Aniversario, la COPE y el 1 de Mayo

 

Justo Fernández Rodríguez

 

El pasado 2 de mayo se cumplían diez años del trágico accidente que costó la vida a Antonio Herrero, el mejor periodista radiofónico y, sin embargo, amigo, que he conocido en mi dilatada actividad sindical, política y mediática. Por eso, cuando recibo la invitación de la COPE, para participar en un programa, dirigido por Federico Jiménez Losantos, en memoria de Antonio, no lo dudé un instante, pese a la repugnancia y abismal lejanía ideológica del tipo de radio que, propiciado, alentado y pagado por la Conferencia Episcopal, se difunde por unas ondas que Antonio Herrero elevó a una considerable altura de honestidad, veracidad, pluralidad y ética.


Tuve que soportar las presiones de algunos importantes colaboradores de Antonio, directores y periodistas de medios de comunicación e incluso, algún amigo, de boicotear el acto si no se invitaba a determinados personajes. Me negué en rotundo. Para mí, lo más importante era recordar quién fue Antonio Herrero.


Conformamos la mesa radiofónica Federico Jiménez Losantos, Pedro J. Ramírez, Luis Herrero, Julián Lago, José Luis Gutiérrez, Jaime Mayor Oreja y yo mismo. El programa transcurrió con normalidad, centrados en Antonio Herrero, sus relaciones con los que allí estábamos y su indudable liderazgo durante muchos años. Tuve que intervenir para evitar que se intentara engañar a los oyentes. El programa actual, dirigido por Jiménez Losantos, no es, de ninguna manera, sucesor de La Mañana de Antonio Herrero, como se pretendió propagar. En audiencia, desde luego, no; en credibilidad, tampoco, y mucho menos en libertad. En aquel programa existía diversidad de criterios e ideologías, lo contrario que en la actualidad.


Durante las dos horas y media que duró el vuelo desde Tenerife a Madrid, rememoré muchos acontecimientos vividos, primero en Antena 3, y luego en la COPE; las horas de avión, carretera y hotel compartidas con Antonio; el inolvidable viaje a La Palma y la visita a la Caldera de Taburiente con su familia.


Mis primeros contactos tuvieron lugar por mi actividad sindical. En buenos y malos momentos, tuve los micrófonos de Antena 3 para explicarme, denunciar o defenderme. Pasado algún tiempo, como la emisora estaba muy cerca de la sede de la Federación de Banca de la UGT, de la que fui secretario general más de 17 años, comenzó a invitarme, muy temprano, a participar en lo que fue el inicio de las tertulias radiofónicas, denostadas, al principio, por importantes líderes de la radio, y más tarde imponiéndose como una forma de hacer radio que han utilizado todas las emisoras.


Cuando dejé mis cargos en la UGT, Antonio me ofreció ser colaborador de su programa, El primero de la mañana, que aumentaba su audiencia y, lo que era más importante, su credibilidad. Así comenzó mi largo periplo de colaboración leal con Antonio, pese a las lógicas diferencias políticas que tenía con él y con la mayoría de los que compartían las tertulias. Padecimos la traumática marcha de Antena 3, por la burda intervención del Gobierno socialista, al que no gustábamos nada. No dudé en acompañar a Antonio, Martín Ferrand, Jose María García, Luis Herrero, Jiménez Losantos y un grupo de compañeros en la incierta aventura de incorporarnos a la COPE, donde gocé de la misma libertad para expresar mis opiniones que en Antena 3.


Durante doce años, cada martes y algún que otro día de la semana, por espacio de hora y media, tuve el privilegio de debatir sobre los más variados problemas con los mas importantes periodistas; los principales responsables políticos, economistas, sociólogos, jueces, escritores y catedráticos. Víctor Márquez Reviriego, Jaime Campmany, Ramón Tamames, Pedro J. Ramírez, Luis María Anson, Pablo Sebastián, Joaquín Navarro, Antonio Romero, Pilar Ferrer, Juan Velarde, Amando de Miguel, Jaime Peñafiel, Marisol Galdón, Gómez de Liaño, Carlos Prada, Jesús Cacho, José Antonio Sánchez, Paloma Barrientos, Luisa Palma, Julián Lago, José Luis Gutiérrez y otros muchos fueron algunos de los compañeros de tertulia. Durante más de dos años, los jueves, con Antonio de moderador, protagonicé un programa de debate, Fuego cruzado, sobre un tema de actualidad. Como opositor, generalmente, tuve a un extraordinario periodista, José Antonio Sánchez, más tarde director general de Radio Televisión Española.


Antonio Herrero, mientras criticaba las políticas socialistas, los casos de corrupción o el control de los medios de comunicación, gozaba del beneplácito de Aznar, Zaplana, Rajoy y Acebes. Eran los tiempos de la primera conspiración, denunciada por Luis María Anson. Cuando Aznar llegó al poder y pretendió acabar con el denominado "imperio de Polanco", con la ayuda del compañero de pupitre de Aznar, Juan Villalonga, nombrado presidente de Telefónica, desde la COPE, en todos sus programas, incluido el de Antonio Herrero, colaboraron a tope. Cuando Antonio tomó conciencia que de la regeneración democrática prometida no se había hecho nada, comenzó a criticar a Aznar, al margen de la opinión de Luis Herrero o Jiménez Losantos. El desenlace de su escalada crítica llegó por medio de un acontecimiento, desconocido para la mayoría, ocurrido un día antes de su muerte. La noche del 1 de mayo de 1998, los dos periodistas citados fueron invitados a cenar a La Moncloa. Ambos coinciden en la notable indignación de Aznar, manifestando que "no aguantaba más las críticas de Antonio". "Intolerable", era el calificativo más utilizado por Aznar. Simplemente, les pedía que colaboraran a la desfenestracion de Antonio Herrero de la COPE. A cambio, ellos conservarían sus puestos. Según han reiterado Luis y Federico, ambos rechazaron colaborar con aquella indecente maniobra.


No hizo falta. Al día siguiente, Antonio Herrero dejaba de existir dejando el campo libre a un personaje como Aznar, que dejó de ser criticado en la COPE. Luis Herrero, años después, se convirtió en eurodiputado del PP y Federico asumía la defensa de los intereses de Zaplana y Esperanza Aguirre. Cuando surgieron los primeros problemas entre ellos y Rajoy, los micrófonos de la COPE, las páginas de El Mundo y los diversos periodicos digitales que dirigen o controlan los antiguos componentes del denominado sindicato del crimen comenzaron su campaña para desfenestrar a Mariano Rajoy. Y no le arriendo las ganancias al líder del pelo teñido y la barba canosa. No van a soltar la presa. La ofensiva continuará. Todo vale para quienes estan detrás.


Llegué a Madrid el 1 de mayo y acudí a la manifestación. Ojalá no lo hubiera hecho. Sabía que el número de trabajadores que participaban en la conmemoración del Día del Trabajo había ido disminuyendo, año a año, en toda España. Pero desde el recuerdo de 27 años acudiendo, en Madrid, cada Primero de Mayo, a las manifestaciones, ilegales o legales, con represión o sin ella, esta fue la más deprimente. Me sorprendió la escasa asistencia de trabajadores, la ausencia de juventud, la poca presencia de políticos y la falta de concreción en las múltiples reivindicaciones, cuando todo anuncia que los trabajadores habrán de enfrentarse con serias dificultades para el mantenimiento del empleo, los niveles salariales y la protección social.


Madrid no fue una excepción. La escasez de asistentes se produjo en todas la manifestaciones unitarias convocadas en 41 capitales de provincia y veinte ciudades importantes y en las convocadas por sindicatos minoritarios y plataformas de toda índole. Tendremos que profundizar en este fenómeno negativo, contrario a los intereses de los trabajadores.