Y ahora las siete estrellas verdes

Cristina Tavío

Hace una semana mi compañera de partido, Pilar Merino, reconocía desde estas páginas [del periódico El Día] la perplejidad que nos ha causado el apoyo decidido en el Congreso de Coalición Canaria al propósito absurdo de los socialistas de dialogar, o lo que es peor, negociar, con los terroristas de ETA.

Explicaba Pilar Merino con mucho fundamento que no es capaz de explicar cómo una opción política conservadora como Coalición Canaria se abonaba ahora al desvarío político de Zapatero que da oxígeno a una banda criminal especialmente cercada después de ocho años de firmeza y de aplicación del Estado de Derecho a través de la acción policial y judicial.

Una semana después, lo reconozco, tampoco sabemos muy bien cómo explicar que Coalición Canaria asuma como propia la bandera independentista con las siete estrellas verdes y pretenda acabar con la bandera de Canarias, la bandera de todos, nuestra bandera. Y la pregunta surge de inmediato: ¿Hacia dónde camina Coalición Canaria?

No dudo que tras esta tentativa de corte independentista, los nacionalistas en el poder pretendan distraer, confundir a la ciudadanía, con una cuestión que nada en absoluto tiene que ver con sus necesidades y hasta estén deseosos de que alguien les combata en el debate público. No me importa, ni yo ni mi partido escurrimos el bulto. Somos canarios, defendemos Canarias y estamos orgullosos de la bandera canaria. La de todos, no de la los independentistas, ni la de los socialistas ni la de los populares, la de todos.

Porque basta leer la información publicada por EL DÍA hace tan sólo unas semanas para conocer el origen de la bandera con la que ahora los nacionalistas en el poder se arropan alborozados. El origen se sitúa en 1964 cuando Antonio Cubillo fundó en Argel el Movimiento de Autodeterminación y la Independencia del Archipiélago Canario que perseguía una revolución nacional para que nuestro archipiélago se constituyese como Republicana Independiente Africana.

No lo olvidemos, un movimiento separatista que practicó la lucha armada en los días más duros de la transición democrática en Canarias, como el propio Cubillo reconocía orgulloso en este diario hace tres meses. "Nosotros pusimos bombas en cantidad, claro que sí", decía entonces sin el menor rubor. Sin comentarios.

Pero volvamos a Coalición Canaria y a la enseña independentista. En la vida, cuando uno no sabe a ciencia cierta por dónde va, es muy posible que no llegue a ninguna parte. En política, si uno no tiene un rumbo, una ideología, unos principios, se pierde. Un día en el oportunismo, al siguiente en la insensatez. Pero la situación se agrava si la deriva se produce precisamente en una opción política que tiene la alta responsabilidad de gobernar en solitario una tierra como Canarias.

Cuando se deberían estar buscando puntos de encuentro, diálogo y consenso para avanzar en minoría, se ofrecen desencuentros, elementos de crispación innecesaria y tensión. No hay que extrañarse en exceso, ocurre en el resto de España gracias a un PSOE errático y sin rumbo que marea a los españoles. Lo preocupante es que cada día que pasa parece que el desvarío socialista en el gobierno de nuestro país es contagioso. Confiemos en que no sea una epidemia.

* Presidenta del Partido Popular de Tenerife

**Tomado del el periódico tinerfeño El Día, 5-06-2005