todo un
cuidadoso plan que les permitiera crear las condiciones de inestabilidad, desorden,
inseguridad, que al saberse derrotados les permitiera gritar fraude e
ilegitimidad y, sobre todo, crear una gran convulsión nacional e internacional
con miras a aplicar la llamada Carta Democrática de
Conscientes que su capacidad de convocatoria no era
suficiente para crear ese grado de desestabilización, en su plan y al mejor
estilo fascista, entraba el que el día de las elecciones o poca antes, ellos
asesinaban a su propio candidato, Manuel Rosales, alegando luego que fue Chávez
porque tenía las elecciones perdidas, de allí algunas encuestas acomodadas en
las cuales estaban empatados o ya Rosales lo superaba. Las declaraciones de
Manuel Rosales erigiéndose en víctima del gobierno y acusando a Chávez de lo
que le pudiese pasar, acompañado de la algarabía de los medios denunciando esta
posibilidad. Al parecer a Rosales se le había convencido de que esgrimiera
estos alegatos para, erigiéndose en víctima, no solo desprestigiaba al gobierno
sino que conquistaría votos.
Los últimos
días de la campaña arreció y cundió el miedo y el terror, sembrando la desconfianza en sus reiterados mensajes.
La embajada gringa se dio el lujo de recomendar a sus súbditos en forma pública
la compra de comida y medicinas y el almacenamiento de agua, ante la inminente
posibilidad de fuertes disturbios. Las compras nerviosas agotaron muchos
productos y era voz pópuli los seguros disturbios
después del primer boletín del C.N.E., incluso antes,
y las llamadas de los medios a defender los resultados que eran seguros
favorables a Manuel Rosales. Esta imagen prevaleció hasta el final de las elecciones
y cuando todo el mundo esperaba después del primer boletín que dio a Chávez
como ganador, que Manuel Rosales no solo no reconociera los resultados sino que
hiciera un llamado a la defensa de su supuesto triunfo. Pero todos quedamos
sorprendidos cuando hizo todo lo contrario, reconoció su derrota y se
comprometió a organizar la deshecha oposición, al tiempo que reconocía la
limpieza del proceso. ¿Qué había pasado?
La lectura que personalmente le doy a este hecho, a la
luz de lo que Chávez denunció unos dos o tres días antes de las elecciones, en
la cual dijo que con pruebas en mano se
estaba investigando el intento de asesinar a Manuel Rosales para luego echarle
la culpa a él y que estaba decomisado el fusil con mira telescópica que se iba
a utilizar. Al parecer el gobierno le demostró a Rosales lo que sus
compañeritos iban a hacer con él y éste reaccionó haciendo todo lo contrario de
lo que sus verdugos le habían indicado y que hasta ese momento él había
aceptado, menos por supuesto su asesinato. Los servicios de inteligencia del
gobierno habían descubierto esto desde
hace tiempo y trazaron su estrategia, manejando el problema con gran habilidad
y destreza, lo que les llevó a lograr el resultado obtenido. Esta tesis se ve
confirmada por la reacción que los medios golpistas han tenido, pues
visiblemente confundidos, de una hora para otra, cambiaron en forma dramática
el mensaje, ahora quieren erigirse en los abanderados de la paz, el
entendimiento, la comprensión, la tolerancia, después de meses sembrando la
desconfianza, el insulto, el chantaje, la mentira y la calumnia, en sus
reiterados mensajes.
En cuestión de horas el excelente equipo y las buenas
estrategas diseñadas por el equipo gobernante, con Chávez a la cabeza, le
tumbaron la bien montada trampa que, con mucho cuidado y esmerados esfuerzos, a
un costo multimillonario en dólares, el imperialismo y sus serviles habían
montado, con el propósito de eliminar a su más grande dolor de cabeza. Hugo
Chávez Frías. El desmonte fue total y completo y esto a no dudarlo influenciará
en el próximo futuro de Venezuela y América Latina.