Agricultura,
bolsillo y cultura: de Barlovento a Santa Cristina
Wladimiro
Rodríguez Brito
La evolución
de la sociedad canaria en las cuatro últimas décadas ha generado un cambio
sobre los valores predominantes de nuestro pueblo a lo largo de los últimos quinientos
años. La tierra y la agricultura eran la referencia económica social, y la
principal preocupación de la sociedad giraba en torno a la producción de
alimentos. Estos condicionantes evidenciaban que el poder y el prestigio social
estaban asociados al suelo, ya que la burguesía urbana y administrativa era
minoritaria.
La expansión del
turismo y la construcción ha roto con el pasado y, con posterioridad a los años
sesenta del pasado siglo, da un giro de ciento ochenta grados, produciendo
nuevos valores y, sobre todo, nuevas fórmulas de relaciones comerciales,
especialmente en la importación de alimentos, llegando a aplicar en muchos
casos sistemas dumping (precios de coste en
Canarias inferiores a los países de origen). Es el caso de los productos ganaderos
de Holanda en Canarias, donde se ha creado una descapitalización del sector
primario con la consiguiente huida masiva de agricultores al sector servicios y
a la construcción, provocando consecuencias graves en la cultura, idiosincrasia
y hábitos del campesino, menospreciando y devaluando todo el entorno rural en
aspectos económicos y sociales. Lo urbano sinónimo de la prosperidad y
felicidad, mientras, todo lo que tiene que ver con el campo es sinónimo de
atraso y miseria. Históricamente hemos tenido problemas en nuestro agro por
diversos aspectos, con minifundios por una parte, grandes propiedades por otra,
y producción y distribución del agua y topografía de difícil mecanización en
otros casos.
En otro estado de
cosas, hemos tenido una coyuntura internacional con grandes excedentes agrarios
que han perjudicado enormemente a las producciones locales. El sistema
económico y la mentalidad que impera en nuestra sociedad han puesto el resto.
La intermediación, unida a las pautas comunitarias sobre la libre circulación
de las mercancías y las directrices de
Valga como referencia
y ejemplos contradictorios las localidades de Santa Cristina, en Guía de Gran
Canaria, y Barlovento, en
Al final llegamos a la
conclusión de que las diferencias las marca el factor humano. En Santa Cristina
un colectivo joven ha puesto trabajo e ilusión en el agro, creando un oasis
hortofrutícola en las medianías y pagando por una pipa de agua cuatro veces más
de lo que cuesta en Barlovento. Así, la isla de Gran Canaria abastece no sólo
de hortalizas al resto de islas, sino que desplaza zonas agrarias tradicionales
en las que el agua es abundante, como
Todo esto pone de
manifiesto que la agricultura en Canarias no sólo tiene problemas estructurales
de presión sobre el suelo agrario, régimen de la propiedad, prioridad en el uso
del agua, etc. Tenemos una crisis profunda en los valores y no sólo es un
problema de bolsillo. Recuperar el campo implica motivar social y
culturalmente, y lo que ocurre en Santa Cristina pone de manifiesto que la
agricultura es posible si tenemos un colectivo de hombres y mujeres que
apuestan por la misma.