África, más allá de estereotipos
(y VI)
Ramón Moreno
Para
Georges Courade, director
del Instituto francés de Investigaciones para el Desarrollo (IRD) ya citado,
son "ignorancias científicas" algunos de los estereotipos que
enmarcan la realidad africana. De su magnífico libro L'Afrique
des idees recues, Belin,
París, 2006, pag. 37, extraemos algunas de sus
reflexiones más significativas: "Para los que no tienen nunca suficiente,
África subsahariana (esa que nos toca más de cerca a
los canarios), criminal y víctima, explotada y suicida, presenta una amplia
gama de lugares comunes.
Fruto
de las proyecciones occidentales, de las explicaciones del atraso africano y
de las evaluaciones relativas a la memoria, aunque también de las confrontaciones
en torno del desarrollo, esos clichés son a menudo repetidos de manera
obsesiva, desde la época de la colonización (¡que todavía perdura en
Canarias!), sin mostrar verdaderamente ninguna evolución ni ser objeto de nueva
discusión. Esas ideas remiten tanto a los conocimientos adquiridos como a las
ignorancias científicas en la comprensión del continente, a la necesidad de reconocimiento
de unos y de otros, y a la confrontación entre europeos y africanos, que
continúa a través de relatos que enfrentan unas verdades con otras. Hasta el punto
que se encierra fácilmente al África subsahariana en
una especificidad casi irreductible, haciendo
olvidar a menudo la universalidad de sus aspiraciones y de sus
comportamientos, y su antigua apertura a las ideas y al intercambio".
¡Menudo papel –reflexiono- nos han asignado
a los canarios: la europeidad impuesta, pese a nuestra inequívoca situación
geográfica, colisiona con África; y la africanidad adquirida nos enfrenta, por
propia supervivencia, a la España colonialista...
De
manera más prosaica -explica Courade-, "las
representaciones conciernen al marco de vida, la cotidianeidad, la forma en
que funcionan las sociedades y las modalidades de los cambios que se producen.
Dan cuenta de las relaciones entre lo visible y lo invisible, de las
generaciones entre si, del ejercicio del poder en la familia, en la comunidad
y en el Estado, y también del control social, de la relación entre naturaleza
y cultura, del uso de la violencia, de la solución de los conflictos del
reparto de las tareas etcétera. Tratan de la evolución del comportamiento de
los actores (campesinos, pastores, empresarios, comerciantes, emigrantes,
funcionarios, mujeres y niños pequeños etcétera); de las realidades que se
revelan en ciertos temas importantes (endeudamiento, corrupción, gestión de
las potencialidades, etnicidad, democratización
etcétera) y del análisis de los factores del desarrollo o de cambio (organismos
genéticamente modificados, riego, organización campesina, fertilidad,
industrialización, fuga de cerebros etcétera)".
El
conjunto de esos atributos, pertenecen a una África
mítica, mientras que nuestro continente muestra pluralidad en su geografía, en
su historia, en sus sociedades y en su economía, en su imaginario y en su
mitología. Resulta difícil, por tanto, encerrarlo en tipologías o categorías cómodas,
que pueden ser cuestionadas puesto que la diversidad es muy grande...
Existe,
no obstante, otra mirada sobre África: la de la escritora Anne-Cécile Robert, autora de África
en Auxilio de Occidente. Saber Vivir, Saber Hacer, Icaria editorial-Cáritas, Barcelona, 2007. He aquí, una visión a contracorriente
de África, y su lugar en
el mundo. ¿Y si fuera Occidente y no África quién precisara de ayuda? Es la
cuestión que plantea Robert en su valiente libro
para pensar, más allá de los estereotipos y juicios preconcebidos al amparo de
las corrientes y tradiciones dominantes.
Esta
brillante periodista del prestigioso Le Monde diplomatique
y profesora asociada del Institut d'études européénnes de la Universidad
Paris VIII, advierte que "más allá de la increíble arrogancia que consiste
en pensar que el capitalismo occidental es la forma más avanzada de la historia,
y la expresión más acabada de la razón humana; las dificultades económicas,
sanitarias y sociales encontradas por África, desvirtúan esa idea, tan común y
tan extendida".
El
fracaso del desarrollo en África -señala Robert- y el
desastre del ajuste estructural no serían la muestra de una tara del continente,
sino el rechazo del modelo económico y social dominante. La resistencia de
África a ese modelo devastador recuerda una libertad fundamental en desuso: la
de poder construir libremente su propio destino. Mientras el capitalismo
globalizado vulnera peligrosamente los recursos del planeta, África ofrece, a
partir de su patrimonio cultural, una visión más armoniosa y equilibrada de la
relación entre el género humano y la naturaleza. Las sociedades africanas buscan
un cambio de afirmación sembrado de obstáculos. ¿Por qué los africanos serían
los únicos que no tengan en el corazón el orgullo de serlo? Los países africanos
-concluye la autora-, "no podrán salir de su peor situación, si continúan
viviendo con la mirada puesta en el Norte".
Y
hasta aquí, algunas visiones de la realidad africana. Cualquier parecido con
la realidad canaria, no es, en absoluto, una mera coincidencia.