El agua y los sacrificios de un pueblo
Wladimiro Rodríguez Brito
El pasado sábado tuve la fortuna de asistir
en Barlovento a la Junta de la galería de agua de los Tocaderos,
con toda seguridad una de las tres galerías más profundas de Canarias. Es bueno
recordar que cuando abrimos un grifo en Tenerife o La Palma, el agua que mana
por los mismos en más del 80% procede de los más de 2.000 kilómetros de
galerías perforados en estas islas, galerías que se han cobrado muchas vidas y
sacrificios de nuestro pueblo. En consecuencia, no fue un acto social, ni tampoco
una reunión de los socios de una cooperativa o de una sociedad mercantil, sino
un homenaje a una generación que hoy no está con nosotros, que sembró con
ilusión la semilla del esfuerzo y del sacrificio de los derechos con
obligaciones. Para aquellos que desconozcan la galería de los Tocaderos, hemos de señalar que se ha perforado en las
rocas del Norte de La Palma una galería de 6.600 metros a lo largo de sesenta y
seis años. Es decir, la galería se inició en 1941 y hoy, en enero de 2008,
llega a la puerta de la galería el agua alumbrada en el frente después de
recorrer más de seis kilómetros.
¿Cómo entienden los ciudadanos que en el
pueblo que dispone del agua más barata de Canarias estemos perforando una
galería con costes superiores a los 2.000 euros el metro? Todo esto se entiende
en una cultura del esfuerzo y el trabajo en los hijos y nietos de una generación
que vivió y sufrió no sólo la escasez de agua, pues Barlovento carecía de ella,
incluso, para beber en los años secos, sino de otros alimentos básicos. Pero
la cultura del trabajo y del esfuerzo caló de tal manera que la galería de los Tocaderos es hoy un sentimiento, un símbolo, una seña de identidad;
tema éste lamentablemente maltratado en nuestro sistema educativo y también
olvidado en la vida política de las islas, en las que hoy tenemos agua en el
grifo, desde La Graciosa hasta el Faro de Orchilla. Estas galerías fueron construidas
con pico, pala y mandarria e incluso, en muchos casos, con pólvora y dinamita y
con una gran precariedad de medios.
Las desaladoras y
un espejismo del supuesto progreso nos han hecho olvidar en poco tiempo la
cultura del ahorro, de la economía, de los recursos y de un buen uso de los
mismos. Eso sí, todos los días hablamos de la sostenibilidad y del medio
ambiente, mientras parte del agua alumbrada en Barlovento se pierde porque no
hay campesinos, ni agricultura que riegue en campos balutos,
mientras gran parte de los alimentos que llegan a este pueblo del norte de La
Palma, al igual que otros muchos puntos de Canarias, los importamos de los
lugares más insospechados. Cosas del progreso.
Estas líneas no pretenden mirar hacia atrás,
porque no todo tiempo pasado fue mejor, pero tampoco peor. Todo lo contrario:
debemos apostar por el futuro, puesto que futuro es también leer nuestro
presente, dejando espejismos y falsos sueños consumistas y situándonos también
en Kyoto, en los problemas del clima y en lo que ocurre en esto que llamamos
aldea global, en la que lo pequeño y lo próximo hemos de entenderlo mejor,
entre otras cosas porque el acercamiento y las comunicaciones entre los pueblos
requieren 80 millones de barriles de petróleo diarios, que son los que consumimos
en el planeta.
Por todo ello, los sesenta y seis años de
sacrificio por varias generaciones para alumbrar el líquido elemento en la
galería de los Tocaderos es un aporte importante de
riqueza para las próximas generaciones, que dispondrán del mismo, sin
dependencia del petróleo y sin emisiones a la atmósfera de CO2. Es en dicho
marco en el que queremos hacer un homenaje a todos los hombres y mujeres que
han luchado por el agua, en una tierra ambientalmente más sostenible y
socialmente más justa.