DE APELLIDOS GUANCHES Y EUROPEOS

CAPITULO II (VIII)

 

  Kebehi Benchomo

 

El 8 de abril de 1789 contrajo matrimonio con don Cristóbal Delgado González (alias de Tonazo), hijo de don Cristóbal Delgado de Tonazo y de doña Juana González de Campos, por entonces difuntos; los casó y veló el ya presbítero don Agustín Antonio Núñez, con licencia de don Pedro José de Acosta y Abad, beneficiado servidor de Güímar y Candelaria; y actuaron como testigos don Juan Hernández Núñez, don I.sidro Texera y, don Ignacio de la Cruz , de la misma naturaleza y vecindad.

 

Don Cristóbal Delgado de Tonazo fue labrador, alcalde de Güímar en  1796 y regidor síndico de su Ayuntamiento en 1804,1807 y 1811.

 

Doña Isabel recibió sepultura en el convento de Santo Domingo de  Güímar el 4 de julio de 1818, a los 54 años de edad; había recibido los Santos Sacramentos y testado poco antes de su muerte. Le sobrevivió don Cristóbal Delgado.

 

Tuvieron cuatro hijos: Doña María (1789), casada en 1813 con don Pedro de Armas; doña Raimunda (1794); don Félix137 (1797), capellán; y doña Nicolasa Delgado Hernández (1801), que casó con don Martín de la Cruz y, una vez viuda, con don Juan González Cartaya en 1838.

 

G) Doña María Hernández Núñez

.Nació en Güímar el 5 de enero de 1767, siendo bautizada siete días después en la Iglesia de San Pedro por Fray José Infante, "de la Orden de San Francisco lec!' Jubilado y Bdo Servidor de esta Parroquia y Santa Ana de Candelaria"; se le pusieron los nombres "María Bárbara Melchora" y actuó como padrino don Pedro García Leandro, natural y vecino de dicho lugar.

 

El 4 de mayo de 1811 contrajo matrimonio en Güímar con don Francisco Leandro García, viudo de doña Antonia García de Sexas e hijo de don Juan Leandro García y de doña Margarita Fariña López; los casó don Florentín Núñez y Torres, beneficiado de la iglesia parroquial del Apóstol San Pedro; y actuaron como testigos don Juan Hernández y don Vicente Díaz de Medina, de la misma naturaleza y vecindad. Se velaron en el mismo templo el 7 de junio inmediato.

 

Don Francisco falleció el 18 de enero de 1846, a los 79 años de edad.

 

Le sobrevivió doña María Hernández Núñez, quien dejó de existir en su casa del "barrio de los Majuelos" el 15 de junio de 1849, a los 82 años de edad; había recibido los Santos Sacramentos. Al día siguiente se celebro su funeral de cuerpo presente en la iglesia de San Pedro y a continuación recibió sepultura en el cementerio de dicha localidad. No habían tenido sucesión.

 

H) Don Tomás Hernández Núñez (1769-1850), alcalde real y máximo contribuyente de Güímar

 

Nació en Güímar el 5 de diciembre de 1769, siendo bautizado cinco días después en la iglesia de San Pedro por don José Fernández Camillón, beneficiado propio de Güímar y Candelaria; se le pusieron los nombres "Tomás Crispín" y fue su padrino don Pedro Leandro García.

En el padrón parroquial de 1823 figuraba domiciliado en el barrio de Guaza, en la casa nº 478 de Güímar, con 53 años y la única compañía de su criada María Delgado, de 54 años. Al igual que su padre y hermano también fue labrador y alcalde real de Güímar en 1825. En 1826 vivía en Los "Manjuelos", en la casa nº 506 del municipio, con 57 años, soltero y en compañía de su criada María Gómez, de 49 años. Figuraba entre los electores elegibles para cargos municipales en 1847, siendo por entonces el mayor  contribuyente del municipio con una cuota de 1.190'1 r v D. Según el padrón vecinal de este mismo año vivía sólo, con 79 años y soltero.  Falleció en su domicilio del "barrio de los Majuelos" el 25 de marzo de 1850, a los 80 años de edad; había recibido los Santos Sacramentos y permanecía soltero. Al día siguiente se celebró su funeral en la iglesia de San Pedro ya continuación recibió sepultura en el cementerio de dicha localidad.

 

7.- DON FRANCISCO NÚÑEZ, que sigue la línea.

 

8.- DON DOMINGO NÚÑEZ DE LEDESMA

Nació en Güímar el 31 de octubre de 1728, siendo bautizado el 5 de noviembre inmediato por el beneficiado don Domingo de Páez y Galdona; se le pusieron los nombres "Domingo José" y fue su padrino el capitán don Luís Tomás Baulén de Ponte, vecino de la ciudad de La Laguna.

 

Don Domingo recibió sepultura en el convento de Santo Domingo de  Güímar el 9 de febrero de 1762, a los 33 años de edad; a su sepelio asistió el beneficiado, quien acompañó por la calle con dos capas e hizo ocho  pausas, y tanto en ese día como en los dos siguientes dio las " gracias en la casa mortuoria".

 

9.- DOÑA ISABEL DE LEDESMA y NUÑEZ

Nació en Güímar el 4 de julio de 1730, siendo bautizada ocho días después por don Domingo de Páez y Galdona, beneficiado de Güímar y Candelaria; se le pusieron los nombres "Isabel Lauriana" y fue su padrino el sargento mayor don Juan Tomás Baulén de Ponte, vecino de la ciudad de La Laguna ; tenía óleo y crisma.

 

Doña Isabel fue sepultada en el convento de Santo Domingo Soriano de Güímar, tal como había dispuesto, el 15 de enero de 1758; contaba 27 años de edad y había hecho una declaración ante testigos. A su sepelio asistió en dicho convento el beneficiado con capa; se le hizo encomendación de alma, nueve pausas, oficio de cuerpo presente, honras y cabo de año; también asistieron capellanes, "que acompañaron al Beneficio en

ir a dar gracias a la casa mortuoria"; todo ello por disposición de don Pedro Núñez, padre de la difunta.

 

10.-DON AGUSTÍN ANTONIO NÚÑEZ (1732-1796), TENIENTE DE

BENEFICIADO y NOTARIO PÚBLICO y SOCHANTRE DE GÜÍMAR

 

Hermano menor de los anteriores, nació en Güímar el 16 de septiembre de 1732, siendo bautizado cinco días después por don Domingo de Páez y Galdona, beneficiado de las parroquiales de San Pedro de Güímar y Santa Ana de Candelaria; se le pusieron los nombres "Agustín Antonio" y actuó como padrino don Bernardo de Torres Marrero, natural de Arafo y vecino de Güímar.

 

Ante el deseo de don Agustín Antonio de seguir la carrera eclesiástica, su abuela materna, doña Ana de Ledesma, mujer de don Juan Alonso Bencomo, fundó una Capellanía a su favor con un pedazo de tierra sito en la Hoya de Juan Delgado, de la que tomó posesión el 13 de enero de 1756. De este modo ya pudo comenzar sus estudios de Latinidad, Filosofía y Teología con los frailes dominicos del convento de Santo Domingo Soriano de su pueblo natal y, poco tiempo después, el 12 de marzo de 1756, recibió la Prima Tonsura y las cuatro Órdenes Menores en la capilla del palacio episcopal de Las Palmas de Gran Canaria. Dos años más tarde, el 23 de diciembre de 1758, fue ordenado de sub diácono por el obispo de Canarias Fray Valentín de Morán, quien también le había conferido los anteriores graDos. Como clérigo subdiácono, en 1764 fue designado sacristán de la iglesia de San Pedro Apóstol.

 

Habría de pasar más de una década para que don Agustín Núñez, como era conocido, recibiese las restantes Órdenes Sagradas de, manos del obispo don Juan Bautista Servera; así, el 9 de junio de 1770 fue ordenado de Evangelio en la iglesia del convento de religiosas de Santa Clara de La Laguna. Al año siguiente, el 21 de septiembre de 1771, recibió el Presbiterado en la iglesia del Pino de Teror. A partir de esa fecha quedó

adscrito a la parroquia de Güímar, donde auxiliaba al párroco en la celebración de misas y sacramentos. Hacia 1774 fue nombrado teniente de beneficiado de San Pedro, cargo en el que continuó durante 22 años, hasta su muerte.

 

Por otro lado, en 1777 ya figuraba como capellán de la Capellanía fundada en 1742 por don Juan Pedro de Ledesma y doña María Miguel, y que anteriormente disfrutaba don Pedro de Castro y Ledesma; por tal motivo, en esa época estaba obligado a aplicar las misas adscritas a sus dos Capellanías y a la que disfrutaba don Tomás Herández de Oliva, de  la que era capellán don Cristóbal Bencomo desde 1781, más las que le asignaban en sus testamentos muchos paisanos. Además, debía cumplir con sus funciones en la parroquia.

 

A sus responsabilidades unió enseguida las de sochantre y mayordomo de fábrica de la parroquia (continuaba como tal en 1790). Su trabajo aumentó a partir de 1781, al concedérsele también el empleo de notario público de Güímar, en el que permaneció hasta su muerte.

 

El l0 de marzo de 1788, en el transcurso de una visita pastoral efectuada a Güímar por el obispo de Canarias don Antonio Martínez de la Plaza , presentó a éste sus títulos de sochantre de la iglesia parroquial de Güímar y de notario público supernumerario de ella, que le fueron devueltos para que usase de ellos por el tiempo de la voluntad de S.I.

 

Dos días después le presentó también su título de mayordomo de fábrica de la citada iglesia, que también se le devolvió para que continuase usando de él. En nueva visita pastoral efectuada a Güímar el 28 de diciembre de 1793, se le refrendaron sus títulos de sochantre de dicha parroquial y de notario público del mismo lugar.

 

El sacerdote don Agustín Antonio Núñez testó en Güímar el 13 de junio de 1796, dejando "el sitio de su habitación" al presbítero don José Bernardo Carrillo; nombró albaceas al mencionado sacerdote y al alcalde don Cristóbal Delgado. Ese mismo día dejaba de existir en su domicilio, a los 63 años de edad; al día siguiente recibió sepultura en la iglesia de San Pedro. El 24 de septiembre de ese mismo año se celebró un oficio por su alma, encargado por la Hermandad del Santísimo Sacramento, de la que era hermano.

 

11.- DON JUAN VICTORIANO NÚÑEZ

Nació en Güímar el 12 de enero de 1736, siendo bautizado tres días después en la iglesia de San Pedro por el beneficiado don Domingo de Páez y Galdona; se le pusieron los nombres "Juan Victoriano" y actuó como padrino el presbítero don Cristóbal Hernández Núñez, de la misma naturaleza y vecindad.

 

VIII.- DON FRANCISCO NÚÑEZ DÍAZ (O LEDESMA)

Nació en Güímar el 9 de marzo de 1727, siendo bautizado dos días después en la iglesia de San Pedro por el presbítero don Francisco Hernández de la Rosa , con licencia del beneficiado don Domingo de Páez y Galdona; se le puso por nombre "Francisco" y fue su padrino don Bernardo Marrero de Torres, vecino de dicho lugar.

 

El 25 de octubre de 1756 contrajo matrimonio con doña María de Torres y Ledesma138, natural de Güímar e hija de don Bernardo de Torres Bencomo139, nacido en Arafo, y de doña Juana Martín de Ledesma ( casados el 6 de julio de 1724); los casó y veló Fray Pedro Núñez, "Di'.'. del Rosario y Recidente Morador en el Combto de Sto Domingo de este lug de Guimr", con licencia del beneficiado don Cristóbal Alonso Núñez; actuaron como testigos don Bernardo de Torres Marrero "Menor", don Pedro Rodríguez Cartaya y don Salvador Rodríguez Adrián, de la misma naturaleza y vecindad.

 

Don Francisco recibió sepultura en el convento de Santo Domingo de Güímar el 17 de abril de 177; 1, a los 44 años de edad; había recibido los Santos Sacramentos y testado ante testigos pocos días antes; a su sepelio asistió el Beneficio por la calle e hizo cuatro pausas. El día 20 se hizo un oficio por su alma en la iglesia de San Pedro, "con vigilia, misa cantada y responso", por disposición de la Hermandad del Santísimo Sacramento,

de la que había sido hermano; y el 23 de ese mismo mes de abril se le hizo otro oficio igual en dicho templo por la Confraternidad del Carmen, de la que también había sido hermano; ambos fueron celebrados por el beneficiado don José Fernández Camillón.

 

De este enlace nacieron tres hijos:

 

1.-DON FLORENTÍN NÚÑEZ y T0RRES (1761-1821), BENEFICIADO PROPIO

DE GÜÍMAR y CAN6NIGO FUNDADOR DE LA CATEDRAL DE TENER/FE

 

Entre los muchos güimareros que siguieron la llamada vocacional uno de los más ilustres fue el sacerdote don Florentín Núñez y Torres. Tras su ordenación fundó en su pueblo natal una escuela pública, en la que además impartía Latinidad, Filosofía y Teología a los que se iniciaban en la carrera eclesiástica; fue beneficiado de Güímar durante un cuarto de siglo, siendo el segundo güimarero que regentó en propiedad la parroquia de San Pedro; en su etapa y gracias a su empuje se procedió a la reedificación de dicho templo, que quedó casi como luce en la actualidad; obtuvo los títulos de ministro calificador y comisario del Santo Oficio de la Inquisición ; y fue canónigo fundador de la Santa Iglesia Catedral de Tenerife, el segundo más antiguo y el primer prebendado de la nueva diócesis que falleció en el cargo. En resumen, fue una de las personalidades canarias de mayor prestigio en su época.

 

Nació en Güímar el 16 de octubre de 1761. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por don Cristóbal Alonso Núñez, beneficiado propio de dicha parroquial y de Santa Ana de Candelaria; se le pusieron los nombres "Florentín jesús del Socorro" y actuó como padrino su abuelo materno don Bernardo de Torres Bencomo, natural de Arafo y vecino de Güímar.

 

Deseosos sus padres de que siguiese la carrera eclesiástica, lo pusieron a aprender las primeras letras con los frailes dominicos del convento güimarero. En 1767 solicitaron para él la capellanía que había fundado su tío abuelo el capitán don Pedro de Torres Marrero, que se hallaba vacante; al ser único opositor, ésta le fue adjudicada el 7 de febrero de ese mismo año. En 1771 ingresó como hermano en la Confraternidad del Santísimo Rosario, establecida en el citado convento, donde continuó sus estudios eclesiásticos.

 

En la Visita que el obispo de Canarias Fray Joaquín de Herrera realizó a Güímar el 23 de agosto de 1781, quedó enterado del litigio existente entre las Hermandades del Santísimo Sacramento y la del Rosario de dicho lugar, que tenía origen en las concurrencias y preferencias de las dos Hermandades a los convites que mutuamente se prestaban, y en las asistencias a los entierros y otras funciones; deseando cortar este motivo de divisiones en el pueblo hizo comparecer a su presencia, y ante el beneficiado don Luís Ambrosio Fernández del Castillo, a don Florentín Núñez, como apoderado de dicha Hermandad del Santísimo para la prosecución de este litigio, al ayudante don Pedro Martínez de Santaella, apoderado de la del Rosario, y al capitán don Bernardo de Torres Marrero, hermano de ambas, para que tratasen de una prudente y amigable composición, como así se consiguió. Tras ampliar sus conocimientos en La Laguna y alcanzar la edad suficiente, el 20 de diciembre de 1782, viernes por la tarde, don Florentín fue ordenado de Tonsura y Menores en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria; En la mañana del sábado 15 de marzo de 1783 fue ordenado de Epístola en la misma ciudad. Todas las órdenes que había recibido hasta entonces le fueron conferidas por el obispo de Canarias Fray Joaquín de Herrera. En febrero de 1783, siendo clérigo de Menores, y en marzo de 1785, como Subdiácono, actuó como testigo en testamentos otorgados en la iglesia de San Pedro de su pueblo natal.

 

En la mañana del l de abril de 1786, también sábado, fue ordenado de Evangelio en la iglesia del Monasterio de San Ildefonso de Las Palmas.

 

Finalmente, en la mañana del sábado 10 de junio de ese último año, fue ordenado de presbítero en la iglesia del convento de San Bernardo de Las Palmas. Recibió las dos últimas Órdenes Sagradas de manos del nuevo obispo de Canarias don Antonio Martínez de la Plaza , quien le concedió licencias de celebrar, predicar y confesar hombres y mujeres.

 

Tras celebrar su primera Misa en el templo parroquial de Güímar, desde el mismo año de su ordenación el nuevo sacerdote quedó adscrito a la parroquia de San Pedro, donde comenzó a colaborar con los sucesivos beneficiados, don Luís Ambrosio Fernández del Castillo, don Pedro José de Acosta y Abad y don Francisco Cruz Alayón, conjuntamente con el también presbítero don Agustín Antonio Núñez.

 

A poco de su ordenación, don Florentín fundó en Güímar una escuela pública, en la que además de las primeras letras impartía Latinidad, Filosofía y Teología a los que se iniciaban en la carrera eclesiástica. Entre los alumnos que llegaron a ordenarse de presbíteros recordamos a sus sobrinos, don Nicolás y don Antonio Rodríguez Torres, don Antonio Mauricio Jorge Perdomo de Fleitas, don José Domingo Hernández de Castro, don Hipólito Casiano Bello y don Juan de Castro y Baute; este último le sustituyó al frente de la escuela, cuando tuvo que renunciar a ella al ser nombrado párroco de San Pedro.

 

El 6 de marzo de 1794, habiendo vacado el Beneficio parroquial de San Pedro de Güímar y de Santa Ana de Candelaria, el presbítero Núñez fue nombrado beneficiado servidor por el obispo don Antonio Tavira y Almazán, haciéndose cargo de ella tres días después. El primer gran reto con el que se enfrentó en tan importante destino fue la reedificación de la iglesia parroquial matriz de San Pedro Apóstol, pues en la visita que hizo a Güímar el mencionado obispo Tavira entre los días 25 de diciembre de 1793 y 1 de enero de 1794, ordenó se exhortara

 

(...) al Pueblo a concurrir a la obra de la Iglesia Parroquial considerando que es de tanta urgencia por la ruina que amenaza y por la deformidad que dicen con que se hizo ya de nuevo, y sobre todo que es justo que un Pueblo numeroso y en que se hecha de ver piedad y devoción, se esmere en preparar al Señor un templo digno, donde se le dé culto, y desde luego ofrecemos contribuir con trescientos pesos (...).

 

En ese mismo mes de enero se eligió al teniente coronel don Bernardo de Torres Marrero como depositario para recoger los alcances de las cofradías y las limosnas de los feligreses destinados a dicha reedificación; este ilustre militar fue al mismo tiempo el autor de los planos del nuevo cuerpo principal de la iglesia y director de las obras.

 

Comenzó desde entonces la cuenta del dinero recaudado, que se fue entregando por el recaudador al beneficiado, quien era el encargado de distribuirlo según los gastos se iban produciendo. En este sentido, don Florentín solicitó al cabildo en 1799 una licencia de madera para las obras de edificación de la parroquia.

 

A los pocos meses de su toma de posesión, le tocó al Sr. Núñez inaugurar la capilla que había sido construida por los vecinos del lugar de Güímar pertenecientes a la parte de arriba, en honor de San Pedro Apóstol, patrono del pueblo; una vez practicada la dotación de bienes y reconocida la decencia y aseo de ornamentos y vasos sagrados, necesarios para la celebración del Santo Sacrificio, el 28 de julio de 1794 procedió a la bendición, con arreglo al Ritual Romano, y celebró la primera Misa.

 

Por sendos autos del citado obispo Tavira y Almazán, dado a 17 de octubre de 1795, tras su visita a este Valle, se crearon las parroquias de Santa Ana de Candelaria y San Juan Degollado de Arafo, desmembradas de Güímar, por lo que a partir de entonces don Florentín Núñez figuró con el título único de beneficiado servidor de San Pedro Apóstol de Güímar.

 

El 13 de julio de 1797 se le adjudicó la Capellanía fundada por doña Ana de Ledesma, de la que fue último capellán el presbítero don Agustín Antonio Núñez; ésta se unió a la que ya poseía, fundada por don Pedro de Torres Marrero.

 

El 1 de agosto de 1800, precedidas las diligencias de derecho de concurso y oposición, don Florentín obtuvo Real presentación y colación canónica del Beneficio que ocupaba, reconociéndosele así el brillante ministerio que había desempeñado hasta entonces a plena satisfacción del vecindario. La primera comisión destacada que se le asignó fue la

bendición de la nueva iglesia de Fasnia, construida por los vecinos en obedecimiento del auto de don Manuel Verdugo de 19 de octubre de ese mismo año, por ser titular de la parroquia matriz de aquella; la apertura al culto tuvo lugar el 1 de noviembre siguiente.

 

En cuanto a su iglesia de San Pedro, hallándose ya construida la parte principal de ella, se dirigió al obispo en escrito de 20 de mayo de 1802 solicitando licencia para la bendición y celebración de Misa; en dicho memorial se resumía el proceso de reedificación del templo: (...) estos feligreses de la Parroquia de Güímar viendo en otro tiempo que el templo amenazaba ruina así por su construcción antigua como por la poca suficiencia y menos solidez de sus materiales, siendo de tres naves, se resolvieron a derribar sus tres capillas y fabricarlas de nuevo, tapiando sus tres principales arcos para que durante el tiempo de la reedificación sirviesen solas las naves de Iglesia y efectivamente así se practicó hasta que lograron reedificar las capillas que con licencia del Ilmo. Prelado de aquel tiempo bendijo el Párroco, y derribando los tabicones que mediaban entre la obra nueva y la antigua se sirvieron de una y otra por algunos años.

 

Pero deseosos hasta los más pobres convezinos de reedificar todo el templo y animados del Ilmo. Sr: Don Antonio Tavira, antecesor de S.I., en su Santa General visita, se siguió acopiando materiales y con anuencia del Ilmo. Prelado se tapiaron los arcos de las nuevas capillas, sirviendo estas de Iglesia y se derribaron las antiguas naves que ya mis parroquianos han conseguido ver reedificadas a costa de sus propios haberes y sudor de sus personas con mucho gusto.

 

Mas, aunque los cimientos de las nuevas naves por ambos costados fueron abiertos casi siguiendo en todo los vestigios de los antiguos, no aconteció lo mismo con los del frente porque a lo largo se aumentaron algunas varas en la mayor parte del templo. Lo que pongo en noticia de S.I. para que si tiene a bien se bendiga el nuevo cuerpo de la Iglesia reedificada, se digne concederme la licencia, por lo que suplico a nombre de todos mis feligreses, que desean con ansia mucha derribar los tabicones que les estrechan y reunidos en lo espacioso de su templo dar mil gracias al Señor que les ha concedido vida para ver tan bien empleado parte del fruto de sus tareas y sudores (...).

 

El obipo canario don Manuel Verdugo, por auto dado el 18 de junio siguiente en su visita pastoral a la ciudad de Santa Cruz de La Palma , concedió facultad al Sr. Núñez para bendecir la parte de dicha Iglesia que se había fabricado, una vez que la hallase con toda decencia, adornos y demás requisitos necesarios, y además dio su licencia para que se pudiese celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Así , el 24 de diciembre de dicho año 1802 don Florentín procedió a la bendición de las tres naves reedificadas desde los arcos maestros hasta el frente, predicando ante sus feligreses un emotivo sermón. El primer entierro que se hizo en el nuevo enlosado fue el de doña Cayetana de la Rosa y Núñez.

 

En relación con las Fiestas Patronales de San Pedro Apóstol, en los años en que don Florentín estuvo al frente de la parroquia, conocemos un curioso mandato del obispo Verdugo, fechado en 1804 y dirigido a aquel:

 

(...) Habiendo llegado a nuestra noticia que contra el respeto y veneración que se debe al templo del Señor y los principios de la sana disciplina, se representa  alternativamente una comedia en las mismas puertas de las Hermitas de San Pedro de Arriba y San Pedro de Abaxo, en las vísperas del día de este Santo Apóstol ya presencia de todo el Clero y Hermandad que concurren formando cuerpo entre la multitud que asiste a presenciar este acto dentro y Juera de las enunciadas  Hermitas; mandamos al Venerable Párroco que por ningún motivo permita semejante espectáculo en aquellos sitios ni asista a él con el Clero y Hermandades, puesto que lexos de servir de edificación aparta al Pueblo del verdadero espíritu de devoción y puede a las veces ocasionar desórdenes y contiendas que turben la paz en el mismo sitio a que no deben concurrir los fieles sino penetrados del espíritu de Religión para que sus oraciones y alabanzas sean aceptas y agradables a los ojos del Señor: y nos prometemos de la prudencia y celo ilustrado del actual Párroco, que en caso de resistencia de algunos de sus Parroquianos (lo que esperamos), les instruirá con suavidad y razonamiento persuasivos de la necesidad que nos ha obligado a dar esta providencia así por no faltar a nuestro deber de conducir a los fieles por el recto camino, como para cumplir con toda la exactitud (...) con lo que sabiamente está mandado en Real Cédula de 19 de noviembre de 1771 (...).

 

Suponemos que don Florentín tuvo el suficiente tacto como para evitar absurdos enfrentamientos con sus paisanos, ante una medida incomprensiblemente drástica.

 

En los años que siguieron nuestro biografiado continuó centrado en su labor ministerial, fundamentalmente en la realización de mejoras en la parroquia que regentaba. Así, hasta el mes de febrero de 1804 ya se habían invertido en las obras del templo 6.819 pesos corrientes, 7 reales de plata y 15 cuartos. En el período comprendido entre 1804 y 1819 se efectuaron nuevas obras en la iglesia, sobre todo en la sacristía, presbiterio y torre; esta última quedó levantada en la época de don Florentín hasta su primer cuerpo. Por último, se construyó el atrio y un decente y hermoso tabernáculo por el maestro don Lucas Navarro que, junto con las demás obras, dio una nueva imagen a este templo. En estas laboriosas tareas contó el Sr. Núñez con dos fieles colaboradores, que ocuparon en distintas épocas el cargo de mayordomo de fábrica de San Pedro, ellos fueron los presbíteros don Nicolás Rodríguez Torres y don Isidro Quintero y Acosta; como colector tenía a don José Bernardo Carrillo y en el resto de sus ocupaciones lo auxiliaron los también presbíteros don Antonio Mauricio Perdomo y Fleitas, don José Domingo Hernández de Castro, don Hipólito Casiano Bello, don José Elías Hernández y el prior del convento dominico de la localidad Fray Roberto González.

 

 

 

 

 

NOTAS:

 

137.- El 7 de abril de 1812 don Cristóbal Delgado Tonazo y doña Isabel Hernández Núñez, ". del Lugar de Guimar y residentes en esta ciudad", fundaron en La Laguna un patrimonio vitalicio a favor de su hijo, pues: "D. Felix Delgado Hemández su legitimo hijo se ha dedicado pº'. su propia voluntad e inclinacion al estado Eclesiastico exercitando sus estudios con aprovechamiento; y por 1o mismo estan bien satisfechos los comparecientes que esta es su unica advocacion, y para que se realice su intencion tan loable quieren condescender en ello, pero como le falta congrua con que poderse ordenar; para que tenga Capellania con que poderlo hacer y gloria de Dios nuestro Señor han deliverado hacerle Patrimonio Vitalicio". Lo fundaron con 200 pesos corrientes, de a 15 r' v", sobre una una suerte de tierra calma con algunos árboles en Las Cañadas de la Perera , de 4 fanegadas, 7 almudes y 9 cuarticas, valorada en 232 pesos y 2 reales, con un rédito anual de 30 pesos libres de cargas; otra suerte de tierra con viña e higueras en los Topos del Fregenal, de una fanegada, un almud y tres y medio cuartos, valorada en 300 reales y con un rédito de 60 pesos anuales; otra suerte de tierra, la mayor parte poblada de viña, en La Ladera , con 200 pesos de valor y 60 de rédito anual; otra suerte de tierra calma sobre dicha Ladera, más arriba del camino y donde llamaban Suerte de los Corrales, con una fanegada de extensión, 60 pesos corrientes de valor y un rédito de 10 pesos al año; y otro cercado en las cercanías del Lugar de Güímar, con cuatro horas de agua para su riego, valorizado en 114 pesos y dos y medio cuatos, con un rédito anual de 40 pesos. El14 de mayo de 1812 se inició el expediente para erigir en "quasi espirituales" dichos bienes. El 12 de junio se recibió información de tres testigos nombrados por el opositor, que fueron don Emeregildo Pérez, don Francisco Leandro García y don Marcial de Ledesma, y dos testigos de oficio, don Francisco González del Castillo y don Isidro García, todos naturales y vecinos de Güímar, salvo don Francisco que era vecino de La Laguna. El 28 de julio el vicario de la Ciudad don Pedro José Bencomo, tras recibir la información de dichos testigos, emitió un informe favorable.

 

De este modo, el 22 de septiembre el provisor y vicario general del Obispado, Dr. Albertos, erigió en espirituales dichos bienes y los adjudicó a don Félix. Finalmente, el 16 de noviembre de 1812 el mismo provisor lo "declaró por consentido y pasado en autoridad de cosa juzgada".

 

138.- Nacida en Güímar en 1737, octava de nueve hermanos; entre éstos destacó don Bernardo de Torres Marrero y Ledesma (1726-1807), teniente coronel de Milicias, comandante de Armas y alcalde de Güímar, que casó en 1750 con doña Felipa Rodríguez Adrián, sin descendencia.

 

139.- Nacido en Arafo. Hijo del capitán don Juan de Torres y de doña Paula Marrero. Yerno de don Francisco Rodríguez López y de doña Juana de Ledesma.

 

Marzo de 2008.

 

Fuente consultada:

 

Octavio Rodríguez Delgado

El Dr. Don Agustín Díaz Núñez

Su vida, su familia y su obra (2 tomos)

Edición: Caja Rural de Tenerife, Cabildo Insular de Tenerife, Cajacanarias.

ISBN: 84-7985-046-9. Santa Cruz de Tenerife, 1996.