Autopista
hacia el cielo
Jorge
Díaz
Desde hace
unas semanas, cualquiera que vaya hacia el sur por la autopista puede ver,
cerca del Polígono Industrial de
Un ejemplo,
por si queda alguien que no conozca las formas de gestión del voto “nuestro”: ¡Oye! ¿Por fin vas a apoyar los presupuestos
o qué? Bueno….Claro, tú sabes que nosotros somos leales súbditos. Siempre lo
hemos sido (tanto se acostumbraron al “sí, sí” que Mardones quedó imposibilitado
para el no). ¡Pero mira…! No me vayas a poner en el proyecto todos los millones
de los que hemos hablado para……..(censurado), quiero decir…para carreteras. Tú
primero dices que van 600 millones y yo en Canarias digo que ni hablar, que la
inversión por habitante es menor, que llevamos veinte años de atraso en
infraestructuras…y todo el cuento ese; luego tu accedes a aumentar la partida a
los 800 millones en los que habíamos quedado y así quedo yo bien, y todos
felices. Bueno, vale Paulino (o Ana, o Román, lo mismo da), quedamos en eso. Si
le parece a Usted que este diálogo es producto de la imaginación, está en un
error.
Esta obra
destruirá miles de hectáreas del suelo agrícola más fértil de
El trazado de
esta hermosísima autopista, diseñado con complasencia*
extrema, tuvo varias versiones, pero estando claro siempre que pasaría por
determinado lugar donde se va a instalar una “Plataforma Logística Insular”.
Como no podía ser menos, los propietarios de los terrenos con tan brillante
futuro son personajes muy comprometidos con el desarrollo de Tenerife.
El aparato de
propaganda del régimen lleva años machacando con la necesidad del anillo
exterior y, aunque en principio no estaba claro lo que eso significaba, ahora
todo el mundo sabe que este tramo de Montaña Talavera es irrenunciable. Por si
queda alguna duda, se compran algún medio de comunicación -¿Inversiones RIC?- y
se le suministra una línea editorial clara y responsable que haga ver a los
informados ciudadanos la absoluta necesidad de construir esta majadera
infraestructura.
Con las
perspectivas económicas y energéticas que cualquiera puede entrever en un
futuro próximo, con la densidad de carreteras por km2 que hay en
Canarias, con las múltiples necesidades de inversión en otros sectores, con la
importancia que el paisaje tiene como atractivo turístico, sin hablar de la
importancia suprema del suelo agrícola en la sostenibilidad isleña, a nadie en
su sano juicio se le ocurriría realizar ahora esta magna obra, y menos en sitio
tan inapropiado. Las razones del dislate son sabidas y viejas: la codicia y la
soberbia. Y ésas sí que son razones.
Según datos
suministrados por Invertia.com, las previsiones del precio del petróleo para
los próximos años van desde los 150 dólares el barril en cinco años y 200 para
el 2018 (Cladia Kemfert,
del instituto de estudios económicos alemán DIW), hasta las más optimistas
previsiones de Nuria Álvarez (Renta 4), que lo sitúan en torno a los 100
dólares/barril. Sea como sea, las reservas de crudo son cada vez más escasas y
es una increíble irresponsabilidad realizar inversiones públicas sin tenerlo en
cuenta.
Por más que
lo deseemos, no puede crecer indefinidamente el número de camiones y coches en
las carreteras isleñas, no puede aumentar siempre el número de contenedores que
se mueven, ni el de habitantes, ni el de turistas que llegan, y de los que no
se van, y el de casas, hoteles y campos de golf. Un estúpido es aquél que con
sus actos causa daño a los demás y a sí mismo, un ruin es quién obtiene
beneficios causando daño a los demás. ¿Estupidez o ruindad?
En Canarias
puede aumentar, y mucho, muchísimo, la superficie de tierras cultivadas, el
agua desalada con energías renovables -el mejor acumulador de electricidad
soñado- y puede aumentar sustancialmente el aprovechamiento de los residuos,
infinitamente puede crecer el número de nuestras empresas que gestionen los
servicios públicos que ahora llevan foráneas -¿Será esto nacionalismo radical,
Sr. Segura?- y podría aumentar, tal vez, la calidad de la educación, y de la
atención sanitaria, y tantas otras cosas que no se me ocurren. Muchas cosas se
pueden hacer para que no sea necesaria una autopista hacia el cielo. Que cada
uno vaya cuando le toque, y que no se formen colas.
*La falta de ortografía es sólo aparente.
Según García Márquez, lo importante es lo que se dice, no como se dice.