DE APELLIDOS GUANCHES Y EUROPEOS

CAPITULO II (y IX)

 

  Kebehi Benchomo

 

 

A pesar de su intensa labor sacerdotal, don Florentín nunca abandonó el cuidado de las considerables propiedades agrícolas que poseía en el Valle. Además, figuró entre los accionistas que costearon los trabajos de explotación y conducción de las aguas del Barranco del Río, de la que poseía 12 horas, según el permiso concedido por el Cabildo general de la isla, en virtud de la sentencia pronunciada el 11 de marzo de 1803 por el alcalde mayor de la Ciudad de La Laguna , y Real Provisión expedida por la Audiencia Territorial.

 

Por otro lado, don Florentín solicitó y obtuvo los títulos de ministro calificador y comisario del Santo Oficio de la Inquisición, con los que ya figuraba a partir de 1809; continuaba en ellos en 1817 y los ostentó hasta la abolición de esta polémica institución.

 

La gran edificación, caridad cristiana, paz y demás bellas cualidades que adornaban al Sr. Núñez, con las que había llevado debidamente el laborioso ministerio parroquial durante 25 años, le constituyeron en una de las personalidades más relevantes de Tenerife en su época. Sus méritos le fueron reconocidos al crearse el Obispado Nivariense, según Bula de erección otorgada por el Papa Pío VII el 1 de febrero de 1818, señalando por sede episcopal la parroquia de Ntra. Sra. de los Remedios, en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Según la mencionada Bula, las rentas de la Mesa Capitular se dividirían en 33 prebendas o raciones, las cuales habrían de repartirse: una ración con 1/4 de otra ración a cada dignidad; otra ración a cada uno de los canonicatos; 3/4 partes de otra ración a cada racionero entero; y la mitad de otra ración a cada uno de los medio-racioneros. Ante esta tentadora oferta de puestos importantes y bien remunerados, muchos eclesiásticos canarios aspiraron a colocarse en ellos, y comenzaron a dirigir rápidamente sus súplicas y méritos a Su Majestad el Rey don Fernando VII, quien probablemente las pasó a manos de su confesor, el ilustre lagunero don Cristóbal Bencomo, ya porque en todas épocas ha sido peculiar de los directores del Monarca inclinar el ánimo del Rey para las colocaciones eclesiásticas en los sujetos de quienes tienen mejor conocimiento e informes, ya con más razón cuando el mencionado confesor, como hijo de Tenerife, tenía y podía tener exacto conocimiento del clero canario.

 

Para ocupar una de las prebendas vacantes se comenzó a pensar con insistencia en don Florentín Núñez y Torres, a quien otros clérigos y personalidades militares y civiles lograron convencer para que enviase al Rey la "Relación de los títulos, méritos y servicios" que poseía; a pesar de que éste no tenía muchos deseos de separarse del pueblo en el que había nacido, vivido y trabajado durante toda su vida. Una vez estudiados les diferentes memoriales que llegaron a sus manos, don Cristóbal Bencomo propuso al Rey, en escrito de 17 de julio de 1819, se dignara nombrar entre los individuos que debían componer el nuevo Cabildo de Tenerife a don Florentín Núñez, beneficiado de Güímar, como segundo canónigo. El Rey aceptó en todas sus partes la propuesta de su confesor, y por Real Decreto Auxiliatorio de 18 de agosto de 1819 confirmó la creación de la nueva Diócesis, dotando el culto de su catedral y al personal de la misma, que estaría compuesto por 32 personas: seis dignidades, diez canónigos, ocho racioneros y ocho medio-racioneros. En virtud de este Real Decreto don Florentín fue elegido y presentado como segundo canónigo de la Santa Iglesia Catedral, pero dejándole en libertad de admitir o no su prebenda.

 

Nuestro biografiado aceptó con orgullo el nombramiento y el 21 de diciembre de ese mismo año 1819, ante el obispo auxiliar de Tenerife don Vicente Román Linares, tomó posesión de su cargo junto a los otros 19 miembros que constituyeron el primer Cabildo Catedral de Tenerife; entre éstos se encontraban otros dos güimareros: don Isidro Quintero y Acosta, que recibió la prebenda de racionero, y don Juan de Castro y Baute, que mereció la de medio-racionero. En el solemne acto, el notario público y de la Comisión Apostólica leyó la Real Orden de 31 de agosto en donde se designaban por S.M. los señores agraciados con las prebendas, terminado lo cual, puestos todos de rodillas ante el citado obispo auxiliar de Tenerife, se procedió a la Protestación de la Fé y colación canónica, concluida la cual, pasaron los miembros del Cabildo al coro, en donde el dicho notario fue dando a cada uno la posesión de su silla, -guardando en ella el orden de antigüedad con arreglo al nombramiento o presentación de S.M. de 31 de agosto ya citado. Una vez terminado pacíficamente el acto de posesión, hizo el citado obispo una breve felicitación a todo el Cuerpo en general y a cada uno de sus individuos en particular, recibiendo luego un abrazo de cada uno de los agraciados, entre los que se encontraba nuestro personaje. A continuación se celebró misa Pontifical, presidida por el predicho obispo Román Linares, y se cantó solemnemente la tercia, revistiéndose de diáconos cantores los señores canónigos más antiguos, don Agustín Rodríguez de Salazar y Trujillo y don Florentín Núñez; en todo el acto estuvo presente el Ayuntamiento y las tres comunidades religiosas mendicantes de la ciudad, que también tomaron parte en la suntuosa procesión que se efectuó luego por las calles de La Laguna , con la Virgen de los Remedios, San Fernando y Santa Isabel.

 

Todos los pueblos, corporaciones y párrocos de la isla se apresuraron a felicitar al nuevo Cabildo Catedral; sin embargo, no faltaron algunos que, naturalmente resentidos por no haber sido colocados en el número de los agraciados en dignidades, canónigos, racioneros o medio-racioneros, trataron de rebajar para con el público el mérito de cada uno de los posesionados. Contra aquellos fue bastante sentencia y ejecutoria en favor de éstos la felicitación del M.I. Ayuntamiento:

 

(...) las circunstancias recomendables de todos los beneméritos individuos de este muy respetable Cabildo Eclesiástico es el complemento de todo nuestro honor; de toda nuestra fortuna, y de nuestras más lisonjeras esperanzas (...) Sus largas y penosas tareas en el Ministerio Parroquial, su conducta siempre arreglada, laboriosa y notoriamente ejemplar; su saber y la modestia de que están adornados, es, y ha sido también una de las principales y más sobresalientes virtudes atendiendo a las que el Rey (...), se dignó dar a cada uno de sus constituyentes el justo premio que les era debido.

 

A esta manifestación se unió la arenga con que una diputación del convento de Padres Dominicos de La Laguna felicitó el día 18 de enero de 1820 al Ilustre Cabildo Eclesiástico en su instalación, que forma parte del expediente de creación del Obispado, que se conserva en la Biblioteca Universitaria de La Laguna : (...) S.I. se compone de sujetos que después de haber apacentado con celo y caridad las almas en diferentes Parroquias, han sido áncoras firmísimas de la paz en la antigua Catedral; (...) y ofrece a la nueva Diócesis un complejo de méritos y virtudes que no solamente le dan seguridad de obtener los buenos efectos que debe prometerse viendo el exacto cumplimiento de todos sus oficios, si no que la sirve de modelo y de ejemplos para que arreglen todos su conducta.

 

Quedaba así reflejada la opinión que del Sr. Núñez, como de todos los que componían el nuevo Cabildo Catedral, existía por aquel entonces en la ciudad de los Adelantados y en la isla entera.

 

Al obtener don Florentín la Canonjía con que lo agració S.M., se vio obligado a renunciar al Beneficio que con tanto celo había desempeñado, dejando a su feligresía llena de consternación al perder a un insustituible párroco. Desde el 21 de diciembre se encargó del servicio parroquial de San Pedro el presbítero don José Bernardo Carrillo, hasta que el 1 de enero de 1820 tomó posesión como beneficiado servidor el presbítero

don Antonio Rodríguez Torres, cura propio de Arafo y sobrino del canónigo que nos ocupa.

 

Por razón de su nuevo cargo, el Sr. Núñez pasó a residir a La Laguna , estableciéndose en la Calle Herradores ; con él se trasladaron a dicha ciudad sus sobrinos, el ya presbítero don Agustín Díaz Núñez y los hermanos menores de éste, don Pedro, que falleció poco después como minorista, y don Juan, que años más tarde se licenció en Derecho y desempeñó entre otros, los cargos de secretario de cámara del Obispado y decano del Colegio de Abogados de La Laguna.

 

El l0 de enero de 1820 el provisor y vicario capitular del Obispado concedió licencias por tiempo de su voluntad a nuestro canónigo, para que pudiese celebrar el Santo Sacrificio de la Misa , predicar el Santo Evangelio, confesar a personas de ambos sexos y religiosas de ambas filiaciones, absolver de los pecados reservados "a su Sría.", aplicar la indulgencia plenaria a los moribundos y habilitar a los incestuosos para el uso del matrimonio. En estas múltiples tareas ocupó don Florentín el corto período que permaneció en tan importante cargo; a ellas tenía que añadir las asignadas por el propio Cabildo Catedral, asistiendo siempre a las juntas que éste celebraba y firmando sus actas y acuerdos junto a don Agustín Salazar, por ser los dos canónigos más antiguos de la corporación.

 

En la madrugada del 27 de febrero de 1821, cuando tan sólo había transcurrido poco más de un año desde su toma de posesión, el canónigo don Florentín Núñez y Torres falleció en su domicilio de La Laguna , siendo el primer prebendado de La Santa Iglesia Catedral que moría en su cargo desde su creación; contaba 59 años de edad y había recibido los Santos Sacramentos, pero no había testado. Casi dos días después, el 28 de febrero, se le hicieron los oficios de cuerpo presente en dicha catedral por el lltmo. Cabildo, acompañado de numerosos feligreses y vecinos de Güímar, que se habían desplazado con tal motivo hasta la ciudad; una vez concluido el funeral se le llevó con solemne aparato hasta el campo santo, situado en los extramuros de la ciudad, donde se le dio sepultura como canónigo a la puerta de la capilla de dicho cementerio, donde aún se conserva la lápida. Ese mismo día se celebró un oficio mayor fúnebre por su alma en la parroquia de San Juan Degollado de Arafo, repitiéndose al día siguiente, ambos de obsequio por su sobrino el párroco don Antonio Rodríguez Torres. En su pueblo natal también se celebraron varios oficios, que fueron cantados por la Hermandad del Santísimo Rosario, a la que pertenecía; y por último, al cumplirse el mes de su fallecimiento, se celebraron nuevas misas en su recuerdo en La Laguna , Güímar y en el Convento Real de Candelaria. Su canonjía vacante fue ocupada el 18 de abril de 1825 por su paisano don Isidro Quintero y Acosta.

 

2.- DOÑA MARÍA NÚÑEZ TORRES, que concluye la línea.

 

3.- DOÑA FRANCISCA NÚÑEZ TORRES

Nació en Güímar el l0 de octubre de 1770, siendo bautizada cinco días después en la iglesia de San Pedro por don José Fernández Camillón, "Beneficiado propio desta Parroquia y de Sta Ana de Candelaria"; se le pusieron los nombres "Francisca Dionicia" y fue su padrino don Agustín Antonio Núñez, por entonces clérigo diácono; tenía "oleo y chrisma".

 

IX.-DOÑA MARÍA NÚÑEZ TORRES (1767-1852)

Nació en Güímar el 20 de septiembre de 1767, siendo bautizado seis días después en la iglesia de San Pedro por Fray Pedro Núñez, " Prior del Conv'o de Sto Domingo de dicho lugar", con licencia del beneficiado de dicha parroquia y de la de Santa Ana de Candelaria don José Fernández Camillón; se le pusieron los nombres "María Eustaquia" y fue su padrino el alférez don Bartolomé Delgado Mexías, natural y vecino del Lugar de Arico en el Pago de Fasnia.

 

Como ya hemos visto l40, el ll de mayo de 1795 contrajo matrimonio en la iglesia de San Pedro de Güímar con don Vicente Díaz Montijo (o Díaz López, o de Medina Montijo), quien falleció el 2 de abril de 1828, a los 66 años de edad. Al quedar viuda, el 19 de ese mismo mes de abril fue recibida como hermana de la Hermandad del Santísimo Rosario, creada en el convento dominico de la localidad.

 

Según el padrón parroquial de 1829 doña María Núñez vivía en la casa nº 175 de Güímar, en el "barranco y vera de los Canales", ya figuraba como viuda y con 62 años; le acompañaban cuatro de sus hijos: don Modesto (de 29 años), doña Juliana (de 25), don Juan (de 23) y don Gregorio (de" 20 años); en la casa contigua nº 174 vivía su hijo mayor, el beneficiado Díaz Núñez, de 33 años. En el padrón vecinal de 1847 doña María continuaba empadronada en Güímar, en compañía de dos de sus hijos: don Agustín, de 51 años y "Ve. Bdo.", y don Modesto, de 47, soltero y "com'e;". En el padrón parroquial de 1850 figuraba domiciliada en la casa nº 156 de la "Calle y Vera de los Canales", con 84 años y en compañía de su hijo Modesto, de 50 años; en la casa contigua, nº 157 vivía don Agustín Díaz Núñez, de 54 años.

 

Doña María Núñez Torres murió en su domicilio güimarero del barrio de Chacaica el 22 de febrero de 1852, a los 86 años de edad; al día siguiente se  celebró el funeral en la iglesia de San Pedro ya continuación recibió sepultura en el cementerio de la localidad.

 

En el momento de su muerte continuaba viuda de don Vicente Díaz López. Había testado ante el escribano público de la Villa de Santa Cruz don Manuel del Castillo y Espinosa, nombrando albaceas a sus hijos, don Agustín y don Modesto Díaz Núñez; además dejó una tercera parte de su casa, con su huerta inmediata, para los gastos de su funeral y misas, dividiendo el resto del edificio entre dos hijos, el ya mencionado don Modesto y don .Juan Díaz Núñez.

 

El l0 de mayo de 1852 se abrió su testamento, a solicitud de su hijo don Juan Díaz Núñez.

 

   

NOTA:

140 Véase el final de la rama paterna [VIII]

 

Abril de 2008.

 

Fuente consultada:

 

Octavio Rodríguez Delgado

El Dr. Don Agustín Díaz Núñez

Su vida, su familia y su obra (2 tomos)

Edición: Caja Rural de Tenerife, Cabildo Insular de Tenerife, Cajacanarias.

ISBN: 84-7985-046-9. Santa Cruz de Tenerife, 1996.