Nueva Canarias, viejas caras

Ramón Moreno

¿Alguien tiene la más mínima duda de que estos elementos que han montado un nuevo partido actúan en su propio beneficio y en función de sus espúreos intereses, aunque digan hacerlo en nombre de Canarias? ¡Por supuesto que no!

¿Quién no conoce el pedigree y la trayectoria política de estos viejos cristianos de base y los verdaderos motivos de su abandono de Coalición Canaria? ¿El enfrentamiento -convenientemente orquestado- del llamado sector crítico con el sector oficialista de CC obedece realmente a la supuesta hegemonía de ATI en detrimento de Gran Canaria?

¡Que no somos tontos! Toda esta trapisonda ha sido una huida hacia delante para ocultar las carencias, ineptitudes e incapacidades de los que abanderan la facción disidente.

La ya consumada -y hábilmente escenificada- ruptura del puritano sector crítico con el promiscuo sector oficialista, ¿se produce ante la progresiva e indecente prostitución política de Coalición Canaria para mantenerse en el poder al precio que sea?

Porque aquí hay algo que no encaja. Mientras el presidente de CC, Paulino Rivero, atribuía el conflicto a una cuestión de cargos, descartando cualquier problema ideológico, el gran beneficiado de todo este montaje, el procer José Carlos Mauricio (cuyos seguidores controlan férreamente la nueva dirección de CC en Gran Canaria, con María del Mar Julios a la cabeza), declaraba que pactarían con el nuevo partido "sin problemas". ¿Qué farsa política es esta? ¿Quién dijo que estos individuos están en política, para defender los intereses de Canarias?

No salgo de mi asombro, cuando veo que a esa pelea de perros en el seno de Coalición Canaria se la denomina división del nacionalismo canario, y a la nueva formación política se la llama, asimismo, agrupación nacionalista. ¡Qué deleznable perversión del lenguaje!

¿Hasta cuándo vamos a soportar el pueblo canario la estrategia mediática de la opinión publicada, que se obstina en calificar de nacionalistas a los que sencillamente son regionalistas o, simplemente, autonomistas? Muy constitucionalistas, eso sí.

Para los que siguen desmemoriados, debemos retomar la génesis de todo este escándalo. Recuérdese que fue en unas elecciones autonómicas -no las pasadas, sino las anteriores-, cuando se desencadenó la guerra dentro de Coalición Canaria al autopostularse Mauricio como candidato a la Presidencia del Gobierno.

Lorenzo Olarte -que tira la piedra y esconde la mano-, aspirante a la reelección, ante el inesperado contrincante -atrás quedaban fructíferos años de mutuo colaboracionismo-, realizó una maniobra de las suyas, disparando un torpedo con cabeza nuclear a la línea de flotación de la candidatura de Mauricio, proponiendo a su vez a Román Rodríguez.

De esta forma, el proclamado líder de esa Nueva Canarias se convirtió en presidente del Gobierno autonómico, con los resultados de todos conocidos. Pero ahí no acaba la cosa. La lucha por el poder se volvió más enconada en las pasadas elecciones, cuando Román, que aspiraba a la Vicepresidencia con Adán Martín y, por aquello del reparto, a la súper Consejería de Economía y Hacienda, fue desbancado -y defenestrado- por José Carlos Mauricio, que se hizo con el área económica de Gobierno -con todo lo que ello implica-, en virtud del pacto tripartito de Martín, Soria y el propio Mauricio, que colocó en la Vicepresidencia a la señora Julios, de su entera confianza. Todo lo demás es de sobra conocido.

Ahora nos vienen estos arrepentidos con otro partido al que han inscrito con el nombre de Nueva Canarias, nada menos. Y a estos interesados en seguir ocupando cargos (la erótica del poder se convierte en pura anécdota con tanto desaprensivo) hay que decirles, muy alto y muy claro, que Canarias no necesita más partidos ni más siglas, que lo único que han conseguido es atomizar el espectro político y crear más confusionismo en este pueblo que asiste, entre atónito y perplejo, a semejante conciliábulo.

Lo que verdaderamente necesita Canarias es la vertebración de un gran movimiento ciudadano que dé respuesta efectiva a esta sociedad desarticulada e inerme, para exigirle a esta clase política que nos ha tocado padecer que se manden a mudar de una vez.

Dicen estos farsante, sin el menor rubor, y sin que se les caiga la cara de vergüenza -lógico, no tienen-, que pretenden "recuperar el verdadero nacionalismo canario", y "devolver la honradez política a los canarios". ¡Esto es inaudito! ¿Habrase visto tamaña desfachatez?

¿Podrían explicar, nítidamente, sin subterfugios ni eufemismos al uso, en qué consiste el verdadero nacionalismo canario? ¿Cómo piensan devolver la honradez política si nunca la han tenido? Según el presidente electo de la Nueva Canarias, Román Rodríguez, "estamos en política para defender unos valores y combatiremos la actual deslegitimación y la confusión entre política y negocios". ¡No me diga, señor Rodríguez! ¿A quiénes cree que está embaucando? Por cierto, ¿qué pasó por fin con Aeromédica?

Lo insólito es que en el circo de la política en nuestro Archipiélago los de Coalición, que antes estaban Unidos por Canarias -como rezaba su slogan de campaña-, ahora están desunidos también por Canarias. ¡Menuda camarilla!

rmorenocastilla@hotmail.com