DE
APELLIDOS GUANCHES Y EUROPEOS
CAPITULO
II (I)
Kebehi
Benchomo *
Dada la favorable acogida por parte de los lectores de la serie
divulgativa De apellidos Canarios y
europeos, los cuales tratan de la ascendencia por parte paterna del preclaro
descendiente de guanches el Dr. Díaz Núñez y la cual hemos extraído de la
extraordinaria obra del Catedrático de
El
objeto de este trabajo es el de divulgar algunos aspectos de la integración de
determinadas familias guanches en el nuevo orden impuesto por el sistema
dominante, de las cuales tenemos constancia mediante documentos públicos. Creo
que nos llevaremos una grata sorpresas el día que se haga una investigación
científica exhaustiva y metódica en esta línea de los antiguos protocolos
notariales y documentos públicos generados en los primeros tiempos de la invasión
de las islas, hueco que incomprensiblemente, continua abierto en la bibliografía
canaria.
En
este caso concreto que nos ocupa y referido a una sola familia del Menceyato de
Güímar, no solo es extensible a otras muchas familias guanches de la isla
Chinech sino que además es aplicable a las otras islas de nuestro archipiélago,
pues tuvo lugar el mismo proceso con anterioridad.
La
ingente cantidad de datos que nos aporta el autor relativo a una sola familia y
a un solo lugar -el Valle de Güímar- nos abren un amplio abanico de nombres y
apellidos europeos portados por nuestros antepasados,
proporcionándonos un amplio
conocimiento de la pervivencia de nuestros ancestros ocultos bajo nombres y
apellidos foráneos.
Dichas
familias al asumir -por imposición o por aceptación voluntaria- con el
bautismo cristiano nombres y apellidos europeos posiblemente no previeron que al
aceptar las sibilinas propuestas de los invasores, asumían la
ideología dominante de los mismos, la cual abarca diferentes y complementarias
manifestaciones: patriarcal, progresista unilineal, racista, clasista,
militarista, religiosa y otras, que se sostienen en valores conservadores que a
su vez difunden masivamente, como el culto a la idea del orden y al
establecimiento de un único orden; el culto a la superioridad, a lo foráneo, a
la competencia, al futuro, a la rapidez, a la razón instrumental, al ser humano
como centro del universo, a lo masculino; la ambición de poder y de dinero y
bienes materiales superfluos; el no-reconocimiento del
otro/a; la consecución de lo fácil; el falso respeto a las tradiciones
conservadoras, esa macro-ideología multidimensional que es el soporte del
ejercicio del poder-dominación y apela a un discurso que se pretende hegemónico
y basado en supuestas "leyes naturales", y, por tanto, presenta los
hechos de su conveniencia como "inevitables", y, más aun, como
"necesarios" para apuntalar el "progreso de
Entre
los métodos empleados por los invasores para anular la autoestima del pueblo
canario está la asignación arbitraria de calificaciones discriminatorias y
denigrantes al pueblo sometido y, particularmente a los que se han mantenido
alzados durante el colonialismo. La persistencia y/o diversificación de
calificaciones racistas sobre El pueblo originario en la actualidad:
"tribus" (no pueblo ni nación); "moros" (homogéneos, sin
diversidad); "salvajes/bárbaros" (atrasados, violentos, "pre-civilizados");
"buen salvaje (idealización nostálgica: inocentes, puros, pacíficos,
(primigenios “ecologistas,) "Vagos/improductivos"
(resistencia al trabajo esclavo, al vasallaje y al trabajo asalariado con sus
exigencias de "productividad"). "sucios" (a pesar de la
costumbre de bañarse diariamente y defecar fuera de sus viviendas, no se
perfuman ni asocian la tierra con "suciedad");
"inmorales/desvergonzados" (no temen a, ni ocultan sus cuerpos,
disfrutan por igual de la semi-desnudez y del uso de ropa tradicional u
occidental); "desobedientes" (resistencia a la autoridad impuesta);
"incultos" (no adoptan fácilmente la cultura del invasor y recrean
continuamente su propia cultura, incorporando y re significando algunos
elementos de la cultura envolvente del invasor.
La
educación y la cultura no se limitan a lo formal-institucional, siendo más
importante la comunidad en la formación de la persona);
"supersticiosos" (muchos/as continúan cultivando sus religiosidades
ancestrales y los/as cristianizados/as tienen una particular vivencia del
cristianismo); "invasores" (cuando una parte del pueblo canario
procura recuperar parte de sus tierras ancestrales, ocupa tierras producto del
desplazamiento forzoso de las tierras que tradicionalmente han ocupado o, se
defienden de los intentos de desplazamiento forzoso de las mismas, se les
califica de "invasores").
Caso,
en la actualidad, de la nefasta Ley de costas elaborada desde Madrid -donde no
existen costas marítimas-, mediante la cual se desplaza a los naturales de sus
tradicionales viviendas o casa de veraneo en las costas de las islas y se
permite la existencia de hoteles y urbanizaciones y bloques de apartamentos
edificados prácticamente dentro del mar…[2]
La
implementación de estrategias de asimilación/integración del pueblo canario
pretende su desaparición. El discurso del mestizaje pretende borrar las
diferencias. Este proceso persigue imponer la "homogeneidad"
socio-cultural del Estado Nacional Colonial y desconocer derechos canarios
originarios y específicos.
El
paternalismo de la cultura envolvente del colonialismo interno impone el término
"nuestros indígenas", obviando que los pueblos indígenas no le
pertenecen a ninguna otra cultura; la única pertenencia asumida es a
La
imposición del uso de un concepto limitado de cultura, que posibilita la
dominación basada en la desvalorización de la cultura ancestral y de la mal
llamada "cultura popular", a las que se le asigna un menor rango y un
carácter "arqueológico", "folklórico" o, de "atracción
turística", al lado de la cultura de las elites, presentada como "la
cultura", en un sentido universalista. Como consecuencia de esa visión
eurocéntrica/elitesca se ha desconocido al
idioma Insualamazigh,
calificado como "dialecto" siendo tronchado desde el momento de la
invasión (hasta las primeras décadas del siglo xx, en la escuelas rurales de
nuestra isla eran castigados físicamente los niños que atrevieran a hablar
guanche); a las expresiones artísticas propias y populares, calificadas como
"artesanías"; a sus religiosidades, calificadas como
"animismos" y "supercherías"; a sus tradiciones médicas y
botánicas, calificadas de "curanderismo" y "brujería". En
nombre del bienestar, con la ideología del progreso se ha justificado: La
apropiación de los recursos de los pueblos de la periferia capitalista mediante
el robo y saqueo legalizados, presentándoles como "pago de deudas".
Y
a todo este cúmulo de injusticias ha contribuido un hecho aparentemente
inocente, como es el cambio de nombres y apellidos guanches por otros europeos.
RAMA
MATERNA DEL DR. D. AGUSTÍN DÍAZ NÚÑEZ
El
linaje sureño lo fundaron don Álvaro Hernández Portugués y doña Catalina Núñez,
establecidos en Arafo. Su hijo don Joaquín Núñez, casado con doña Ana Díaz
Afonso, fue el cabeza de la rama "Núñez"; de él en adelante su
descendencia masculina no dejó de llevar este apellido, bien solo o acompañado
de otro distinto, aunque en todo caso familiar.
Uno
de sus hijos, don Diego Díaz Núñez "el Cojo", fue el primero que se
estableció en Güímar, encabezando la línea que concluye en doña María Núñez
Torres, madre del Dr. don Agustín Díaz Núñez.
Recordando
lo escrito en una ocasión por el fallecido Cronista Oficial de Güímar, don
Tomás CRUZ GARCÍA:
Entre
las casas antiguas que por verdadero milagro aún se conservan en Güímar; se
encuentra una en la calle de San Pedro de Abajo, actualmente de mis primos María
y Gonzalo Cruz García, que aunque de modesta apariencia, es de una belleza y de
un tipismo verdaderamente extraordinarios (...).
Esta
graciosa residencia constituyó, durante muchos años, la casa solariega de la
familia Núñez, desde el instante en que se domicilió en Güímar: No he
podido averiguar la fecha en que se construyó, ni tampoco quien ordenara su
edificación (...).
El
último varón de esta familia que poseyó la casa fue don José Núñez Rodríguez.
Luego pasó a su nieta doña Herminia Rodríguez Núñez, hija de don Víctor
Rodríguez Delgado y de su esposa doña Josefa Núñez Hernández, que contrajo
matrimonio con don José Pérez Praga, oriundo de Vilaflor, y como éstos
tampoco tuvieron varones la heredaron sus dos hijas: doña Lucrecia, esposa que
fue de don Arístides Hernández Mora, hijo del coronel de Infantería don
Constantino Hernández Rodríguez y de doña María Mora González, natural de
Según
comentaba don Tomás CRUZ GARCIA:
La
familia Núñez se asentó a raíz de la conquista de Tenerife, en los lugares
de Candelaria y Arafo, en especial en este último, donde .fue favorecida con
repartimientos de tierras y aguas por el Adelantado, don Alonso Fernández de
Lugo, sirviéndose de los poderes que le habían conferido los Reyes Católicos.
Que dicha familia ocupaba un lugar relevante en el Valle de GüímaR; lo
justifica, entre otras razones, el casamiento del mencionado Alvaro Hernández
Franco con Catalina Núñez; que ésta fuera hermana del presbítero don Diego Núñez
y de María Báez, casada con Melchor Pérez, alcalde de Candelaria, que sus
descendientes adoptaran posteriormente el apellido "Núñez", absteniéndose
del "Hernández Franco" o "Franco", posiblemente como
homenaje a sus ante pasadas las dos Catalina Núñez, y los enlaces
matrimoniales que los "Núñez" realizaron con las otras principales
familias del repetido Valle.
I.-
DON HERNÁN PÉREZ FRANCO (O YANES)
Caballero
portugués, natural de Vilarandel ( o Villarandello, o Villazán, o Villanueva)
en el concejo o "término de Chaves en Portugal". Fue conquistador de
Tenerife, eh donde se estableció en los primeros años del siglo XVI en unión
de su esposa doña Beatriz Rodríguez ( o Perera), con quien procreó a:
II.-
DON ÁL VARO HERNÁNDEZ PORTUGUÉS (O HERNÁNDEZ
FRANCO)
Al
igual que su padre era natural de San Vicente de Vilarandel, en el concejo de
Chaves (Portugal), y fue conquistador de Tenerife. Casó en esta isla en
segundas nupcias con doña Leonor Pérez Martín (o Pérez Yanes), hija de don
Pedro Martín (o Martínez) Yanes y de doña Catalina Luís Álvarez; el recibo
de dote fue otorgado en 1526 ante don
Alonso
Gutiérrez. Fueron vecinos de Tacoronte y don Álvaro fue enterrado en la
iglesia de San Pedro de El Sauzal.
Don
Álvaro otorgó testamento el 17 de octubre de 1547 ante don Gaspar Justiniano,
escribano de
Don
Álvaro y doña Leonor tuvieron dos hijos:
1.-
Don Francisco Álvarez Hernández Franco, Marido de doña Magdalena Hernández
Gallegos, hija de don Francisco Hernández Gallegos y de doña Leonor Alfonso,
su legítima mujer.
Encabezan
la rama mayor de
A)
Don Pedro Fernández Franco ( o Álvarez), capitán de Infantería
Ostentó el empleo de capitán de Infantería Española por patente dada
en Gran Canaria a 12 de julio de 1593, en “atención a sus méritos, servicios
y calidad", por don Luís de
Casó
dos veces: la primera con doña Nicolasa Rodríguez Álvarez de Toledo, natural
de
De
este primer matrimonio nacieron cuatro hijos: Don Francisco Fernández Franco,
doctor en Sagrada Teología y canónigo de
El
capitán Fernández Franco contrajo segundas nupcias con doña Isabel Pérez
Arocha (o Pérez Alfonso y Riverol), hija del Doctor don Baltasar Pérez
Alfonso, abogado de los Reales Consejos, caballero Hijodalgo de las Montañas de
Santander, y de doña Catalina de Riverol y Arocha, nacida en Santa Cruz de
De
este segundo enlace nacieron: Don Juan Fernández Franconco, 1 del nombre,
sargento mayor de
E)
Don Salvador Francisco Fernández Franco, alférez de Milicias Alcanzó el
empleo de alférez de las Milicias Provinciales. Casó en Tacoronte con doña
Lucía Rodríguez Beuiel, hija de don Manuel Alfonso Déniz y Contreras y de doña
María-Rodríguez Beuiel, que a su vez lo era de don Francisco Rodríguez,
conquistador de Tenerife, y de doña Blasona Berriel Fernández de Vera y Negrín.
Procrearon dos hijos: Don Eartolomé
Francisco
Franco (1614), nacido en Tacoronte, donde casó con doña Catalina Rodríguez de
Barrios, hija de don Diego Simón Rodríguez de Barrios y de doña María Hernández
Canino, con quien procreó al " Muy Reverendo Padre" Fray Diego Simón,
de
2.-
DON ÁLVARO HERNÁNDEZ PORTUGUÉS, que sigue la línea.
111.-
DON ÁL VARO HERNÁNDEZ PORTUGUÉS
Segundo
del nombre. Se estableció en el incipiente caserío de Arafo, donde contrajo
matrimonio con doña Catalina Núñez Báez, hermana del presbítero don Diego Núñez
e hija de don Tristán Báez y de doña Catalina Núñez, vecinos de Arafo; la
carta de dote fue otorgada en 1565 ante el escribano don Francisco Márquez y
recibida al año siguiente. Se establecieron en Arafo, donde nacieron sus hijos.
Como
ya hemos indicado con anterioridad, sus descendientes, prescindiendo del
"Hernández Franco" o del "Franco", formaron o constituyeron
dos linajes independientes en el Valle de Güímar: uno que sólo empleó en
adelante el apellido "Hernández"; y otro que adoptó el "Núñez".
Disfrutó
de considerables propiedades en el Valle, tanto en tierras como en animales. En
agosto de 1577 una vaca y un buey de su propiedad entraron e hicieron daño en
una sementera de cebada, que tenía en El Tanque don Pedro Hernández, mayordomo
que fue de don Francisco de Alarcón; así consta en una demanda interpuesta por
el dagnificado en "el valle y heredamiento de San Juan de Güímar",
ante el escribano don
Sancho
de Urtarte [fol. 888 r].
Los
herederos de don Álvaro Hernández "el Viejo" dividieron las tierras
de
[1]
BIOGRAFÍA de Octavio Rodríguez Delgado
[2]
Continuará…
Enero
2008.