El territorio de Ymovard
y los Juegos Beñesmares de Abona
Francisco Castellano
Al estar próxima la celebración de la bajada de la Virgen de Abona desde la Villa de Arico hasta la Punta de Abona, aprovecho la ocasión para realizar un análisis personal tras una labor de consulta y lectura de documentación relacionada con la historia de esta comarca, concretamente el estudio de algunos puntos situados en una franja de terreno que comprende lateralmente desde la montaña de Fasnia a la montaña de La Centinela (por encima del actual Abades), y verticalmente de costa a cumbre con el caserío de Icor en el centro, estos dos últimos en el municipio de Arico.
Este trabajo surgió para querer dar respuesta a una pregunta que formuló un amigo cerca del "por qué la ubicación en esa época de una ermita, en un lugar tan visible". Así, gracias a la ayuda de autores e investigadores contemporáneos y sobre todo a la Historia de Pueblo Guanche de Juan Bethencourt Alfonso en edición anotada por Manuel A. Fariña González empecé esta aventura del conocimiento de una parte del menceyato de Abona, basándome en la intuición, en las ideas que iba madurando a medida que leía sobre ello y en la utilización de los numerosos topónimos existentes en la zona como testimonio. Esto, junto a los trabajos de campo que afortunadamente aún permanecen, me ayudarán a describir y desarrollar la importancia prehispánica que este territorio y sus pobladores con sus costumbres pudieron tener en la sociedad guanche de Tenerife.
Antes de comenzar con la exposición, decir que el rigor histórico debe ser enjuiciado por los profesionales en esta materia. No obstante, sería conveniente considerar que toda aseveración en estos temas de la historia prehispánica de Canarias se ve difuminada por la oscuridad y dudas que existen sobre los mismos, debido a la escasa e inexacta información de que se consta. Los primeros cronistas lo hicieron bastantes años después de haber ocurrido los hechos, con desconocimiento de la lengua autóctona y de una manera poco objetiva, por lo que reconstruir con fidelidad el habitat y costumbres de los primitivos habitantes de la isla es difícil.
La isla, en esa época, presentaba una distribución demográfica donde colonizadores y naturales canarios formaron la población residente después de la conquista, estructurada en tres grupos: por un lado, los que vivían en villas o caseríos urbanizados (los vecinos); el polo opuesto, formado por el grupo de los alzados, que no se sometieron jamás a la autoridad de Castilla; y en el centro la tercera variedad de habitantes de la isla llamados por antonomasia los guanches, que vivían aislados de los caseríos y, aunque convertidos al cristianismo, seguían con sus tradiciones.
Haciendo una descripción sintetizada acerca de algunos datos del menceyato de Abona que se pueden aplicar al área objeto de estudio, se puede decir que como zona costera era zona privilegiada y estaba comunicada con el norte de la isla mediante franjas comunales de costa a cumbre, utilizadas para la trashumancia estacional y que junto con Taoro y Güímar eran las más pobladas, donde predominaba el pastoreo, siendo propicias para la pesca y la marisquería. En el mapa del ingeniero italiano L. Torriani del año 1588 ya figuran tres entidades de población en el sur de la isla, y una es Abona, donde en la costa señala Abrigos caleta, supuestamente la bahía del Porís y la de Abades, y por encima un punto como ubicación de la capital del menceyato. Como dicen algunos autores, lo más probable es que el mencey de Abona se encontraba en la zona de la actual Cisnera y los colonizadores se establecieron al otro lado del barranco, en el lugar conocido como el Lomo. También son frecuentes las menciones desde mediados del siglo XV al puerto del Orís o Porís y Abrigos de Abona en Arico, definidos como puertos más seguros, donde era más fácil desembarcar y avituallar los barcos que llegaban a la costa, supuestamente fenicios, cartagineses, griegos, romanos, berberiscos y europeos; al igual que producirse la comunicación con los naturales.
Este espacio coincide con estar comprendido en un bando o reino de paces, en los que la población aborigen tradicionalmente dedicada al pastoreo se vio poco desplazada, siguiendo por largo tiempo con sus usos y costumbres. También tenemos que en un lugar de este término se concentró una parte de población nativa que quedó en la isla después de la conquista, los alzados. Esta franja de territorio objeto de estudio atesora el paisaje natural más propicio en la época de la subsistencia de sus pobladores, donde los espectaculares barrancos de Erques, la Linde, Tamaya, Tajo, etc., con sus trazados de mar a cumbre proporcionaban vivienda, agua, alimentos, corrales, cementerios; así como el contar con rutas y caminos utilizados para la trashumancia del ganado y de paso para los habitantes: que moraban en la costa en invierno y en verano en tierra adentro.
Centrándome en el primer apartado del encabezamiento, tenemos que la palabra Imobac para referirse al mencey de Taoro como gran rey y posiblemente a su condición de noble está certificada por las paces del Valle del Bufadera de 1464. Posteriormente se recoge esta voz en dos Datas de repartimiento de tierras recogidas por el doctor Serra Rafols (1978), donde en una aparece la palabra Ymovard para señalar un valle que comprende los lugares de Tamaduce y Los Abrigos, zonas del actual Arico, y en la otra con los términos Agache, Imobade y Abona. Por lo que el topónimo Ymovard, Imobad o Imobar es una antigua voz guanche que surge también al referirse a la delimitación de los menceyatos de Güímar y Abona según muchas Datas, y posiblemente constituyó un territorio "autónomo" dentro del menceyato de Abona, zona muy transitada por los pastores y rica en plantas forrajeras, abejares salvajes, clima diferente, barrancos con cuevas para su auchones (viviendas) y agua, por lo que no era de extrañar la propiedad de la misma por parte de la nobleza isleña. Además, en relación al límite oriental del menceyato de Abona, la mayoría de los autores lo sitúan hasta el barranco de Herques, barranco separador del territorio con el de Güímar, donde aparecen las comarcas de Agache y Chimaje (Escobonal), que se han distinguido siempre de la parte de Güímar como dos comarcas perfectamente diferenciadas geográficamente y con una visión de la parte sureste; y para algunos autores la voz Chimaje y Arico pueden estar relacionadas con un área de asentamiento de gente de noble linaje, al igual, algunos identifican al notable guache Gaspar Hernández y a sus descendientes con el último Rey de Abona, con residencia en Icor.
Este barranco de Herques lo describe Viera y Clavijo como uno de los más ricos de la isla, desde el punto de vista arqueológico al descubrirse más de mil momias, y según Abreu Galindo los canarios enterraban a los nobles y hidalgos metiéndolos en cuevas que tenían para este efecto. Ya los villanos y gente común y plebeya los enterraban en sepulturas y hoyos fuera de las cuevas.
En esta región, como se ha dicho anteriormente, predominaba la ganadería; fray Alonso de Espinosa relata que a la entrada de los españoles había más de doscientas mil cabezas de ganado en la isla, principalmente cabrío, que constituyó la principal fuente de subsistencia de los guanches. En este sentido localizamos nombres de lugares que tienen relación con el predominio pastoril en esta zona como es el Llano del Bailadero, al poniente de montaña Magua, así encontramos una explanada y unos corrales aprovechando la orografía del terreno que nos dan una idea de la magnitud del rebaño que se reunía; pudiendo construirse en la actualidad las rutas o vías naturales utilizadas para el trayecto de los rebaños en esta franja, podemos citar la ruta de Tamadaya, que parte desde la zona costera del barranco (Las Ceras) e inmediaciones hasta el Valle de Tamadaya; y otra desde el Bailadero hasta Las Cañadas, que pasa por Chajaña, voz guanche relacionada con lugar de estacionamiento ganadero, que está en una zona de abundante agua.

A montaña de Magua, junto a las de FaLania (Montaña Santa) y La Centinela, auténticos parajes naturales, pudieron haber tenido un gran significado religioso, de reunión y de comunicación. Lo que lo demuestra la visión que se tiene de estas en todo el territorio, perfectas para establecer atalayas y comunicarse con silbos, busios, humo y hogueras. Además, la toponimia identifica a esta zona de Magua con lugares donde se realizaban posibles prácticas religiosas, relacionado con los antiguos ritos de fertilidad y fecundidad, de bautismo e iniciación, así nos encontramos con charcos perfectamente defendidos de accesos de animales, y cerca un tagoror, que generalmente estaban situados en lugares especiales, al igual que las cuevas funerarias y los eres; Si en la mar no encuentras agua, vete a los eres de Magua.
Con todo ello podemos concluir este primer apartado diciendo que antiguamente existía un territorio Ymovard perteneciente a la nobleza situado en el menceyato de Abona, que destacaba por contar con una economía basada en la ganadería, que tenía poblados aborígenes asentados en sus auchones de los barrancos, preferentemente cerca de puntos de agua como Tajo e Icor, este último entre maravillosos barrancos que se entrelazan. También tiene unas bahías en su costa propicias para puertos naturales en los que podían aprovisionarse las naves de las expediciones de agua, ganado, madera, pez, miel, atún, quesos, etc., y donde era costumbre la celebración de unas "fiestas" que realizaban en la Punta de Abona, donde adoraban a una diosa como expongo a continuación:
Se cree que existía un aislamiento socio-político entre los distintos menceyatos, incluso entre los colindantes, pero tenían prácticas comunitarias como era la celebración de grandes ceremonias en épocas de faenas agrícolas y ganaderas que se realizaban todos los años; una de ellas era la Fiesta de la Cosecha o Beñesmen, que estaba reglamentada por los menceyes y tenía procesión dedicada a la diosa Chaxiraxi. Este puede ser el origen de determinadas prácticas religiosas aparentemente cristianas que han llegado a nuestros días y que tienen un elemento autóctono sincre-tizado por conceptos cristianos, donde Chaxiraxi, la Hija del Sol, La Madre Tierra pasa a adorarse bajo la forma de una imagen cristiana: La Candelaria.
Dentro de estas fiestas destacaban los Juegos Beñesmares, los cuales tenían una duración de nueve días y donde se celebraba la recolección de las cosechas con juegos deportivos, abundantes festines, danzas y cantos, bodas, etc. Es de suponer que para estas prácticas necesitaban un terreno llano, amplio y con arena, por lo que el terreno de la Punta de Abona e inmediaciones es propicio para ello. Ya describen los primeros cronistas un siglo después de la conquista que se encontraba cera en las playas que se usaba para hacer velas (candelas) con las que los indígenas rendían culto a su diosa en el Socorro y en Abona. Fray Alonso de Espinosa relata otra imagen dicen haber aparecido en la playa de Abona, de alto poco más de un palmo, que la llaman Nuestra Señora de Tajo.
La diosa Abona se veneró primeramente como Virgen de la Luz, si bien era más conocida popularmente por topónimos relacionados con el templo, de Tajo y de Abona. Sinembargo, también se le dio título de Virgen de Candelaria. Posteriormente el clero católico fue transformando algunos de estos oratorios privativos en templos cristianos y sustituyendo sus ídolos por imágenes de santos. Pienso que aunque existe oscuridad y dudas sobre si se trataba de una sola imagen la primitiva Virgen de Abona-Tajo-La Luz-La Candelaria, lo que sí queda es la existencia de dos templos de adoración, el de La Punta de Abona y las casas de La Luz cerca de Tajo, por lo que creo que o bien se trasladó la imagen de la costa para resguardarla o posiblemente en La Luz los nativos adoraban a una diosa, quedando al final dos imágenes y dos procesiones, una venerada por los guanches y la de Abona por un nuevo grupo de pobladores, los vecinos. En cuanto a la Virgen de Abona, si bien se ignoran detalles de la imagen de la escultura (además en el año 1741 el templo sufrió el saqueo de los piratas argelinos), tampoco se menciona el color de la imagen. Pero sí se conserva la Virgen de Tajo, una valiosa pieza artística y supuestamente de influencia flamenca en los primeros años del siglo XVI.
Para terminar, referente a las dos esculturas primitivas que aparecen con el nombre de La Candelaria, es decir, la del Socorro y la de Abona, me inclino a relacionarlas con las incursiones europeas en el archipiélago comandadas por normandos, pues se sitúa la aparición de la Virgen en el Socorro antes de la conquista de Lanzarote por Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle, caballeros naturales del reino de Francia, y por ese siglo estaba disponible una flota y una posible financiación para emprender este tipo de aventuras, como era la de los templarios, donde hay un elemento característico en la imagen de la Virgen de Candelaria que es el color moreno; investigaciones histórico-artísticas hechas en torno a la primitiva imagen de la Candelaria demuestran que la citada escultura tenía características góticas y procedía del continente europeo.
Por lo que respecta al santuario de Abona, se reseña que eran importantes las peregrinaciones de gente del norte de la isla, así como los que venían del actual Escobonal y Fasnia, quedando aún en el recuerdo de nuestros mayores las espléndidas fiestas que se celebraban en el mes de septiembre en la Punta de Abona. En este sentido sería importante que esta tradición tan antigua tenga en nuestros días el esplendor que se merece, y que exista el interés de buscar la diversidad de posibilidades que nos ofrece el marco de una historia tan vaga como la que nos ha llegado a nuestra época. Por eso la "romería" de la Virgen de Abona es la ocasión que tiene el pueblo para rescatar sus costumbres.
Por último, agradecer el apoyo del arquitecto tinerfeño Leopoldo Tabares por animarme a escribir sobre el tema, y a mi padre por su valioso testimonio.»
Bibliografía
Le Canarien; Manuscritos, transcripción y traducción. Berta Pico, Eduardo Aznar, Dolores Corbella. Instituto de Estudios Canarios.
Historia de la conquista de las siete Islas Canarias. Fr. J. de Abreu Galindo. Goya Ediciones.
Historia del Pueblo Guanche. Tomo I, II y III . Juan Béthencourt Alfonso (Edición anotada por Manuel A. Fariña González). Francisco Lemus Editor.
Historia de Arico. Domingo Martínez de la Peña y González. Ilustre Ayuntamiento de la Villa de Arico.
El Menceyato de Abona. Juan Francisco Delgado. Centro de la Cultura Popular Canaria.
Costumbres del Pueblo Guanche -Raúl E. Meló Dail-. Editorial Benchomo.
El topónimo genérico Erques y otras voces relativas al pastoralismo canario. Francisco P. de Luka.
Jorge Grimón: Los Mogotes, Abona y los Cristianos. Leoncio Afonso.
Topónimos guanches. Francisco García-Talavera.
Estudio demográfico de la población guanche de Tenerife. Conrado Rodríguez-Martín.
Las tradiciones de El Socorro. Javier Eloy Campos Torres.
Fuente:
Publicado en El Día y en La Gaceta de Canarias