¿VIOLENCIA DE
GENERO?, ¿DE QUÉ GENERO?
Ramón Moreno
Parece que esa lacra social, que se ha dado en llamar "violencia
de género", que "engloba" maltratos, vejaciones, agresiones
etcétera, es un mal endémico y generalizado de los tiempos que vivimos, difícil
de erradicar. Una especie de macabro mimetismo que, seguro tiene sus
motivaciones, aunque sean del todo injustificables.
Un fenómeno que, desgraciadamente, siempre ha existido en la historia
de la humanidad, y que ahora tiene mayor repercusión, al difundirse masivamente
las noticias por la globalización de los medios informativos, creando la
consiguiente alarma entre la población.
Pero, ¿qué podemos esperar de una sociedad desarticulada y
desarraigada, carente en absoluto de valores, y donde el estamento familiar está
sumido en una crisis permanente? ¿No se ha dicho siempre, que la familia es la
célula de la sociedad, y que ésta es fiel reflejo de aquella? ¡Ese es el
verdadero quid de la cuestión! La familia está en crisis, cada día más
agudizada. Y al decir "familia", me refiero a la madre, como
referente, al padre -estén casados o vivan en concubinato-, y a los hijos, los grandes
perjudicados en última instancia.
Ese modelo familiar se ha ido degradando progresivamente (proceso que
requiere un estudio sociológico en profundidad) sobre todo, por la traumática
"moda" de las separaciones, a veces dolorosamente necesarias, y que
derivan en una incomunicación abyecta, donde el
respeto mutuo, pilar básico, por otra parte, de la convivencia, da paso al
insulto, la gresca... hasta llegar a la agresión. A ello habría que añadir un
elemento corrosivo de la propia familia: el individualismo atroz en el que
estamos instalados -cada uno va a la suyo-; egoísta e insolidario,
que ha sustituido al amor, el cariño, el afecto, la amistad, la solidaridad... La
familia es sujeto pasivo y permeable de todo lo que ocurre a su alrededor, en
una "sociedad del bienestar" donde todo vale; y objetivo prioritario
de la "sociedad de la información", con unos medios audiovisuales en
los se que rinde culto a lo esperpéntico y chavacano,
y donde se hace auténtica apología de la violencia, magnificando el horror para
ganar audiencia.
La incorporación de la mujer, el gran aglutinador social, al mercado
laboral, ha añadido un plus de desarraigo a la familia, ya que ha repercutido
negativamente en la educación de los hijos, al no poderles dedicar el tiempo
necesario, y quedar éstos a merced de nefastas influencias externas, con todo
lo que ello supone. La cifra escalofriante, de que cada diez minutos muere una
mujer en el mundo a manos de su pareja, pone los pelos de punta a cualquier
persona por muy insensible que pueda ser; que no es mi caso, evidentemente.
Ahora bien, pese a lo espeluznante de estos crímenes o asesinatos, aquí hay que
hacer algunas matizaciones en aras de la innegable realidad social que nos
rodea; y en la que se percibe, que no siempre son solo las mujeres las
víctimas, con ser las más agredidas y llevarse la peor parte. También muchos hombres
son víctimas propiciatorias de esa violencia -en este caso, del género
femenino- y que, por una equívoca concepción "machista" de su propia existencia,
y por ese inevitable prurito de "hombría" mal entendida, permanecen marginados,
en el anonimato, y en la más desoladora indefensión.
Dando por sentado, que cualquier caso de maltratos a una mujer, sea de
la naturaleza que sea, lo considero un hecho execrable que condeno rotunda y
enérgicamente, sin paliativos; lo cierto es, que no toda la "culpa"
la tienen los hombres, que también sufren lo suyo en el más desgarrador de los
silencios. Es verdad, que los muertos son la mayoría de las veces mujeres, pero
conozco a muchos hombres buenos que preferirían morir, antes de que trascienda
que ellos mismos son objeto de continuas vejaciones y maltratos físicos y
sicológicos por parte de su pareja, una "inocente" y
"sufrida" mujer. Lo digo con pena y un profundo dolor, porque se de
más de una caso, verdaderamente sangrantes.
Así que este alegato que hoy hago aquí, no es un posicionamiento
"corporativista", por mi condición de hombre que sale en defensa del
colectivo "masculinista", no. Es la
constatación de la otra realidad social que está ahí, y que pasa desapercibida
ante la magnitud de lo que sucede en el "otro lado", que es lo que
suscita el interés mediático.
Excuso decir, por tanto, que no tengo la menor animadversión hacia las
mujeres, porque yo adoro al sexo femenino y no podía vivir sin ellas (ver mi
artículo, "¡Las Mujeres al Poder!", publicado hace ahora un año en
esta misma Sección). Pero hay mujeres y "mujeres", como hay hombres y
"hombres". Existen mujeres que consiguen que el hombre "coma en
la palma de su mano"; y otras en cambio, que son "especialistas"
en sacar de quicio al más pintado, y actuar con un sadismo impensable en el mal
llamado "sexo débil".
Y encima, cuando se trata de parejas separadas, la Justicia -en muchos
casos injusta- concede a esas mujeres la custodia de
los hijos, aunque la patria potestad sea compartida; produciéndose el hecho deleznable
de que éstas hacen chantaje a sus parejas con los niños, amenazando con ir a la
policía o al juzgado de guardia a la mínima discrepancia. Mucho peor es, cuando
hay una "orden de alejamiento", inmerecida en algunos casos, y donde
entonces las mujeres van de víctimas o se hacen las víctimas, quedando siempre
el hombre como "presunto culpable", ¡Una situación denigrante!
Me niego, pues, en redondo, a aceptar que los hombres seamos por
sistema, los "malos de esta película"; a pesar, de la caterva de
descerebrados y energúmenos que hay en esta sociedad, deplorables sin ningún
"género" de dudas.
Canarias, enero 2007