Vete y vive
Félix M. Arencibia
Cae la lluvia serena sobre la piel verde de nuestro Archipiélago. La melancolía descansa sobre la palmera que anida abajo en el profundo barranco. Mientras, Bencomo Marrero evoca Vete y vive, la última película a la que asistió con su compañera. Acudió con cierta cautela conociendo parte del argumento que narra la tragedia de un niño etíope y que está basada en el hecho real de la Operación Moisés, auspiciada por EEUU e Israel. Trataba dicha operación de llevar a los judíos etíopes a la Tierra Prometida. Le resultó duro a Bencomo contemplar el campo de refugiados, donde se moría de hambre, se discriminaba para su salvación en base a la religión. De hecho, el niño protagonista, que era cristiano, animado por su propia madre tuvo que viajar como judío para poder ser salvado de aquel infierno.
A Bencomo de todas maneras le pareció una historia conmovedora contada en un cierto tono melodramático. En ella se nos hace contemplar los distintos sectores sociales de la sociedad israelí. Así, los padres que adoptan al niño etíope pertenecen a una familia de izquierda progresista. Este sector importante israelí aboga por la paz y convivencia con los palestinos. Se debaten entre enviar a sus hijos a una guerra que no comparten, marcharse o enfrentarse al sector más integrista de la sociedad judía. La película nos muestra cómo a los etíopes negros se les discrimina en una sociedad blanca y acomodada. Nos describe también el sector rabiosamente integrista que se puede llegar a equiparar con el musulmán y el cristiano, que también lo hay.
El que exista un estado que se haya formado en base a las creencias religiosas de sus ciudadanos, le resulta chocante a Bencomo, independientemente de los condicionantes históricos. Más pensando que en el pasado en la propia Jerusalén hayan convivido en paz estas tres religiones. Así ocurrió en tiempos de Saladino o en la España musulmana. La trayectoria del hombre por momentos parece que retrocede muchos siglos hacia atrás, a la época en que el estado cristiano español expulsa a judíos y musulmanes. La película Vete y Vive, es una invitación a la concordia y a la reflexión ante el complejo mundo en que vivimos. Es un film en que aparte del argumento tiene importantes componentes estéticos: una acertada banda sonora, un destacado trabajo fotográfico y buena interpretación de los protagonistas, sobresaliendo entre ellos la actriz Yael Abecassis. Su director, Radu Mihaileanu, es de origen rumano, se traslada a Israel y reside en Francia. Quizás su propia trayectoria le ayuda a emprender el proyecto de Vete y vive. Otra película suya que ha tenido bastante éxito es el tren de la vida que ha sido muy premiada. Bencomo sigue extasiado contemplando como llora la lluvia sobre la tristeza dulce que se derrama sobre la tierra. Entretanto, se refugia en los versos de nuestra poeta Pino Betancor: Hoy sólo quiero estar, hablar contigo. / Hoy sólo quiero ser mi propio llanto, / donde mi antiguo corazón aliente.
A destacar:
La película Vete y Vive, es una invitación a la concordia y a la reflexión ante el complejo mundo en que vivimos.