Alimentando coches
Santi Peña
Los agrocombustibles, o biocombustibles,
son una forma más de profundizar el punto sin salida al que se encamina la
humanidad y esto es algo que no tiene término medio. En un planeta donde algunos
organismos internacionales se dan con un canto en el pecho porque la mortalidad
infantil se ha reducido a menos de diez millones de niños al año, ¡diez
millones!, dejar de cultivar tierras para la alimentación humana y hacerlo para
llenar los depósitos de nuestros coches es, cuando menos, vergonzoso.
Pero no es sólo el hecho de que sea rebatible porque produce rubor
sino que el uso de este tipo de combustibles a la larga, aunque ya se estén
viendo algunas consecuencias, va a significar una forma más de desequilibrio
social, ambiental, económico y alimentario a escala planetaria. El potencial
energético proviniente del sol y almacenado en las
plantas mediante complejos procesos bioquímicos no es suficiente no ya para ser
una alternativa total al petróleo sino que ni siquiera es recomendable para
ayudar a los países a depender algo menos de los combustibles fósiles. Después
de pocos años de existencia de este sector el desarrollo ha sido espectacular y
en sólo tres años se ha multiplicado por ocho las inversiones del capital
riesgo en el entorno de los agrocombustibles. Así se
han producido alianzas extrañas que comprenden a las grandes petroleras, los
grandes productores de cereales, los más importantes grupos de ingeniería
automovilística y los centros de investigación en ingeniería genética. Desde
muchos medios se dice que la propaganda que se está haciendo de este nuevo tipo
de combustibles es una estrategia de la administración americana de Bush para cubrir de humo el hecho de que Chavés esté nacionalizando los yacimientos de petróleo de
su país. Con ello también se consigue que Brasil, segundo productor de agrocombustibles tras Estados Unidos, se acerque más al
país del norte para que Lula tome distancia sobre el
presidente venezolano.
Los prejuicios de este sector sobre el normal
desarrollo de la vida humana se están viendo ya en la subida del trigo y maíz,
también ayudada por la especulación y expectativas que se hacen sobre la
búsqueda de aumentar los márgenes económicos de estos productos, y por primera
vez se está hablado de que va a haber problemas en el suministro de estos
cereales. La expansión de los agrocombustibles, que
en los casos de la Unión Europea y Estados Unidos tiene unos planes realmente ambiciosos,
va a suponer que aumenten los desequilibrios a nivel mundial. El hambre se va a
hacer todavía más crónico en los países en vías de desarrollo, la deforestación
de las selvas y grandes territorios se va a ver ampliada al tiempo que los
problemas ambientales relacionados con los cultivos y con el agua van a ser
mayores. Todo para que los tanques de nuestros coches marchen siempre llenos y
despilfarrado en un planeta donde urge otro modelo económico y de organización
mundial.
Como siempre lo que opera en estos casos son los grandes medios
haciendo propaganda. Queda muy bien siempre poner el adjetivo verde a
todo este tipo de cosas cuando, en realidad, de sostenible la existencia de los
agrocombustibles no tiene nada. Una labor que cansa
pero que es muy necesaria siempre es hacer un ejercicio mental constante para
desmontar las mentiras que los grandes políticos y dirigentes mundiales no
dicen sobre este y otros temas. En esto de los agrocombustibles
hay muchas, pero que muchas, falacias que no se deben a carencias en las
investigaciones que conducen al desarrollo de la tecnología para hacer
funcionar a las coches con estos tipos de combustibles. Y hoy en día, y ya me
gustaría, es imposible dar una alternativa no sólo a este tema de los agrocombustibles sino al de los combustibles fósiles en
general. Lo que sí está claro es que al ritmo actual las reservas de petróleo
le quedan como mucho 50 años y que, hoy por hoy, apenas se está investigando
para llegar a alternativas reales a estas energías fósiles. Lo que sí está
claro es que seguir con el actual nivel de despilfarro nos va a llevar al
colapso como civilización y al terrible cinismo de que cuando usemos un coche
con estos combustibles puede pasar que cada vez que demos al contacto le
estemos quitando el pan de la boca a alguien que vive en un país pobre pero
productor de semillas para llenar de combustibles nuestros coches.