África, más allá de estereotipos (V)

 

Ramón Moreno

 

   Según Jean-Pierre Foirry (L'Afrique continent d'avenir?) ya citado, otros fac­tores, fundamental­mente geográficos explicarían la persis­tencia del subdesarrollo de nues­tro continente africano; sobre to­do, en aquellos países que no tie­nen salida al mar.

 

   Principalmente África Tropi­cal, que es la región más pobre del continente y que concentra los Países Menos Avanzados (PMA) del mundo, estaría en cla­ra desventaja a causa de su geo­grafía. Por ese motivo se enfrenaría a problemas propios: coste de transporte elevados, merca­dos reducidos, zonas áridas con pocos ríos para favorecer el rie­go a gran escala, poblaciones agrícolas dispersas, enfermeda­des endémicas específicas de zonas tropicales... Los Estados tro­picales, incluso los mejores go­bernados, chocan con el proble­ma de las trampas de pobreza (ver entrega anterior [1]). Por otra parte, ambos factores están vin­culados: "Un país no es pobre so­lamente porque está mal gober­nado, sino que también está mal gobernado porque es pobre".

  

   Y aquí procede hacer un inci­so, para recordar lo que estable­ce el Derecho Internacional Ma­rítimo en vigor, a propósito de los Estados sin litoral. En efecto: La Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Dereho del Mar, firmada en Montego Bay (Jamaica, lugar de esta­blecimiento de la Autoridad Ma­rítima Internacional), el 10 de di­ciembre de 1982, vino a consa­grar una nueva Convención Multinacional de los Espacios Oceánicos. Una auténtica Cons­titución de los Océanos, que consta de 320 artículos, agrupa­dos en 17 partes principales y nueve anexos técnicos; aplicable a todos los países de la Tierra: desarrollados o en vías de desa­rrollo, ricos y pobres, con costas o sin ellas.

 

   Uno de los aspectos más rele­vantes de esta nueva rama del Derecho Internacional Público, es la institución de la Zona Eco­nómica Exclusiva de 200 millas, cuyo antecedente es el Mar Pa­trimonial de la doctrina latinomericana. En la parte V del vi­gente Convenio del Mar, se en­cuadran los artículos 69 y 70, Derecho de los Estados sin lito­ral, y Derecho de los Estados en situación geográfica desaventa­jada respectivamente, que posibilitan a los Estados africanos a los que alude Foirry, poder pa­liar sus desventajas geográficas. Otra cosa es, que los continuos desencuentros de los gobiernos de turno, y las secuelas del colo­nialismo europeo que subyacen en la política africana, hayan im­pedido acuerdos entre los Esta­dos ribereños y los de mar aden­tro.

 

   Pero volviendo a los planteamientos de Foirry, vemos que África requiere una revolución larga y difícil; que ya está reali­zándose en todas partes, bajo el impulso de la juventud y de las poblaciones urbanas, que ahora son mayoría. Esa revolución solo estará terminada, cuando los países sean democráticos, la de­pendencia de la ayuda exterior sea menor, las sociedades se "desinformalicen" y las activida­des y los empleos modernos se­an suficientes para permitir el desarrollo de una clase media di­námica. "No queda más que avanzar con toda el alma en lu­gar de ponerla a resguardo, co­mo decía Cheikh Amidou Ka-ne".

 

   Se trata, pues, de una visión optimista que no comparte el re­nombrado economista senega-lés, Cheikh Tidiane Diop (L'Afrique en atiente?), ya que implica una "normalización" de África y la renuncia a una vía
propia y original. Para este au­tor, "África no necesita ser ayu­dada ni asistida. Necesita, sobre todo, ser considerada".

 

   Tidiane Diop, parte de la cri­sis del modelo occidental, y así lo explica en el libro citado: "En ninguna parte, la globalización procede a igualar las oportunida­des y las economías. Al contra­rio, en todas partes profundiza y polariza las diferencias (...). To­das las formas tradicionales de organización social han sido de­rruidas por la apisonadora de la economía aculturizante. Las co­munidades de solidaridad de ba­se se disolvían a medida que el mercado extendía su control so­bre todas las esferas de la organi­zación social inmiscuyéndose en la vida cotidiana de la población. La cuestión social, alimentada por la miseria cultural y por desi­gualdades ante nunca vistas se tornó candente", explica Diop.

 

   En medio de ese contexto, África se ha visto obligada a reaccionar y a contar sobre todo con sus propias fuerzas. En rea­lidad, la lucha para mantener un cierto modo de vida no deja mu­cho espacio a solidaridades de ti­po internacional. Esas fuentes de solidaridad habrán de extin­guirse a causa de las amenazas que existen sobre el nivel de vida de la población en los países de­sarrollados.

 

   La toma de conciencia de las diferencias entre las sociedades, y el fracaso de algunas de ellas en lograr un cierto desarrollo, resulta del reconocimiento de su fracaso por parte de algunos Go­biernos, de especialistas, de ins­tituciones internacionales como la ONU, y de otros organismos que intervienen particularmente en los países llamados del Tercer Mundo, verdaderos sufridores de la mundialización liberal. Para Diop, "El mito economista radi­cal, se hunde en las incoheren­cias y en las resistencias de cier­tas realidades socioculturales".

 

rmorenocastilla@hotmail.com

 

[1] África, más allá de estereotipos (IV)