"Un virus que anda..."

Pedro González Cánovas

Los recientes acontecimientos electorales en el estado español marcan una época distinta y perfectamente definida. Desde la instauración de la actual monarquía, democrática y parlamentaria, nunca se había afianzado tanto el sistema bipartidista como tras la entrada triunfal de Rodríguez Zapatero, auto-erigido como portavoz del "gobierno monocolor" que representaba a la izquierda del Estado. Enfrente, la derecha apenas muestra pequeñas disidencias y se erige como fuerza sólida tras las siglas PP.

Las expectativas de los estrategas políticos del PSOE no se evidenciaban, para muchos de nosotros, como rupturistas con las izquierdas nacionalistas a tal distancia del periodo electoral. Sin embargo, es evidente que ambas corrientes ya están inmersas en dicho proceso. "Hay manchas que no se quitan con un lavado". Quizás se prevea costoso recuperar al electorado y posiblemente más cuando se entra en conversaciones con sectores representativos de la izquierda vasca.

Lo cierto es que nunca se le pudo achacar solidez alguna al bloque que sólo entendió como tal Zapatero, pero evidenciar su fractura y abrir brecha entre ellos siempre fue labor de oposición asumida por la derecha de Rajoy.

Una constante acusación de la oposición al gobierno de Zapatero ha sido su "alianza" con los nacionalismos del estado. Y, realmente, la izquierda catalana fortaleció el soñado "gobierno monocolor" del PSOE, aunque solo se tratase de apoyos circunstanciales o alianzas coyunturales. Ahora, tras una breve visión de los resultados electorales, tampoco hemos de asombrarnos de que se pretenda crear un espacio político en la izquierda, enfrentado directamente con los nacionalismos y que descalifica por igual al PSOE e IU.

El caso empieza a destaparse en Catalunya, tras la publicación de un manifiesto de una novísima "plataforma de intelectuales" que se identifican abiertamente como "antinacionalistas de izquierdas". En poco tiempo, dicha plataforma pasa de la descalificación política a convertirse en un partido político, argumentando que su intención primera es "regenerar" la vida política española. Lo que parece ser sólo se consigue irrumpiendo en el espectro político del estado para fracturar aún más la izquierda, y -posiblemente- "haciendo un llamamiento a la unidad" en el interior de una organización que, es de imaginar, no se atendrá nunca a pactos con tanta "degeneración" que hay en la política española.

Si hablamos de política española y no catalana, es porque ya los intelectuales dirigentes de ACC (Ciutadans de Catalunya) hablan de sus contactos y buena sintonía con el Foro de Ermua y otras corrientes "de distintas autonomías" que entienden la "necesidad de crear en España una federación de partidos no nacionalistas". No fui yo, fueron ellos los que olvidaron en sus declaraciones decir "… no nacionalistas de izquierdas".

Mikel Buesa, presidente del Foro de Ermua, admitió recientemente en declaraciones para la revista "La Clave", haber propuesto a Rosa Díez la formación de una opción política que se llamase "La lista de Rosa" que ellos apoyarían. En Galicia, el catedrático de Derecho Constitucional, Blanco Valdés, admite haber recibido correos electrónicos proponiéndole crear algo similar a "Ciutadans de Catalunya" y se muestra públicamente esperanzado manifestando que en el futuro podrían darse condiciones en Galicia para formar tal tipo de organización. Aunque también hay quién piensa que sólo se trata de "un apoyo desde el exterior".

En Canarias, sin embargo, nunca se ha usado públicamente la expresión anti-nacionalista. No obstante, continuamente han aparecido en el espectro político del archipiélago organizaciones dispuestas a combatir el nacionalismo, desnaturalizándolo, planteando asuntos sociales de imperativa importancia como enfrentados a las líneas nacionalistas y asumiendo exclusivas misiones de "regenerar", "recoger el voto de la abstención y el descontento", "salvar las ballenas", etc.

Lo que no podemos eludir, cuando hablamos de política en este archipiélago, es que aquí llegaron y llegan continuamente personas a las instituciones que demuestran, y en ocasiones acaban declarando públicamente, que no es una ideología la que los retiene dentro de ninguna organización. Vimos cómo militantes del sindicalismo canario (SOC) afianzados en la "izquierda nacionalista", pasearon las carpetas del caciquismo de CC por el parlamento de canarias y acapararon la foto encorbatados y con traje de marca, seguramente, tras haberle donado a Cáritas el sueter de los mítines del SOC. O como se saltaba de la UNI al PSOE, llevando a cabo el mismo cambio de indumentaria.

Para muchos de nosotros aquellos eran oportunistas políticos. Sin embargo, alguien les votaría para llegar donde llegaron ¿no?. ¿Cuándo dejaron de ser "de los nuestros"? No es cuestión de cambiar sólo el vestuario. Tal vez cambiamos nosotros, a pesar de la ropa vieja: Tal vez ellos no cambiaron…

No es bueno entrar a juzgar las trayectorias políticas personales. No es difícil desilusionarse con los propios compañeros. Tal vez por el hecho inevitable de recordar mejor los errores de las organizaciones que los logros y asociar a las personas estos casos. O por idealizar a las personas ignorando, inconscientemente, cuestiones ideológicas que siempre estuvieron en ellas y que no son ni cercanas a las nuestras.

Por eso creo preferible eludir este tema, que da mucho de sí, pero al tiempo dejar abierta una puerta a la reflexión política, haciendo descaradamente la afirmación de que cada opción electoral acapara votos, unas más y otras menos, pero votos; la aparición de cada nueva formación se asigna a un espacio político concreto, por lo que fractura sectorialmente sus espacios próximos, de forma que siempre se favorece a alguien y se le hace mal a otro. Aplicando la posibilidad de que apareciera en Canarias una opción ubicada en la izquierda.

Con la aparición de cada nueva opción política llega otro "canto a la unidad", pero presentando la nueva organización como ello. Da lo mismo: "unidad nacionalista", "unidad de la izquierda"… Una farsa gigantesca con la única razón de enmascarar la conciencia de que se "robarán" votos de las proposiciones políticas ideológicamente más cercanas. Para muchos, eso ya no cuela. Quiero decir: que de pretender crear una nueva opción política hay que demostrar más imaginación, que hoy ya no tratamos con el analfabetismo político de hace treinta años y, para ejercer mañas mucho más antiguas y aún válidas -como la de "separa y vencerás"- hay que convencer, no analizar al electorado con aquella prepotencia de antaño que situaba a "los dirigentes" políticos como burlescos manipuladores de un Pueblo que, hoy, demuestra con su abstención la credibilidad de la mayoría de los políticos. Un apunte más al respecto: Lo de "regenerar la política" o denunciar "tanta corrupción" huele igual de falso y está tan choteado como lo anterior. O sea, que el argumento lo utilizan todas las organizaciones, ya que nadie admite la corrupción. Siempre ha sido así.

En Canarias, una opción antinacionalista que lo oculte sólo tendrá funciones de fracturar los posibles focos de electores más cercanos a las organizaciones ideológicamente próximas, de conseguir la dispersión que favorece realmente a los que, por ideas y acciones, encontramos enfrentados a los intereses de las primeras.

Estas situaciones se acentúan en vísperas electorales. Tiene fácil explicación: "un virus que anda..."