Y al fondo la tragedia

Juan Jesús Ayala

Parece que no va con nosotros, que lo que sucede en la lejanía, lo que nos hacen ver por la televisión, gemidos, muertes y desolación es para otros, lo nuestro es otra cosa.

Lo nuestro, el escenario en que nos movemos le damos prioridad como si fuéramos protagonistas aunque sea de la nada, pero dentro de la insignificancia, eso sí, nos agrandamos como gigantes con pies de polichinela ante lo que muchos seres humanos están soportando y que desde un mullido sillón contemplamos como si fuera una película más de ciencia ficción.

El mundo real es el nuestro, el que nos rodea, el que vemos a un palmo de la nariz y no el otro, el que martillea la conciencia y al que echarnos para otro lado porque nos molesta, puesto que la miseria de los demás puede que nos aturda y no queremos compromisos de ninguna clase.

Lo nuestro es otra cosa. El estatuto catalán con todas sus controversias, si se aprobara o no, si va suponer una fractura del partido en el Gobierno, si Rodríguez Zapatero perderá credibilidad y que de nada le ha valido la nueva ley del divorcio ni el matrimonio entre los mismos sexos y menos aun la Alianza de civilizaciones. Lo nuestro también, y ahí sí que se nos va la vida, al menos eso parece, es la reforma del estatuto de Canarias, que si se va llegar tarde, que si los topes electorales no se ajustan a lo que debe entenderse por una democracia fina; que si el PSOE no esta de acuerdo .porque no se considera por parte de CC la lista regional; lo mismo le sucede al PP. O que las obras del tranvía están mortificando a miles ciudadanos que no acaban de entender su necesidad; o esos acuerdos fallidos con Marruecos; o la tomadura de pelo por parte de los responsables de la educación que incide de manera determinante sobre el fracaso de una sociedad camino de la incertidumbre. Eso sí parece forma parte de lo nuestro. Lo que no deja de tener cierta importancia y relevancia, pero lo que choca y debe producirnos cierto malestar y dolor de estómago es que ahí se acaba el mundo, que lo que sucede más allá no existe, todo se termina o bien en el Faro de urchillas o en el de La Entallada.

Y no es así. En Irak son tantas las muertes y la tragedia que asóla el país por la impericia e infantilismo de los americanos que ya hasta se pone en duda si aun quedan personas con vida en Bagdad, en Talfar o Ninive. Lo que está sufriendo la población de Pakistán, donde hay miles de muertos y decenas de miles siguen sin recibir ayuda debería ser un aldabonazo en la conciencia mundial pero, ya vemos, todo queda en tardanzas de esa ayuda, torpezas y buenas intenciones. O lo de Guatemala donde los campesinos, los desheredados de la tierra, como siempre, son los más que sufren las consecuencias de la fuerza destructiva de la naturaleza a los que se les ha secuestrado la vida y se les ha situado en el disparadero de su extinción como seres humanos.

Y lo más sangrante porque nos toca de cerca es el éxodo provocado por Marruecos con la aquiescencia del estado español de los miles de subsaharianos que han sido abandonados a su suerte por más que nos quieran dulcificar la situación Moratinos y Mohamed Benaissa. żEs que el Ministerio de Exteriores de España aun no se percata que Marruecos hace oídos sordos, que tiene una política anexionista determinante y todo concluye con sonrisas bobaliconas que no dan solución al respeto que se debe tener por los derechos humanos y que un Gobierno inquisitorial como el marroquí no quiere saber lo que es eso? Y podrán decir lo que les venga en gana, pero muchos de los que fueron capturados en los aledaños de Melilla y de Ceuta hoy están en el Sahara Occidental al lado de un muro plagado de minas y cercados no por alambradas de espinos, si no situados sobre una alfombra mortífera que puede saltar por los aires en cualquier momento.

Pero no importa que todo esto ocurra. Lo nuestro es fabricarnos una pantalla artificial que nos entretiene, que nos aleja de nosotros mismos, que nos invalida, aunque pensemos lo contrario, y que, eso sí, nuestro silencio y tal vez nuestro estupor puede conducirnos a que seamos testigos mudos de una historia que da la impresión no va con nosotros. Lo nuestro es dar la espalda a cuestiones sangrantes, las de aquí, y no digamos nada sobre las que lejos, como si fueran insubstanciales o etéreas se están escribiendo con las letras del miedo y de la tragedia por seres humanos vejados y ultrajados puestos en la picota por la insolidaridad mas atroz.