Don José Viera y Clavijo y el campo

 

Wladimiro Rodríguez Brito *

Estos días se están celebrando homenajes a don José Viera y Clavijo, y resulta curioso lo que escribió este ilustrado sobre el campo canario, hace doscientos años (Librito de Doctrina Rural para que se aficionen los jóvenes al estudio de la agricultura, propia del hombre) Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria-1807.

Tenemos numerosas reflexiones sobre el agro y sus problemas y las preocupaciones del ilustre intelectual comprometido con su gente, en tiempo de oscurantismo y miseria, sin embargo, Viera nos da una lección de compromiso intelectual y social con el campo y los campesinos de una preocupación de los ilustrados de entonces, de lectura y actualidad. En los tiempos presentes Viera aconseja, informa, orienta y comunica sobre su visión del agro, de la necesidad de mejores apuestas por el pleno rendimiento de la tierra, de los problemas del sobrepastoreo, de la deforestación, de las relaciones de hombre y naturaleza, la agricultura y la historia natural ¿Si soy canario por qué no he de dar razón de lo que hay en estas islas y de lo que no hay? ¿De lo que abunda en ellas y de lo que escasea? Viera, Feijoo y Jovellanos nos han dejado hace doscientos años unas ideas y un compromiso intelectual de máxima actualidad en los primeros años del siglo XXI.

Situemos las siguientes líneas en los campos de la sociedad actual:

"La agricultura no necesita discípulos doctrinados en los bancos de las aulas, ni doctores que enseñen desde las cátedras en derredor de una mesa. Necesita hombres prácticos y pacientes, que sepan estercolar, arar, sembrar, coger, limpiar las mieses, conservar y beneficiar los frutos, cosas que disgustan demasiado al espíritu científico. Hay que rebelarse contra la ostentación científica de los que, tanto por sus títulos como por su forma de hablar, parecen querer presentar sus ideas como dogma secreto, misterioso e impenetrable por las inteligencias ordinarias". Gaspar Melchor de Jovellanos, 1787.

Viera en su doctrina rural pretende acercar las ideas y la teoría a los hombres y mujeres del campo surtidos de utilidad, aprovechamiento de los recursos, superar las declaraciones vacías, propias en aquella época del púlpito y ahora de amplias y numerosas tribunas, no menos retóricas que los púlpitos de antaño.

Este insigne realejero, hace doscientos años, no sólo se preocupaba de las almas, sino que tenía claro que el progreso de los pueblos tenía mucho que ver con la naturaleza y sus cuidadores, en particular de los agricultores y del sabio uso de los conocimientos empíricos y las aplicaciones que la ciencia daba, dependía en gran parte el futuro ambiental y social de los pueblos. Es curioso, cuando nos habla de los abonos, de la rotación del cultivo y de qué manera utilizar la materia orgánica en el campo, para mantener su fertilidad; cuando hoy, en nombre del progreso, nos están hablando de cambios de genes y de otra serie de alteraciones de la naturaleza de los seres vivos, como elemento de progreso para el futuro de la humanidad, mientras creemos, por otra parte, que estamos descubriendo la agricultura ecológica cuando ya Viera hace doscientos años nos dio estas bonitas lecciones de agricultura, ecología y medio ambiente, que, afortunadamente, siguen manejando muchos de nuestros campesinos en lo que aún queda del campo canario.

* Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife