África, más allá de estereotipos (IV)

Ramón Moreno


Al contrario de Jean-Paul Gouvéritch (ver entrega anterior [III]), y justamente contra los riesgos de la aculturación a través del con­sumo, es por lo que Cheikh Ti-diane Diop (L'Afrique en atien­te) hace un llamamiento a los jó­venes africanos.

 

Este economista diplomado en las universidades de Dakar, Borgoña y Franco Condado afirma claramente que no se puede res­ponsabilizar del atraso económi­co del continente a su identidad, sino más bien a la negativa de la "comunidad internacional" y de los propios países africanos a to­mar en cuenta "las lógicas cultu­rales como dimensiones esencia­les del desarrollo".

 

A la misma conclusión habrían llegado organizaciones como la ONU que -explica Diop- desean corregir las modalidades domi­nantes. El autor senegalés reivin­dica el derecho a un desarrollo equilibrado, respetuoso con el ser humano: ¿Acaso las tasas de crecimiento reflejan los índices de felicidad de las sociedades? Georges Courade (ver entregas [II] y [III]) comparte este punto de vista cuando considera que "re­sulta cómodo para los técnicos del desarrollo el verse confronta­dos a las resistencias, a las nega­tivas o a las adaptaciones a me­nudo legítimas de quienes su­puestamente deberían benefi­ciarse con su acción; e incriminar a las mentalidades arcaicas o re­trógradas, mientras que las ac­ciones que proponen pueden ser inadaptadas, contraproductivas o peligrosas para las personas a las que están dirigidas".

 

Menos categórico, Jean-Pierre Foirry -ya citado- sin dejar de reconocer a la cultura africana "valores de futuro sobre los que podrían fundarse un modelo afri­cano de desarrollo sostenible", considera que "la crispación en torno a las tradiciones y a la ver­dadera ausencia de cambios en las mentalidades y las conduc­tas" es una de las trampas que tornan la crisis de desarrollo "ca­si imposible de resolver a corto o medio plazo". La otra trampa se­ría demo-económica: el exceso de población y sus consecuencias sobre la integración del conti­nente africano a la economía mundial.

 

Según Foirry, es necesario romper el círculo vicioso creado por un excesivo crecimiento de­mográfico, que prácticamente impide cualquier tipo de ahorro y, consecuentemente, gastos so­ciales o inversiones. El postulado de una demografía suicida es vis­to de manera diferente en el libro de Courade, L'Afrique des idees reçues. Desangrada e insuficien­te poblada durante cuatro siglos, África registra desde 1960 un crecimiento demográfico "desen­frenado y una urbanización galo­pante". Ese notable desarrollo, que debería durar al menos otras
dos
generaciones, sería en reali­dad coyuntural y necesario para un reequilibrio histórico. En efecto: desde 1992 la tasa de na­talidad comenzó lentamente a disminuir, y el actual crecimiento "constituye una trivial recupera­ción para que África vuelva a ocupar el lugar mundial (17%) que ostentaba ¡en el siglo
XV!". Para Courade y su colaboradora Christine Tichit, ese avance de­mográfico podría incluso jugar a favor de África, como ocurrió en Asia, más aún en la medida en que los menores de 15 años, que representan el 45% de la pobla­ción, están mejor preparados que los del pasado. El verdadero de­safío del siglo XXI no residirá por tanto en la explosión demo­gráfica sino "en buscar un creci­miento económico mundial más equitativo".

 

Otros factores, fundamental­mente geográficos, explicarían la persistencia del subdesarrollo en
África. Como sostiene Foirry, "los países africanos acumulan inconvenientes y desventajas mayores que las de otros países pobres que recientemente han lo­grado salir por sí mismos de sus trampas de pobreza". "Trampa de pobreza" que los economistas liberales denominan a la situa­ción en la que cae una persona desempleada, que rechaza un empleo porque la diferencia en­tre el salario prometido y la ayu­da que recibe por desempleo no constituye una motivación sufi­ciente. Así, continúa Foirry, uno de cada tres africanos vive en un país que no dispone de acceso al mar, frente a solo uno de cada 30 latinoamericanos y uno de cada 50 asiáticos. Principalmente Áfri­ca Tropical, que es la región más pobre del continente y que con­centra a casi todos los Países Me­nos Avanzados (PMA) del mun­do, estaría en desventaja a causa de su geografía.

 

Y aquí llegamos, a un aspecto de capital importancia. ¿Está realmente Canarias en desventa­ja por su geografía, como nos han hecho creer? Si tenemos en cuenta los parámetros geográfi­cos manejados por Foirry para nuestro continente, es evidente que Canarias no está en esa tesi­tura. Es más, los canarios (al 100%) tenemos acceso al mar; y las desventajas e inconvenientes que esa realidad geográfica nos ha impuesto -convenientemente explotada por España-, estarían solventados si ya fuéramos un Archipiélago soberano. ¿O no es a esto a lo que se refiere el sesu­do editorialista cuando diaria­mente invoca la soberanía para Canarias? Téngase en cuenta, que en ese caso, Canarias sería la quinta potencia de África por PIB, renta per cápita, desarrollo, infraestructuras, nuevas tecnolo­gías e I+D, por detrás de Sudáfrica, Argelia, Nigeria y Marruecos. ¿Les parece poco?

rmorenocastilla@hotmail.com

África, más allá de estereotipos (III)

África, más allá de estereotipos (II)

África, más allá de estereotipos (I)