A
vueltas con el nacionalismo canario
Ramón
Moreno Castilla
A propósito del debate
sobre el futuro del nacionalismo canario celebrado en esta casa el pasado día
cuatro, reproducido por EL DÍA en su edición del siguiente domingo, día 6[1],
y en el que participamos Flora Marrero (CC), Paco García Talavera (PNC) y Pablo
de Luca (CEIC), quiero hacer algunas puntualizaciones al respecto, dado que en
el tiempo del que se dispuso (ese "dictador" de los medios de
comunicación) no fue posible ser más prolijo en la exposición, análisis y
argumentación de este tema, tan controvertido para algunos. A lo que hay que añadir,
diversas "opiniones" sobre el particular, vertidas en días
posteriores, y sendos artículos de Miguel Zerolo[2],
peso pesado de ATI, publicado en el periódico El Día el domingo pasado
[13-04-08], y otro de Juan-Manuel García Ramos[3],
presidente del PNC, que vio la luz el mismo día en el Diario de Avisos; y en
los que ambos propugnan, ahora, para Canarias la figura de Estado Libre
Asociado, una especie de híbrido político-jurídico que ya planteara Lorenzo
Olarte en su día para "asustar" a Madrid.
Debo empezar diciendo que todas las cuestiones que se están dilucidando
sobre el futuro "status" de nuestro Archipiélago nos conducen
indefectiblemente a la pregunta obligada: ¿qué ha impedido históricamente que
el pueblo canario haya estado unido como una piña para exigir sus derechos como
tal y ser protagonista de su futuro y dueño de su destino? Analizar detenida y
objetivamente esa casuística (lo que podría ser objeto de una meritoria tesis
doctoral con calificación "cum laude") requeriría, por otra parte,
un estudio interdisciplinar en los campos socio-económico, político, cultural
y otros, de la denigrante historia colonial de Canarias; cuya vertiente política
más reciente es lo que me interesa destacar ahora, para que se constaten las
enormes contradicciones que a diario siguen aflorando en este Archipiélago.
Porque, si bien es verdad que numerosos "ensayistas" se han
aproximado al tema tímidamente (el riesgo era evidente), no es menos cierto que
la falta de rigor de muchos de ellos a la hora de abordar el nacionalismo
canario -como la única opción política, sin "obediencia debida" que
canalizara las legítimas aspiraciones de este pueblo-, no contribuyó,
precisamente, a clarificar el panorama, y mucho menos a su difusión. De una
parte, por la ausencia total de pedagogía política, y, de otra, por el interés
malévolo de "clasificar" cínicamente al nacionalismo canario,
desvirtuando su propia esencia en dos "modalidades":
"nacionalismo independentista", lo que es una obviedad, y
"nacionalismo no independentista", lo que es una perversión semántica
del propio concepto, y que han dado lugar a que proliferen esas
descalificaciones españolistas de "nacionalismo excluyente",
"nacionalismo radical", "nacionalismo no constitucional" y
otras "boutades" por el estilo. Y que han contribuido, en gran medida,
a estigmatizar y demonizar a los independentistas "convictos" y
"confesos" que, pacífica y democráticamente, reivindicamos la
soberanía de nuestra tierra.
Autores que han ignorado sistemática y deliberadamente que
nacionalismo viene de nación, como su propio nombre indica (¡no de
"nacionalidad", insisto!), y la enorme dimensión antropológica de éste,
que como fuerza motriz está presente en los comportamientos humanos, cuando el
hombre se identifica con su tierra, sus gentes, su cultura y su historia;
componentes inequívocos e indisociables de las señas de identidad de un pueblo
que van conformando, como un sedimento aglutinador, la toma de "conciencia
nacional" de los habitantes de un territorio, por demás, conquistado por
la fuerza de las armas, en un sanguinario y cruento proceso de conquista y
colonización, como fue el caso flagrante de Canarias. Elementos identitarios
que confluyen en una suerte de "simbiosis" natural que ha estado
presente en los procesos emancipadores de todos los pueblos del mundo, y que en
Canarias cobra especial significación, por cuanto existe un evidente y anacrónico
"hecho colonial", que en modo alguno podemos soslayar. Habida cuenta
de nuestra decimonónica condición de enclave español en África, entelequia
político-jurídica que la legalidad internacional ya no contempla ni ampara hoy
en día, como he venido denunciando reiteradamente.
Por tanto, y en pura ortodoxia nacionalista, para ser considerado e
identificado como tal, es condición "sine qua non" el reconocimiento
expreso y explícito del "hecho colonial canario", como expresión
indeleble de toda acción política, cuya praxis nos lleva, irremisiblemente, a
reclamar y exigir la liberación de nuestra tierra, y establecer el
correspondiente calendario de descolonización con la metrópoli, España. Lo
que determinaría, sin duda alguna, la correcta Hoja de Ruta para Canarias, que
la clase política que se autoproclama "nacionalista" debe asumir de
una vez por todas, sin ninguna reticencia. Si no, ¿de qué nacionalismo estamos
hablando?
Vuelvo a insistir machaconamente en el hecho absolutamente incuestionable
de que Canarias ya ha dejado de ser un asunto de Derecho interno español, para
convertirse en una cuestión de Derecho Internacional, no sólo desde el mismo
momento en que Naciones Unidas, a través del Comité de Descolonización,
aprobara
Otra cosa es que España, consciente de que no podrá mantener por mucho
tiempo el actual "statu quo" de Canarias, y menos aún seguir
argumentando su "españolidad", impuesta mediante el periclitado
concepto de "soberanía política" (que colisiona de lleno con el
principio emergente de "localización geográfica" -población y
territorio- consagrado en el Derecho internacional contemporáneo), quiera
preservar sus espúreos intereses, que todos conocemos en qué consisten.
Así que, queridos compatriotas, ¿a qué vamos a seguir jugando, de ahora en adelante? A ver si nos aclaramos: ¡o se es "nacionalista español", que es lo que ha venido predominando en todo este tiempo, o se es "nacionalista canario", con todas las consecuencias! ¡Aquí ya no valen medias tintas, ni indefiniciones interesadas! ¡O se es una cosa, o se es otra! ¡Bien entendido que ambas posiciones son desde todo punto incompatibles, antagónicas e irreconciliables!