DE
APELLIDOS CANARIOS Y EUROPEOS (I)
Kebehi
Benchomo
El canario en general históricamente ha venido
demostrando una capacidad intelectual y moral superior a la media europea, este
hecho incuestionable ha venido siendo recogido y testificado por los propios cronistas
e historiadores europeos desde los primeros tiempos de la invasión y ocupación
de nuestra Matria por hordas de normandos, portugueses, castellanos,
mallorquines y aragoneses, y, a partir de los años sesenta del pasado siglo,
por la más intensa, brutal y abrumadora de los españoles.
La superior capacidad intelectual del canario en
relación con las bárbaras hordas colonizadoras ha venido quedando de manifiesto
desde los albores de la invasión. La extraordinaria capacidad de entendimiento
y compresión de nuestros antepasados les permitió no sólo sobrevivir como
pueblo, sino que supieron asumir y adaptar a sus propios intereses los
postulados de la cultura invasora. Así tenemos que desde las primeras generaciones a partir de la
invasión, los canarios hemos destacado en los oficios y empleos propios del
sistema impuesto, ocupando puestos relevantes en la secta católica, en las
letras, las artes, el ejercito y administración colonial e incluso en la
metrópoli.
Como ejemplo podemos citar el caso de Deriman: Hijo de Benytomo o Bentor, y nieto del gran caudillo Benchomo, luego llamado Cristóbal Hernández de Taoro,
quien retomó el nombre de su abuelo como apellido (Cristóbal Bencomo). Estudió
en Sevilla (España) donde siguió la carrera de vocero (abogado), escribió una
historia del pueblo guanche de la que existieron tres ejemplares
manuscritos, hoy perdidos. O la aptitud adoptada frente a los colonizadores por
los canarios de Tamaránt (Gran Canaria) para rehusar
ir de saqueo a nuestro continente bajo las órdenes de los invasores, el 5 de
Julio de 1514 cuando: “ los vecinos de
Gran Canaria se reunieron en San Cristóbal, para apoderar a Michel González y Juan Cabello,
que habían de comparecer ante la reina y su consejo, denunciando en nombre de
los "hombres y mujeres" de las Canarias, la frecuencia con que les
obligaban a ir "en tropa de guerra", a la "mar y tierra de
Castilla" o provincias de Indias, "e así a otras partes
cualesquiera...", siendo exentos de servir por privilegios, ganados en la
conquista de las islas "e tierra de moros". Murieron tantos, que la
población mermó, a más de arruinarse, pues estando los varones continuamente
ausentes, no podían velar "por sus mujeres, casas e hijos e faciendas". Siendo deseo confesado de los reyes, que
prosperasen las Canarias, "no es bien sacar a los vecinos de las islas,
más antes traellos para la dicha población",
preservando su forma "de vivir e trato, que es muy bueno" a más de
mantenerse firmes en la "Santa Fe Católica".
Acusando de racismo al rey, pero racistas
a su manera, recordaron a la corona la obligación de protegerlos en "su
ventura", "de manera que no se
entienda que por tener nombres de canarios, pierdan nuestras personas, que
no tienen que facer con los naturales de las otras
islas, es a saber guanches e palmeses e gomeros,
llevándoles como les llevamos muchas ventajas en todo, e hablamos e somos
habidos por propios castellanos". Tras protestar de su lealtad a Dios y al
rey, advirtieron la intención de pleitear, defendiendo sus derechos. (Luisa
Álvarez de Toledo, 2005)
Por otra parte, es significativo que el
primer título de nobleza expedido por Castilla en esta colonia, lo fuera a una
familia canaria, los Negrín-Armas, con gran desconcierto para los
aventureros invasores algunos de los cuales hacían gala de una supuesta nobleza
de origen.
Esta capacidad mimética o de adaptación del canario,
propia sólo de los pueblos más inteligentes y capacitados, se manifiesta en los
tiempos actuales. Por ejemplo, ¿quien no tiene un pariente o amigo que haya
estado uno o varios años emigrados en Cuba, Venezuela o cualquier otro país
americano? Pues bien, estos emigrados, dado su gran capacidad de adaptación,
asumen de inmediato la cultura del país donde han emigrado en sus diferentes
niveles, sus modos y costumbres, el tono característico de la manera de hablar
etc., hasta el punto de que cuando regresan a
Como es bien sabido, a nuestros ancestros se les
obligó a asumir el cristianismo y se les impuso nombres europeos.
Posteriormente la inquisición española en Canarias se cuidó de que las nuevas
generaciones no sólo no portaran nombres guanches, sino que además se les
adoctrinó para que renegaran de sus orígenes, creando incluso un censo secreto
de las familias guanches de las islas. Así, una población que ostentaban
nombres tan sonoros como: Abenaura, Abenchara, Acerina,
Adasat, Anagua, Arecida, Aremoga, Chaxiraxi, Chimaye, Collarapa,
Dácil, Dafra,
Daida, Daniasa,
Arminda, Meagens,
Moneyba, Tassa,
Tassat, Talegaza, Tazirga,
Tegina, Tegueyga,
Teguise, Tenercina,
Tenesoya. Abian, Abtejo, Adargota, Aday,
Adargoma, Adxoña, Afur, Aguahuco, Aguaberque, Uramas o Doramas, Chimenchia, Benchomo, Bentor, Bentejuí, Archinife, Akaymo, etc., les fueron
sustituidos por otros como: Petra, María, Josefa, Ana, Luisa, Diego, Antonio,
Alonso, Jorge, Bernardo, Eduardo, Felipe, etc.
Es ciertamente lamentable
que los nombres de nuestros ancestros estén hoy prácticamente erradicados en
nuestra Matria mientras se conservan con orgullo en América donde son
frecuentes los apellidos Garachico, Orotava, Tahoro, Chaurero, Teida, Tejina etc.
Así, con la desaparición
oficial de los antropónimos originarios canarios, algunos seudosintelectuales
de servicio e incluso algunos investigadores de salón al servicio del sistema
colonial quieren hacer creer que la etnia guanche ha desaparecido, cuando en
realidad constituye la parte mayoritaria de la población actual “disfrazada”
con nombres europeos.
Como sabiamente expone mi amigo Rodolfo en su
comentario a un insustancial artículo en el que su poco documentado autor
(26-11-07) ponía en duda la presencia continuada y mayoritaria de la etnia de
los antiguos canarios en la población actual:
“La demencia senil
más peligrosa es la que se anticipa en edad joven o madura. El menosprecio a
sus mayores, a sus antepasados, a sus ancestros, les hace delirar
despreciándose a sí mismos.
Preguntemos a
nuestros padres y abuelos que concepto tienen ellos de sus progenitores, de sus
antepasados... Quienes desprecian a la vejentud se
desprecian a sí mismos. ¿Que esperan recibir de sus hijos y nietos dentro de no
tantos años? ¡Quizás despreciarán la cordura de los apátridas y bendecirán la
locura de los patriotas!”
Para quienes desconocen o prefieren desconocer que los
guanches actuales somos el fruto de un proceso de adaptación y evolución -que
no de mestizaje, como algunos interesados propugnan- dentro de la sociedad
impuesta, nos vamos a permitir reproducir algunos textos tomados de la ingente
obra que el investigador don Octavio Rodríguez Delgado dedica al sacerdote de
la iglesia católica Dr. D. Agustín Díaz
Núñez, descendiente directo de la
nobleza guanche del bando de Güimar en la isla Chinet
(Tenerife).
“Su ascendencia por línea paterna es de origen guanche
y se extendió por las comarcas de Güímar y Abona.
Entre los miembros más próximos a la ascendencia que nos ocupa destacaron,
entre otros: Don Salvador González Natural,
fundador del Valle de San Lorenzo; don Marcos
González del Castillo, capitán de Milicias; Lcdo., don Salvador González, cura de Granadilla; Lcdo. don Francisco González "Natural",
beneficiado de Adeje y capellán de Arico; don Aparicio González Natural, capitán de Milicias; don Diego de Linares, alférez de Milicias;
don Salvador González Mexías, alcalde de Arico; don Diego Delgado Mexía, clérigo tonsurado; don Salvador Delgado, alférez de Milicias; don Juan Delgado Trinidad, alférez de Milicias; don Manuel Pérez Delgado, ayudante de
Milicias; don Juan Delgado de Medina,
alférez de Milicias; don Luís Díaz de
Medina, alférez de Milicias; don Cristóbal
Pérez Elías, mayordomo de
Esta familia la encabeza don Alonso González, un guanche tinerfeño de la nobleza indígena de Güímar, que disfrutó de considerables propiedades para su
época. Comenzó usando el apellidó "González", para luego dividirse en
cuatro ramas principales: la que continuó usando el antedicho apellido, que se
extendió sobre todo por la comarca de Chasna, y
las que usaron en primer lugar los de
"Delgado", "Pérez" o "Díaz", asentadas en el
Valle de Güímar. Casi todas ellas se entrecruzaron
con otras familias de origen guanche y, salvo, excepciones, sólo tardíamente
recibieron sangre procedente de colonizadores.
Su hijo don Salvador
González, Natural fue fundador
del Valle de San Lorenzo y en su descendencia, extendida por toda
La rama de apellido Díaz no surgió hasta la cuarta generación, siendo el primero que lo
llevó el alférez don Luís Díaz, cuya
descendencia se mantuvo siempre en el municipio de Güímar.
En la sexta generación fijaron su rama principal en el Pago de El Escobonal (también conocido por entonces como Agache -o Chimaje), y a partir de ella tomaron el apellido de Montijo (o Montijos) que usaron en
solitario o sumaron al Díaz, tal como llegó al Dr. don Agustín Díaz Núñez, conocido en su infancia como don Agustín Montijos,
o a su padre que siempre fue conocido como don Vicente Díaz Montijo; una calle de este importante barrio continúa
siendo conocida aún como "Lomo de Montijo".
En esta última rama, que es la que nos ocupa,
sobresalieron muchos de sus componentes, que alcanzaron plazas de oficiales en
las Milicias Canarias, siguieron la carrera eclesiástica, tanto el clero
secular como regular, o desempeñaron cargos de prestigio, como notaros
públicos, agrimensores, alcaldes o personeros.
Alonso
González “natural”. Este guanche
tinerfeño, de los hidalgos del Bando de Güímar,
contrajo matrimonio hacia 1519 con doña Catalina
Gaspar "Natural", también de origen guanche e hija de don Gaspar Hernández (o Fernández) "el Guanche" 57 y
de doña Catalina Francisca (o Francesa). Algunos, genealogistas
asimilaron a don Gaspar con el Mencey Adxoña de
Abona, y a doña Catalina con una hija del Mencey Bencomo de Taoro,
pero no hemos encontrado en ningún archivo una sola prueba que confirme dicha
afirmación; antes bien, es casi seguro que don Gaspar no "fue el Rey de
Abona, pues éste falleció antes de 1510, mientras que don Gaspar vivió muchos
años más; además, algunos documentos parecen hacerlo proceder del bando de Anaga. Lo que sí parece evidente es el origen guanche de
ambos.
Don Alonso llevó al matrimonio 100 cabezas de ganado
cabruno y el vestido, mientras que doña Catalina no llevó sino algunas alhajas
de casa. Durante su vida en Común multiplicaron más de 1.000 cabezas de ganado
caprino, mayor y menor, y 6 ó 7 esclavos, "entre machos y hembras",
Además del propio, don Alonso tenía a renta 150 cabras
mayores, junto a don Bastián
y don Rodrigo Guillén, que eran de
doña Luisa Alonso, "natural", según se desprende
del testamento de ésta, otorgado ante don Alonso Gutiérrez el 24 de noviembre
de 1521; en el mismo aclaraba que "Alonso
González, yerno de Gaspar el guanche",
le debía 8 reales. Asimismo le debía 7 reales y medio a su suegro don Gaspar Fernández, de un bancal que pagó
a don Jun Pacho, según Consta en el testamento de don Gaspar, otorgado el 14 de
agosto de 1521 en las casas de su morada en la ciudad de
Don Alonso
González "Natural" murió en el Valle de Güímar
y recibió sepultura en el Convento de Candelaria. Después de su fallecimiento
se hizo partición de los bienes que había dejado entre sus hijos y esposa, ante
el escribano público don Bartolomé Joven; dichos bienes se apreciaron en 600
doblas, la mitad de las cuales Correspondían a doña Catalina. Una vez viuda,
hacia 1558 doña Catalina contrajo segundas nupcias con don Rodrigo Pérez,
también aborigen, Con quien se avecindó en Adeje; no tuvieron sucesión. Después
de este nuevo enlace donó a su hijo Juan
Gaspar dos cuevas, dos hornos y una fanega de tierra en Chacaica
(Güímar), Como agradecimiento por lo bien que se
había portado con ella. Testó ante el escribano público del Valle de Güímar don Sancho de Urtarte el 6
de septiembre de 157958.
Don Alonso y doña Catalina procrearon 10 hijos:
1.- Do Antón
González, Natural de Tenerife, poseía ganado y tierras en Agache, donde
vendió a la viuda de Luís Velásquez 8 cahíces de tierras, cuatro de él y otros
cuatro de sus hermanos Francisco y Salvador, mediante carta de venta otorgada
ante el escribano público don Francisco Márquez.
A la muerte de don Alonso González, su madre le pidió que guardase las cabras que a la
sazón poseían y que no fuesen al término de
Don Antón y doña Juana tuvieron dos hijos de su
matrimonio, de cuyas personas y bienes fue curador don Francisco González, Natural, hermano de don Antón, a quien la
tutela le fue dicernida en octubre de 1565 por la
justicia de esta isla, ante el escribano público de la isla don Simón de Açoca; por bienes de los dichos menores su tutor recibió un
término de ganado y 2 cahíces de tierra en Agache. Tras la muerte de doña Juana Hernández entraron en poder de
don Francisco González, como bienes
de ambos menores, lo siguiente: 27 cabras parideras, una cabrilla de más de un año, un cabrón padre, cinco reses
vacunas, dos vacas de más de cuatro años, dos bueyes de cuatro años para arriba
y un becerro de un año.
A) Don Martín
Minuto
Murió antes que su abuela, quien heredó de él unas 60
doblas, parte de ellas en ganado
salvaje.
A) Doña
Catalina Alonso
Casada en 1579 con don Sebastián Rodríguez, hijo de
don Rodrigo Hernández, natural de
Tenerife y vecino de Candelaria; su tío y curador don Francisco González Natural dio poder para dicho casamiento "en
el valle y heredamiento de San Juan de Güímar", ante el escribano real don Sancho de Urtarte, el 5 de febrero de dicho año, pues era necesario
para pedir la dispensa de parentesco, sobre la que hizo información el vicario
don Juan de Cabrera por orden del obispo de las Islas don Cristóbal Vela.
El lunes 29 de febrero de 1580 su mencionado tutor don
Francisco González dio un poder
especial a favor de don Sebastián
Rodríguez, para “cobrar cualquier mrs., pan,
trigo, cebada, centeno, ganados, miel y otras cosas que a Catalina Alonso le sean debidas”; dicho poder fue otorgado en “el
valle y heredamiento de Güímar”
ante el escribano real don Sancho de Urtarte, del que
fueron testigos don Alonso de Xerez Gardona, don Juan Albertos
y don Juan Alonso "el
Mozo", vecinos y estantes.
El 20 de junio de 1583 don Sebastián Rodríguez, "natural de Tenerife, morador en el
pueblo de N. Sra. de Candelaria", dio poder general y especial a su
hermano don Agustín Rodríguez,
presente, "para que pueda vender todas las tierras limpias y montuosas que
le pertenecen en esta isla, viña, colmenas, pan, trigo, cebada, centeno, ganado
ovejunos, cabrunos, vacas, bueyes, puercas, asnos, caballos, yeguas y bestias
mulares, y para cobrar cualquier mrs., que le sean
debidos y para representarlo en los pleitos"; dicho poder fue otorgado en
el valle y heredamiento de Güímar
ante el escribano Urtarte.
2.- Don Melchor
Falleció sin descendencia antes que su madre, por lo
que ésta heredó de él 120 cabrillas.
3.- Don Miguel
González
A la muerte de su padre, doña Catalina Gaspar le pidió que guardase las cabras que a la sazón
poseían y que no fuesen al término de
4.- Doña Margarita
González (Guzmán)
Después del fallecimiento de su padre contrajo
matrimonio con don Andrés de Llarena, hijo de don Andrés de Llerena 59, guanche principal del Bando de Güímar, y de doña María
de Lugo, hija del Mencey Pelinor de Adeje
(bautizado como don Diego). Su madre le prometió y le dio como dote más de 100
doblas, en 1 esclavo llamado Gonzalo y en otras cosas, la mitad de lo cual
procedía de los bienes de don Alonso
González y la otra de los de doña Catalina
Gaspar. Don Andrés de Llarena "el Menor" testó ante don Baltasar de
Anchieta (1561-1562) y ya había muerto en septiembre de 1579, al testar su
suegra.
Según una escritura de tutela otorgada ante don Juan
del Castillo en marzo de 1563 se le conocen seis hijos:
A) Don Andrés
de Llarena
E) Don Alonso
C) Don Miguel
D) Don Diego
E) Doña Catalina
González. Fue dotada en 1580 cuando iba a contraer matrimonio con don Juan de Betancor.
F) Doña Bárbara
(o Bárbola) (González) de Llerena. Fue dotada en
1586, al casarse con don Hernando de Ibaute. De este matrimonio fue hija: Doña Margarita de Llerena, casada con el
capitán don Juan Delgado 60 de
Adeje, escribano público de Chasna y alcalde mayor de
Adeje, que en 1636 compró el altar de San Juan Bautista, con asiento, arrimo y
sepultura, y otorgó testamento en Vllaflor en 1656
ante don Lorenzo Díaz Delgado;
fueron ascendientes de la ilustre familia Delgado- Trinidad.
5.-Don Alonso
González “natural”. Casó con doña María
de Regla "Natural", hija de don Juan de Regla (nieto del Mencey Pelinor de
Adeje) y de doña Lucía Delgado (o de
Vera). Fueron vecinos de Tijoco. Recibió 60 cabrillas
a cuenta de los bienes de su padre. Y, tras la muerte de su hermano Melchor, su
madre le dio 20 cabrillas, de las 120 que había heredado de aquel.
En agosto de 1583 vendió en el pueblo de Garachico al mercader don Antonio Hernández, que vivía en lcod de los Trigos, un pedazo de tierra de unas 18 o 20
fanegas de medida de cordel, "lindante con el camino que va a Adeje por
las medianías de la parte de abajo, y por arriba con tierras que posee Juan Martín, vº.,
de Icode de los Vinos, con el barranco de Tijoco y con tierras de los herederos de Andrés de Llerena, sobre las cuales hay
un tributo al quitar de principal de 30 doblas, por precio de 120 doblas";
la escritura de venta fue otorgada ante el escribano público y real don Juan de
Gordejuela, y en ella don Alonso estableció que fuese
aprobada por sus hijos don Marcos
González y doña Catalina Gaspar.
Por este motivo, el 25 de ese mismo mes ambos hijos aprobaron la citada
escritura de venta, "según como Alonso
González la hizo y otorgó" y dieron poder a don Antonio Hernández para tomar la posesión de dichas tierras; así
consta en documento otorgado en " el valle y heredamiento
de San Juan de Güímar" ante el escribano real
don Sancho de Urtarte. Como curiosidad, don Alonso González figuraba por entonces
como "morador en Tijoco en Tenerife, vº., del Pueblo de Garachico" y su esposa doña María de Regla ya estaba "difunta". Cuatro de sus hijos
(don Marcos, doña Luisa, doña Catalina y doña Águeda) otorgaron una escritura
en 1629 ante el escribano público de Chasna don
Andrés Hernández Pinto. Conocemos nueve hijos:
A) Doña Catalina
Gaspar
E) Don Tomás
C) Don Lucas
González
D) Doña María
E) Don Gaspar
F) Doña
Águeda Delgado
G) Don Marcos
González
H) Doña Leonor
I) Doña Luisa
Delgado.
6.- Don Francisco
González, natural (o González
Criador). Figura en todos los documentos como "natural de
Tenerife" y heredó de sus padres numerosas propiedades en Agache. En marzo
de 1568 contrajo matrimonio con doña María Rodríguez, hija de don Rodrigo Hernández
"Natural"61, apodado "el Gordo"; como dote la contrayente
trajo 100 doblas, más ajuar y menajes de casa, valorados en 40 doblas, y una
burra parida; mientras que él llevó un colmenar, con más de 30 colmenas, un
término de ganado salvaje y cantidad de tierras, todo en Agache. La pareja se
estableció en el pueblo de Candelaria.
Tras la muerte de su hermano Antón, en octubre de 1565
la justicia de esta isla nombró a don Francisco "tutor y curador de la
personas y bienes" de sus sobrinos don Martín y doña Catalina, hijos de
aquel; dicha tutela le fue concedida ante don Simón de Açoca,
escribano público de la isla (en cuyo oficio le sucedió primero don Blas del
Castillo y luego don Juan de Carminatis). En virtud
de este encargo, hacia 1570 prestó 50 doblas, de a 500 maravedís
cada una de moneda de Canaria, a su suegro don Rodrigo Hernández, morador en el pueblo de Candelaria. Asimismo, en
1572 prestó dinero a otras personas: 179 reales nuevos a don Rodrigo Pérez, natural de Tenerife y
morador en Adeje; 130 reales nuevos a don Luís
Alonso, de la misma naturaleza y morador en Candelaria; 90 reales nuevos a
doña María Hernández, de igual
naturaleza y vecindad, viuda de don Gaspar
Rodríguez. Las cuatro obligaciones de devolución de las respectivas
cantidades fueron otorgadas el 18 de julio de 1574 en "el pueblo de N.
Sra. de Candelaria, estando en las casas de la morada de Francisco González", ante el "escribano de S.M." don Sancho de Urtarte
y los siguientes testigos: don Hernán Pérez, escribano de comisión, don Juan
Alonso y don Manuel Estévez, vecinos y estantes en dicho lugar; en dichos
documentos se establecía que la devolución de las referidas cantidades debía
efectuarse en un año, a partir de esa misma fecha, por tanto antes del 18 de
julio de 1575.
El 7 de agosto de 1573 don Francisco otorgó un
contrato de compraventa ante el mencionado escribano don Sancho de Urtarte, mediante el cual compraba unas casas a don Luís Pérez y su esposa doña Beatriz Rodríguez, moradores en el
Valle de Güímar, por un valor de 60 doblas de a 500 maravedís cada una de moneda de Canaria; y se obligó a
pagárselas en 24 fanegas de trigo, a 11 reales cada una, y el resto en dinero
de
contado,
cantidad que se dio por liquidada en escritura otorgada el 16 de enero de 1574,
ante el mismo escribano.
En 1573 se hizo y libró un albalá de conformidad entre
don Francisco González y don Remando Díaz, éste morador en el pueblo
de
También compró a don Mateo de Aday
y su esposa doña Damiana Hernández otra "casa
terrera cubierta de teja, sita en el pueblo de N. Sra. de Candelaria, de
Eguerew, diciembre de 2007.
Fuentes consultadas:
Luisa Isabel Álvarez de Toledo
Duquesa de Medinasidonia
África-Versus América, 2005.
En: www.webislam.com/?idl=203
- 36k
Octavio Rodríguez Delgado
El Dr. Don Agustín Díaz Núñez
Su vida, su familia y su obra (2 tomos)
Edicion:
Caja Rural de Tenerife, Cabildo Insular de Tenerife, Cajacanarias.
ISBN: 84-7985-046-9. Santa Cruz de Tenerife, 1996.