Aprender la
lección
Wladimiro Rodríguez
Brito
Lo ocurrido
en Tenerife en los últimos días de julio, no ha sido sólo un accidente
desgraciado que ha quemado viviendas y vegetación, cosa habitual y natural,
aunque el mismo sea hijo de pirómanos.
Tenemos que leer lo
ocurrido con otros ojos. En toda la historia de la isla el hombre ha vivido
vinculado a la tierra. La población tenía una relación directa con lo que
producía el entorno, tanto en alimento como en combustible, y cuando se
alteraba la superficie cultivada o dejaba de llover un año, teníamos que
emigrar, no había comida. La última emigración masiva a Venezuela en los años
cuarenta-cincuenta fue un ejemplo de hambre y emigración.
La patrona del Tanque,
tierra machacada por los volcanes, es
Una población que viva
en el campo y lo mire con ojos de ciudad esperando que los helicópteros y los
camiones de bomberos lo solucionen todo, es imposible en los incendios
forestales, si no se apoya en una cultura agraria.
Los incendios urbanos
son puntuales, a los que acuden los bomberos de un parque; los incendios
forestales son masivos, es totalmente imposible cubrir el espacio con equipos:
no hay ni aquí ni en Estados Unidos recursos para hacer frente y acudir de
manera simultánea a decenas kilómetros de fuego; pero lo que es más importante,
la prevención, la hemos descuidado. Nuestra población ha revalorizado el vivir
en el campo, devaluando la agricultura y la ganadería; unido a ello hemos hecho
un marco teórico de protección ambiental con culturas urbanas, papeles y
papeles en las que las administraciones somos lentas y en muchos casos
burócratas, más que gestores ágiles. Los usos tradicionales en el monte hay que
restablecerlos sin ninguna dificultad, por parte de la administración, sea Seprona o Medio Ambiente, hemos de armonizar la protección
de la naturaleza con los intereses de los paisanos que nos quedan, con el
máximo cuidado y mimo, dada la baja o mala rentabilidad económica que tiene el
campo.
Estas líneas pretenden
ser una reflexión de alguien que estuvo rodeado por el fuego en varias ocasiones,
camino de los pagos icodlártelos de Redondo,
Piquetes, o San Francisco de
Hagamos un esfuerzo en
esta ocasión para que en el próximo incendio, nuestros caseríos no estén
rodeados de matorrales y combustibles, y no vuelvan a ocurrir situaciones como
las que vivimos a las once de la noche del mencionado día 30 en