El atragantamiento con el nacionalismo

 

Juan Jesús Ayala

El nacionalismo, a pesar de las trabas y zancadillas que se le ponen con la finalidad de dificultar su protagonismo político, está en estos momentos históricos para Canarias sometido a una catarsis profunda y al inicio de unos debates que ya trascienden a la sociedad.

Por fin, muchos ya comienzan a hablar de nacionalismo sin tapujos ni melindres. A la opacidad de otros tiempos se le intenta dar brillo. Tiempos que muchas veces corren más deprisa que el pensamiento y que son propicios para que la ideología nacionalista tome asiento a la vez que se desentumezca.

Las incongruencias de algunos, no obstante, deben intentarse canalizar para que se construya un solo discurso; una sola voz que retumbe fuerte en cualquier espacio político de las Islas y con la capacidad de ir más allá de los linderos de un mar que nos pertenece, pero que así no lo consideran los que trazan destinos y fronteras.

Pero sucede que esto molesta. El aullido del nacionalismo da la impresión como si les diera temor. Y sobre todo a los que se les hace difícil abandonar el tufillo de mirarnos por encima del hombro, de creerse los reyes del mambo y consideran que las Islas deben seguir siendo dóciles e impávidas ya que así continuarán rentabilizando sus memeces y discursos elaborados con ideas decimonónicas.

Y, además, es curioso y preocupante que titulándose demócratas de toda la vida se horroricen cuando se les habla al oído de libertad, porque la única que quieren es la de ellos para combatir la de los demás.

El nacionalismo canario a estos que así piensan les vendría bien que siguiera instalado en la tibieza y en la confusión y que su voz ni les sobrepase ni les inquiete.

Están en una fase, los que tienen esa preocupación, de no digerir lo normal, lo que cada persona o cada pueblo quiere para sí desde la co-decisión, desde el compromiso compartido o desde un posible nuevo pacto entre las partes.

Y desde luego no es nada saludable ese atragantamiento porque compromete y define la actitud personal de cualquiera. Es mejor que el aire entre libre en los pulmones y que lo que haya que tragar se haga sin ningún tipo de dificultad faringo-esofágica.