Visión mercantilista de la Educación

Álvaro Martín Corujo

«Educación se compromete a crear dos grupos de 4º curso en el Colegio Juan XXIII de Tazacorte.

¡Felicidades al Colegio y a su lucha!

Pero ¿Y si no se hubieran movilizado? ¿Qué ocurrirá el próximo curso? En el curso 2004-2005 las escuelas unitarias se movilizaron para conseguir un derecho, un maestro de Francés, que nos correspondía y corresponde, y que se nos negó hasta que el 14 de octubre hubo una manifestación en S/C de La Palma. Ya este curso vuelven a regatear con este área (también con las demás), intentando ahorrar con la educación de nuestra gente. Y aparte de eso nos quitan más especialistas y nos reducen las plantillas de este profesorado, contra normativa y reclamando (no mendigando) lo que nos corresponde. Saben bien estos pseudo gestores que esto va a hacer que cada vez se den peor estas áreas y en peores condiciones y la consecuencia es que irán desanimando a los padres de matricular a su hijos en estos centros.

"Acondicionan" a su medida la normativa existente y no respetan nada. No respetan algo que éticamente debería ser inviolable e innegociable la educación de todos y cada uno de los niños, niñas y jóvenes que se encuentran en esta bendita tierra a la que poco a poco le han ido quitando y le siguen quitando y le quitarán el activo más importante que tiene un pueblo la formación de las nuevas generaciones. Acaso lo que interesa es que cada vez exista menos conciencia de pueblo y menos capacidad de protesta y de análisis crítico. Cada vez nos ponen más contra la pared. El profesorado está cada vez más desencantado e impotente al ver como se menguan los recursos y las exigencias sociales son cada vez mayores.

Si algo va mal (bajos resultados del alumnado) es el profesorado el "último culpable". En la desconocida ley de compensación de desigualdades (como todas las iniciativas de la consejería se pusieron todas las condiciones para que no existiera debate social) que nos dejo en herencia el Sr.. Ruano se habla de corresponsabilidad. Pero una de las partes se olvida de que hay que emplear los medios y recursos necesarios y que hay que crear ilusión entre el profesorado para que pueda haber una mejora real en el rendimiento de los alumnos. La ilusión se crea cometiendo injusticias y sobrecargando al profesorado, aparte de contribuir a que la valoración social de nuestro trabajo vaya en picado y cada vez seamos la pelota de las frustraciones de una sociedad profundamente infeliz e insolidaria.

Pero ya se sabe esto es pensamiento que no se puede contar como se cuentan los alumnos en las aulas, que al fin y al cabo es el único criterio que en la actualidad maneja la consejería. Y si, aún lo manejara con equidad y justicia, sería insuficiente, pero al menos cuando sube la ratio, habrían desdobles sin necesidad de manifestarse.

Exhorto desde aquí a reflexionar a quienes ostentan cargos directivos y a quienes tienen la misión de asesorar al profesorado en sus problemas. ¿Estamos en la senda correcta? ¿Lo que se está haciendo ahora no pasará factura en infelicidad y problemas sociales? ¿Es buena una visión tan mercantilista de la Educación?

Septiembre de 2005.

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