Alfredo Mederos
Luis
Ortega
En las horas de bulla que nos tocan,
cualquier coincidencia y acuerdo político se recibe, como las lluvias de otoño,
con sorpresa y alegría. La
Laguna (esto es: los concejales de todos los grupos) resolvió
con justicia y naturalidad una vieja cuestión que aún levanta ronchas y gritos
a favor y en contra en tantos otros municipios de Canarias y de España. Pese a
su tardanza, la Ley
de la Memoria
Histórica repara una injusticia perpetrada contra españoles
que pagaron con su vida, y con el consiguiente baldón familiar, su lealtad a la
causa republicana: oficiales, guardias y cargos públicos que defendieron la Constitución vigente,
activistas, militantes y simpatizantes de partidos políticos y sindicatos,
miembros de sociedades masónicas y animadores culturales y, en el colmo del
despropósito, gentes de a pie que no mostraron el debido entusiasmo con el
régimen golpista o que, por viejas rencillas personales, entraron en el punto
de mira de los adictos armados que sembraron el gratuito terror lejos de los
campos de batalla.
La
Transición
zanjó las responsabilidades penales, la amnistía alcanzó a los bandos pero no
cortó la flagrante ilegalidad de los enterramientos clandestinos de los
asesinados en la represión franquista. Ahora, la democracia, que entre sombras
y tumbos probó su solidez, permite y alienta la búsqueda y recuperación de los
cadáveres desperdigados por simas y cunetas y el postrero honor de la sepultura
digna que todo hombre merece. Frente a los cainitas
cofrades del "Y tú más", los partidos laguneros demostraron con su
actitud cuerda y generosa que la asignatura del pasado es un examen obligatorio
y colectivo para que, con el aprobado, se pueda articular un futuro libre y
razonable donde las legítimas y necesarias diferencias no hagan sangre ni
siembren sal. Las calamidades y desgracias pretéritas, según Cervantes,
"actúan como ejemplos bárbaros y los ejemplos son los mejores útiles para
instruir a los pueblos".
En el pleno extraordinario del
ayuntamiento de Aguere, el profesor Alfredo Mederos (ilustre paisano y vecino temporal en Breña Alta
que alterna la química con la crianza de vinos y la investigación histórica
contemporánea) interpretó los sentimientos de los familiares y amigos con una
frase: "Así se cicatrizan las heridas". Nueve familias laguneras, si
se confirman las previsiones, rescatarán la negada cuota de honor de sus
muertos, gracias a una posición justa e inteligente.