VILAFLOR
DE CHASNA
Eduardo
Pedro García Rodríguez *
El
boticario español establecido en
Vilaflor
es un bello municipio canario situado en el sur de la isla
Chinet (Tenerife). Su altitud en la cabecera es de
Los naturales
son denominados chasnero, ra, debido a que el nombre autóctono del lugar
de Vilaflor era "Chasna", un topónimo
guanche de esta comarca perteneciente al menceyato de Achbuna (Abona).
Vilaflor es el nombre reciente y toma entidad jurídica según las normas
castellanas a partir del establecimiento en el lugar de los criollos de origen
catalán, Pedro Soler y su mujer Juana de Padilla, tronco del mayorazgo de los
Soler en Chasna. Debemos recordar que hasta finales del siglo XVIII el único núcleo
en esta amplia zona de la isla con presencia de habitantes de origen europeo lo
constituía el mayorazgo de Adeje, en manos de los Ponte, familia oriunda de
Portugal establecida en la isla desde los primeros momentos de la invasión y
conquista. Las comunicaciones con este latifundio se efectuaban por la zona
norte, pues hasta entonces los europeos jamás se aventuraban más allá del
menceyato de Güimar, siendo las posesiones de los Ponte en Adeje un núcleo
aislado del resto de la isla. Estos aprovecharon tal circunstancia para
establecer un lucrativo negocio de tráfico de esclavos negros, y posiblemente
de guanches, desde el puerto de
En
el relato, de indudable origen guanche, aunque, como es habitual en los españoles,
cuando tratan temas de la cultura ancestral Canaria, el recopilador introduce
elementos propios del etnocentrismo europeo así como conceptos etnocristianos,
pero que, en definitiva, no
trastocan totalmente el fondo de la narración. En ella podemos apreciar la
iniciativa y capacidad de decisión de la mujer guanche, propia de la cultura
matriarcal de nuestros ancestros. En algunos aspectos, los trabajos impuestos
por Guayota al joven pretendiente nos recuerda -salvando las diferencias- a los
impuestos por Euristeo a Hércules o Heracles,
aunque, en nuestro caso, quien realmente resolvía los problemas era Vilaflor.
Es
muy interesante la referencia que el relato
se hace de la divinidad paredro o secundaria del panteón guanche:
Achuhurahan.
ašu-hu-uraghan,
comp. m. sing. de [Š] ‘que, lo que, el que’, [H] ‘estar en, venir de’ y
[R·Gh] ‘arder’, ‘brillar’.
Veamos la
narración tal cual la transcribió Arriba y Sánchez:
“Un
viejo nos refirió lo siguiente: Era un joven guanche de la nobleza del gran
Tinerfe, el que dedicándose con vivo ardor á comilonas y banquetes y al juego
de apuestas, llegó hasta el punto de consumir todos sus ganados. Viéndose
completamente perdido, desde Goimar donde residía, fué á parar á las cumbres
de Vilaflor. Allí aburridísimo invoca á Guayota (el duende del Teide), aparécele
un fantasma que le impulsa adelante. Andando andando encuéntrase entre unos
gigantescos pinos, donde sale á su encuentro una vieja que lavaba unas pieles
en una charca. La vieja le dice: "Vuelve atrás que vas perdido que por aquí
no se sube á la residencia de Guayota (el Teide); si éste es tu deseo continúa
por este risco arriba". Al poco rato sentadas al pié de una cascada de
cristalinas pero aciduladas aguas (agrias) halla á tres hermosas guanchas
llamadas según ellas Vilaflor, Jaruma y Tindalla. Como la Vilaflor estuviera
lavándose los piés, cójela una soleta de su calzado y se marcha huyendo, pero
ella le grita que se la vuelva y se casará con él. Entrégasele y Vilaflor le
dice: -pues bien yo te ayudaré; mi padre es Guayota (el diablo) á quien tú
buscas y estas otras dos jóvenes tan bellas mis hermanas; mira ahí viene, si
te envía con un gánigo á sacar agua de otra vasija muy grande, es para
empujarte y ahogarte, no vayas, le dices que tu no eres plebeyo.
Le
conduce Vilaflor á su cueva y el padre entonces ordena que para casarle con su
hija, habría de ir á la montaña cercana, zorribarla, sembrarla y recoger las
habas maduras. Fué
á ello con Vilaflor dejando éste una saliva encima de una laja dentro de su
gruta, la que respondía por ella á todo lo que desde su cueva le preguntaba á
gritos su padre Guayota. Entrególe al fin las habas, pero de nuevo le ordenó
que fuera al mar en busca de un collar de cuentas de barro almagre que su mujer
había perdido cuando se estuvo bañando. Fué también en busca del collar y un
anillo de barro, pero en compañía de Vilaflor; al llegar á la orilla del mar
ordenó ella que con una punzante tabona la picase en un brazo y recogiese la
sangre en una pequeña calabaza de agua que al efecto llevaba y que tuviese
mucho cuidado al arrojarla al mar de que no se le derramara ni una sola gota y
que además tocara el Taxaraste y el silvato para no dejarse dormir, teniendo
sumo cuidado y el oído alerta para acudir á sacarla del agua tan pronto como
le llamase; cansada de gritar ella y medio dormido él oyó los gritos y acudió
á sacarla del agua ya medio muerta, tendiéndola en la playa. Como derramó una
gota de sangre fuera del mar, Vilaflor llegó a tierra con un dedo menos en su
mano derecha, aunque trayendo el collar y el anillo.
Al
llegar á su cueva rendidos de cansancio oyeron los gritos de Guayota que decía
-venga el collar y el anillo, sinó mueres-. Se los presentó y entonces la
mujer dice a Guayota -ya ves que es más diablo que tú, pues ha traído lo
perdido en el fondo del mar. -En vista de esto dícenle que le ván á casar con
una de sus hijas. Para escoger una de las tres hace que éstas introduzcan á
través de un tabique de cañas sus manos, y nuestro héroe tira de la que le
faltaba el dedo que era Vilaflor y el padre se la dió para él.
Ya
de noche Vilaflor dice á su marido. -Esta noche padre nos viene á matar a los
dos. –
Al
día siguiente la mujer de Guayota descubrió el engaño y á su marido se lo
contó y riendo le decía: ¿Mira bien, no ves que son cueros? son ellos más
diablos y hechiceros que tú; pero corre en su seguimiento y mátalos en el
camino. Púsose en marcha y al ser reconocido por su hija transfórmase ésta en
Mocan (árbol) y su esposo empieza á recoger en el suelo el fruto caído.
Guayota
le pregunta por la pareja y él le contesta que á nadie a visto pasar.
(Cipriano
de Arribas y Sánchez; 1993:134-37)
*
Miembro de
Egueerw,
wanmendi 7º akano n tallit taynay tagwancet
Fuentes
consultadas:
A
Través de Las Islas Canarias
Cipriano
de Arribas y Sánchez
Ed.
Museo Arqueológico de Tenerife
Cabildo
Insular de Tenerife, 1993.
Amawal
Esekenamazgh
Ignacio
Reyes
www.mundoguanche.com/pages/amawal.htm