Las alfombras de San Juan del Farrobo
Agapito
De Cruz Franco
Arte
efímero. Y desde la llegada del cambio climático, efímero e imprevisible. Cuando
falta poco para el solsticio de verano, el rito de las alfombras se apodera de
nuestros pueblos. Es el continuo retorno de lo idéntico, como diría el filósofo
que anunciara la muerte de dios en la
cultura occidental.
Últimamente
la lluvia une más a este pueblo dado a la paciencia y a la religiosidad
generacional. Jesús Bautista recuerda
cuando hace 36 años comenzó su primera alfombra en
“Se comunica a los vecinos de esta calle que
pasará por ella la procesión del Santísimo Sacramento. Rogamos coloquen
colgaduras en las fachadas de sus casas, enciendan bombillas para iluminar la
calle y arrojen flores al paso de su Divina Majestad.” Este texto que en los días previos se
cuela en los vestíbulos de las casas me produce cierto repeluz
y deberían actualizarlo. Las farolas ya se ha
encargado el Ayuntamiento de ponerlas, y el poder mayestático se ha desplazado al
Banco Mundial y a las Reinas de las Fiestas. Por otro lado, la parte positiva
de esta lluvia de mayo es que ha puesto sobre la calle el verdadero significado
de la palabra religión. Religare, religarse, volver a unirse, encontrarse. Las alfombras
del Corpus de San Juan dan fe de ello. Ese día todo el pueblo acude a la cita
consigo mismo. El espíritu comunitario, la convivencia vecinal, las relaciones
humanas y el alma de la historia campan por todos los
rincones. El arte, sin directrices. Libre. Los últimos años, el Ayuntamiento ha
decidido proveer de materiales básicos como brezo, marmolina,
cañas... Excepto flores, las cuales se recolectan de los propios patios o de
los pocos sitios que aún perviven entre la marea de hormigón que atenaza el
Valle. No son alfombras estas de San Juan de exhibición turística. Sino de puro
pueblo. Ese del que se alardea y que luego algunos no parecen ver cuando pasa con
sus costumbres ancestrales y sus apegos centenarios.
Y
al final de la calle el abrazo tras el abismo. Los inmigrantes que vomitó el
océano también hacen su alfombra. Manos negras, manos blancas. Olor a brezo. Alpargatas
de una niña jugando al tejo en adoquines de papel. Torres centenarias
reflejadas sobre un suelo de mármol. Sombras chinescas de Cristos calle arriba.
Memoria. Corpus de San Juan.