Aprender del ejemplo de El Hierro

 

Isidoro Sánchez García *

 

La isla de El Hierro es un territorio singular dentro del archipiélago de Canarias. Se lo debe a su situación geográfica, principalmente a su longitud y a su latitud, a su tamaño y a su altura, a sus pendientes, a su geología y volcanismo, a su historia y a sus recursos naturales -como el mítico árbol sagrado Garoé o las sabinas de La Dehesa-, a los lagartos gigantes de los Roques de Salmor o a los vientos que soplan. También por ser refugio de paz, por ser Reserva de la Biosfera o de la Psicosfera, de la que tanto le gusta hablar al profesor y biólogo tinerfeño Antonio Machado Carrillo. Por todas estas razones, El Hierro siempre ha estado de moda. Desde el mundo clásico, cuando era el Meridiano Cero del planeta, en época de las Hespérides, hasta la actualidad, por razones de desarrollo sostenible gracias a su proyecto hidro-eólico Gorona, de proyección mundial en el ámbito de las energías renovables.


Aunque al principio no lo parezca, El Hierro a pesar de las apariencias, es una isla agraciada por la naturaleza. Basta caminar por la red de senderos y de caminos tradicionales recuperados por el Cabildo Insular para comprobarlo. Ofrece todo el encanto para el desarrollo de un turismo rural de primera categoría, debido a los valores de su paisaje agrario, al color de sus costas, de sus volcanes, al aroma de sus flores, de sus mieles, a las formas de las sabinas; por el verde de sus árboles, de sus fayas, de sus brezos, de sus pinos; por la riqueza de sus mares, por los secretos de sus aguas, por la pureza de su cielo, por su biodiversidad, por la importancia geográfica de Orchilla. Por todo un patrimonio cultural en el ámbito natural.


En este sentido, hay que recordar que desde tiempo inmemorial se ha escrito sobre la isla de El Hierro. Ptolomeo de Alejandría, en el año 150 de esta era que vivimos, habló del meridiano que fijaba las longitudes terrestres, la referencia geográfica del finisterre conocido, y lo situaba en el archipiélago de las Islas Afortunadas, en el jardín de las Hespérides, donde se ponía el sol. Existía una raya trazada en el globo terráqueo que marcaba la referencia cero para la Humanidad a la hora de contar las millas náuticas por parte de los navegantes y geógrafos. Era el meridiano cero que pasaba por la ínsula Hero de los bimbaches, con permiso del profesor Trapero; L’Île de Fer que llamarían los normandos después de la conquista a principios del siglo XV; la isla de El Hierro, para los castellanos.


A pesar de que los ingleses se llevaron a finales del siglo XIX esta referencia geográfica de la Punta de Orchilla para Greenwich, cerca de Londres, una serie de valores, tanto naturales como culturales existentes en la isla han posibilitado que el ejemplo de El Hierro se haya mantenido vivo como referente singular en la memoria histórica de la comunidad internacional. De hecho, ha sido declarada como Reserva de la Biosfera por la Unesco y la Comisión de las Comunidades Europeas la ha tomado como ejemplo de Isla Sostenible.

 

* Ingeniero de Montes