DE APELLIDOS GUANCHES Y EUROPEOS
CAPITULO II (y IX)
Kebehi Benchomo
A
pesar de su intensa labor sacerdotal, don Florentín nunca abandonó el cuidado
de las considerables propiedades agrícolas que poseía en el Valle. Además,
figuró entre los accionistas que costearon los trabajos de explotación y
conducción de las aguas del Barranco del Río, de la que poseía 12 horas, según
el permiso concedido por el Cabildo general de la isla, en virtud de la
sentencia pronunciada el 11 de marzo de 1803 por el alcalde mayor de
Por
otro lado, don Florentín solicitó y obtuvo los títulos de ministro
calificador y comisario del Santo Oficio de
La
gran edificación, caridad cristiana, paz y demás bellas cualidades que
adornaban al Sr. Núñez, con las que había llevado debidamente el laborioso
ministerio parroquial durante 25 años, le constituyeron en una de las
personalidades más relevantes de Tenerife en su época. Sus méritos le fueron
reconocidos al crearse el Obispado Nivariense, según Bula de erección otorgada
por el Papa Pío VII el 1 de febrero de 1818, señalando por sede episcopal la
parroquia de Ntra. Sra. de los Remedios, en la ciudad de San Cristóbal de
Para
ocupar una de las prebendas vacantes se comenzó a pensar con insistencia en don
Florentín Núñez y Torres, a quien otros clérigos y personalidades militares
y civiles lograron convencer para que enviase al Rey la "Relación de los títulos,
méritos y servicios" que poseía; a pesar de que éste no tenía muchos
deseos de separarse del pueblo en el que había nacido, vivido y trabajado
durante toda su vida. Una vez estudiados les diferentes memoriales que llegaron
a sus manos, don Cristóbal Bencomo propuso al Rey, en escrito de 17 de julio de
1819, se dignara nombrar entre los individuos que debían componer el nuevo
Cabildo de Tenerife a don Florentín Núñez, beneficiado de Güímar, como
segundo canónigo. El Rey aceptó en todas sus partes la propuesta de su
confesor, y por Real Decreto Auxiliatorio de 18 de agosto de 1819 confirmó la
creación de la nueva Diócesis, dotando el culto de su catedral y al personal
de la misma, que estaría compuesto por 32 personas: seis dignidades, diez canónigos,
ocho racioneros y ocho medio-racioneros. En virtud de este Real Decreto don
Florentín fue elegido y presentado como segundo canónigo de
Nuestro
biografiado aceptó con orgullo el nombramiento y el 21 de diciembre de ese
mismo año 1819, ante el obispo auxiliar de Tenerife don Vicente Román Linares,
tomó posesión de su cargo junto a los otros 19 miembros que constituyeron el
primer Cabildo Catedral de Tenerife; entre éstos se encontraban otros dos güimareros:
don Isidro Quintero y Acosta, que recibió la prebenda de racionero, y don Juan
de Castro y Baute, que mereció la de medio-racionero. En el solemne acto,
el notario público y de
Todos
los pueblos, corporaciones y párrocos de la isla se apresuraron a felicitar al
nuevo Cabildo Catedral; sin embargo, no faltaron algunos que, naturalmente
resentidos por no haber sido colocados en el número de los agraciados en
dignidades, canónigos, racioneros o medio-racioneros, trataron de rebajar para
con el público el mérito de cada uno de los posesionados. Contra aquellos fue
bastante sentencia y ejecutoria en favor de éstos la felicitación del M.I.
Ayuntamiento:
(...)
las circunstancias recomendables de todos los beneméritos individuos de este
muy respetable Cabildo Eclesiástico es el complemento de todo nuestro honor; de
toda nuestra fortuna, y de nuestras más lisonjeras esperanzas (...) Sus largas
y penosas tareas en el Ministerio Parroquial, su conducta siempre arreglada,
laboriosa y notoriamente ejemplar; su saber y la modestia de que están
adornados, es, y ha sido también una de las principales y más sobresalientes
virtudes atendiendo a las que el Rey (...), se dignó dar a cada uno de sus
constituyentes el justo premio que les era debido.
A
esta manifestación se unió la arenga con que una diputación del convento de
Padres Dominicos de
Quedaba
así reflejada la opinión que del Sr. Núñez, como de todos los que componían
el nuevo Cabildo Catedral, existía por aquel entonces en la ciudad de los
Adelantados y en la isla entera.
Al
obtener don Florentín
don
Antonio Rodríguez Torres, cura propio de Arafo y sobrino del canónigo que nos
ocupa.
Por
razón de su nuevo cargo, el Sr. Núñez pasó a residir a
El
l0 de enero de 1820 el provisor y vicario capitular del Obispado concedió
licencias por tiempo de su voluntad a nuestro canónigo, para que pudiese
celebrar el Santo Sacrificio de
En
la madrugada del 27 de febrero de 1821, cuando tan sólo había transcurrido
poco más de un año desde su toma de posesión, el canónigo don Florentín Núñez
y Torres falleció en su domicilio de
2.-
DOÑA MARÍA NÚÑEZ TORRES, que concluye la línea.
3.-
DOÑA FRANCISCA NÚÑEZ TORRES
Nació
en Güímar el l0 de octubre de 1770, siendo bautizada cinco días después en
la iglesia de San Pedro por don José Fernández Camillón, "Beneficiado
propio desta Parroquia y de Sta Ana de Candelaria"; se le pusieron los
nombres "Francisca Dionicia" y fue su padrino don Agustín Antonio Núñez,
por entonces clérigo diácono; tenía "oleo y chrisma".
IX.-DOÑA
MARÍA NÚÑEZ TORRES (1767-1852)
Nació
en Güímar el 20 de septiembre de 1767, siendo bautizado seis días después en
la iglesia de San Pedro por Fray Pedro Núñez, " Prior del Conv'o de Sto
Domingo de dicho lugar", con licencia del beneficiado de dicha parroquia y
de la de Santa Ana de Candelaria don José Fernández Camillón; se le pusieron
los nombres "María Eustaquia" y fue su padrino el alférez don
Bartolomé Delgado Mexías, natural y vecino del Lugar de Arico en el Pago de
Fasnia.
Como
ya hemos visto l40, el ll de mayo de 1795 contrajo matrimonio en la iglesia de San
Pedro de Güímar con don Vicente Díaz Montijo (o Díaz López, o de Medina
Montijo), quien falleció el 2 de abril de
Según
el padrón parroquial de 1829 doña María Núñez vivía en la casa nº 175 de
Güímar, en el "barranco y vera de los Canales", ya figuraba como
viuda y con 62 años; le acompañaban cuatro de sus hijos: don Modesto (de 29 años),
doña Juliana (de 25), don Juan (de 23) y don Gregorio (de" 20 años); en
la casa contigua nº 174 vivía su hijo mayor, el beneficiado Díaz Núñez, de
33 años. En el padrón vecinal de 1847 doña María continuaba empadronada en Güímar,
en compañía de dos de sus hijos: don Agustín, de 51 años y "Ve. Bdo.",
y don Modesto, de 47, soltero y "com'e;". En el padrón parroquial de
1850 figuraba domiciliada en la casa nº 156 de la "Calle y Vera de los
Canales", con 84 años y en compañía de su hijo Modesto, de 50 años; en
la casa contigua, nº 157 vivía don Agustín Díaz Núñez, de 54 años.
Doña
María Núñez Torres murió en su domicilio güimarero del barrio de Chacaica
el 22 de febrero de
En
el momento de su muerte continuaba viuda de don Vicente Díaz López. Había
testado ante el escribano público de
El
l0 de mayo de 1852 se abrió su testamento, a solicitud de su hijo don Juan Díaz
Núñez.
NOTA:
140
Véase el final de la rama paterna [VIII]
Abril
de 2008.
Fuente
consultada:
Octavio
Rodríguez Delgado
El
Dr. Don Agustín Díaz Núñez
Su
vida, su familia y su obra (2 tomos)
Edición:
Caja Rural de Tenerife, Cabildo Insular de Tenerife, Cajacanarias.
ISBN:
84-7985-046-9. Santa Cruz de Tenerife, 1996.